expresionismo abstracto

El Guggenheim hace sonar a ritmo de jazz obras de Pollock, Rothko o Still

El museo ofrece en Bilbao un concierto pictórico en el que fusiona la música con maestros del expresionismo abstracto

Maite Redondo - Sábado, 20 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Escenario instalado en la Plaza Nueva

Escenario instalado en la Plaza Nueva (J.M.M.)

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Escenario instalado en la Plaza Nueva

bilbao- En los cuadros de Jackson Pollock hay improvisación, espontaneidad, ritmo, magia, causalidad... Sus pinturas de gotas y manchas entremezcladas, de líneas interrumpidas y enmarañadas, su forma de lanzar la pintura contra el lienzo, de manera violenta y dinámica, suena a jazz, a notas y acordes, a pura improvisación.

El Guggenheim acoge las grandes obras de los maestros estadounidenses del expresionismo abstracto que marcaron el arte de posguerra. Entre las 130 obras que presenta la muestra hay cuadros y esculturas de los más conocidos maestros de la abstracción, entre los que se encuentran, además de Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, Barnett Newman, Clyfford Still o Hedda Sterne.

Fueron artistas que protagonizaron un giro radical y una etapa de nuevo esplendor de la pintura en el Nueva York de la década de 1940, que rompieron con los convencionalismos anteriores, como lo hizo también en Nueva York en esa misma década un nuevo género musical, el jazz, que pronto cautivó a los maestros del expresionismo. “Si alguien piensa en el Expresionismo abstracto y en la banda sonora que pondría a este movimiento, sin duda, sería el jazz. Muchos de los artistas eran unos grandes enamorados de este nuevo género musical, asiduos a clubs como el de Eddie Condon o al Five Spot de Nueva York. Sabemos que Pollock tenía una fonoteca con más de 150 discos dedicados al jazz. De hecho, consideraba que, además del Expresionismo abstracto, el jazz era la única cosa innovadora que había creado Estados Unidos en su historia. Existe la leyenda de que Pollock pintaba sus obras mientras escuchaba esta música de fondo, pero no pudo ser así ya que hasta 1953 no tuvo electricidad en su estudio de trabajo. Lo que sí es verdad es que podía pasarse tres días escuchando jazz, noche y día, a un volumen muy alto”, explica Lucía Agirre, curator del Guggenheim y comisaria de la exposición Expresionismo abstracto.

salir a la calleEl Guggenheim fusionó jazz y pintura y ofreció ayer un concierto pictórico en la Plaza Nueva de Bilbao. El Museo sacó la exposición a la calle, y lo hizo también a ritmo de jazz. En una gran pantalla situada en un escenario instalado para la ocasión, se proyectaron de forma aleatoria veinte obras de los maestros expresionistas, mientras el cuarteto The Deptones, del Conservatorio de Música de Iruñea, iba adaptando en vivo su ejecución en base a lo que les sugería cada una de las pinturas. Un concierto irrepetible porque lo que se vivió ahí fue pura improvisación.

En un homenaje a los años del Free Jazz en el Nueva York de la década de 1940, en la que artistas como Pollock, De Kooning, Rothko, Kline, Still o Gorky rompieron con las convenciones para inaugurar una nueva etapa en la pintura, los músicos y el público se dejaron llevar por los inmensos campos de color de Mark Rothko, el vigoroso caos de Jackson Pollock o las tonalidades mediterráneas de Villa Borghese de Willem De Kooning, entre otras muchas obras.

Con esta acción el Guggenheim Bilbao quiso acercar a la ciudadanía una exposición irrepetible, y lo hizo a través de una música libre que, al igual que los pintores expresionistas, no siguió una fórmula fija.

La exposición Expresionismo abstracto, que reúne 130 cuadros, esculturas y fotografías de 33 creadores vinculados o influenciados por este movimiento de las artes plásticas, permanecerá abierta en las salas de la planta segunda del museo bilbaino hasta el próximo 4 de junio.A través de la muestra, el público puede conocer la obra de un grupo de artistas que, en los años del free jazz y la poesía de la generación beat, con la Segunda Guerra Mundial como telón de fondo, rompieron con las convenciones establecidas para dar lugar a un movimiento que nació de una experiencia artística y vital común en el que, sin embargo, cada uno de ellos tuvo su propio estilo.

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