gigantesca red por todo el Estado

Los vigías de la lluvia

Nueve vizcainos forman parte de la red de voluntarios que recogen cada día datos climatológicos para Aemet

Aitziber Atxutegi - Sábado, 20 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Medición del agua en Lanestosa

Medición del agua en Lanestosa (Borja Guerrero)

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Medición del agua en Lanestosa

BILBAO- Luzca el sol o granice, sea jueves o domingo, nueve vizcainos se levantan cada mañana casi con el sol para comprobar la temperatura máxima y mínima del día, y ver cuánto ha llovido. Y lo hacen de forma voluntaria. Son parte de una gigantesca red que la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) tiene en todo el Estado y cuyos datos son esenciales para el estudio del clima. “Realizan una aportación impagable a la ciencia, que nunca se les podrá agradecer lo suficiente”, afirma su delegada en Euskadi, Margarita Martín.

Esta malla la creó en 1911 el entonces Instituto Central Meteorológico, para ampliar la red profesional de observación. Más de 800 ciudadanos respondieron a la solicitud de colaboración y al poco tiempo había más de 400 estaciones funcionando. A Euskadi llegó dos años después. De apenas medio centenar de observatorios que había a principios de siglo, se pasó a más de 5.700 en 1976;más del 98% de ellos estaba mantenido por colaboradores. Los datos que se recogen en ellos se envían al Banco de Datos Climatológicos, que permite conocer los valores normales de cada localidad, “un tesoro de la ciencia, poco apreciado y poco conocido”, destaca la delegada de Aemet. “Para catalogar las rarezas del clima es fundamental una serie de datos muy larga, tomados de la misma manera, en el mismo sitio y sin cambios en el entorno natural. Los observatorios de capitales de provincia o aeropuertos han sufrido muchas intervenciones por urbanización del entorno, lo que introduce una tendencia en los datos que no está causada por el clima, sino por la intervención humana”.

En Bizkaia, Aemet dispone de 19 estaciones meteorológicas. Una decena de ellas son automáticas pero en las restantes -situadas en Markina, Lekeitio, Bakio, Getxo (2), Abadiño (2), Derio y Lanestosa- las mediciones se realizan de forma manual. Es decir, que es necesario que una persona compruebe la temperatura máxima y mínima que ha registrado el termómetro, o mida la cantidad de agua caída en las últimas 24 horas, y envíe los datos a la Agencia de Meteorología. Esta forma de registro, más primitiva a priori, es también la más fiable. “Para establecer valores climatológicos normales y poder calificar de anormal algún evento es fundamental que los datos se tomen siempre en el mismo sitio, a la misma hora y con los mismos instrumentos”, explica la delegada de Aemet en Euskadi. Los instrumentos que utilizan los voluntarios -termómetros, pluviómetros y las garitas que los protegen-, facilitados por la Agencia de Meteorología, son exactamente iguales a los de 1913, cuando se armonizaron para todo el planeta.

Los termómetros electrónicos de hoy en día son distintos a los de los años 80 y a los de los 90;se componente de una aleación de dos metales, cuya proporción no es siempre igual. “En las sondas electrónicas, la dilatación del hilo de aleación metálica se convierte en dígitos a través de una tarjeta transformadora, que se puede cambiar por otra más moderna, y da resultados numéricos diferentes. Donde tenemos estación manual y automática en el mismo lugar observamos una diferencia notable entre los datos de una y otra. Se introduce un error instrumental que puede ser mayor que la tendencia climatológica, por lo que el dato queda cuestionado”, destaca Martín.

Álvaro Basterra, capitán del puerto del Club Marítimo del Abra, conoció la red de voluntarios de forma absolutamente casual. “En 2014 se celebró aquí el Día Mundial de la Meteorología. La delegada de Aemet nos comentó que había pocos voluntarios y le dije que yo estaba dispuesto a echar una mano”, relata este “forofo” de la meteorología, que se encarga de los registros de un pluviómetro. “Estamos aquí todo el día y no nos cuesta mucho hacerlo. Es una continuación de un sistema que comenzó hace más de un siglo y que intentamos que se perpetúe. Las series climatológicas son muy importantes”.

Aunque no es una tarea complicada, el trabajo que realizan estos voluntarios requiere de sacrificio y constancia: solo lleva diez minutos, pero todos los días hay que medir con una probeta, entre las siete y las nueve de la mañana, el agua de lluvia recogida en el bote de plástico, además de hacer constar en una ficha la presencia de meteoros -nieve, granizo, tormenta, niebla, lluvia...- e intentar descifrar la dirección dominante del viento, “que a veces es complicado”, reconoce el responsable de la estación de El Abra. En las estaciones que tienen también termómetro se mide la temperatura de ese momento, la máxima del día anterior y la mínima del día en curso. “Se necesita constancia y afición. A la persona colaboradora tiene que gustarle”, elogia la delegada. “Es tan científico como quien los analiza en su despacho porque contribuye, de forma altruista, a la ciencia”. Aunque el envío de los datos ya se puede hacer por Internet, algunos voluntarios como Álvaro siguen todavía muy apegados al tradicional sistema de tarjetas, en la que se apunta la información y se manda a final de cada mes a la Delegación Territorial en Euskadi, ubicada en Donostia.

Con los años, esta red, que en Euskadi cuenta con 95 voluntarios -unos 3.000 en todo el Estado-, ha ido perdiendo miembros. Quizá no tanto por desinterés o por que sea una actividad altruista, sino sobre todo por el cambio de hábitos de los ciudadanos. Durante gran parte del siglo pasado, la movilidad de la población era muy reducida;los voluntarios vivían y trabajaban generalmente en el mismo lugar. Actualmente, son muchas las personas que trabajan a varios kilómetros de su residencia, y son más frecuentes los viajes de fin de semana y por vacaciones. “Para que los datos tengan validez hay que medirlos todos los días y hacer eso hoy en día es difícil”, reconoce Basterra. El relevo generacional se complica y por eso ahora se buscan nuevos perfiles. “Por ejemplo, los clubes de golf están interesados en la medida de la lluvia y los centros de interpretación de la naturaleza ofrecen la observación meteorológica en su carta de servicios. También estamos interesados en introducirla en residencias de personas discapacitadas y mayores. Es una forma de integrarlas en la sociedad y de que hagan una aportación impagable a la ciencia”, finaliza Margarita Martín.

Desde 1911

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