El sacacorchos

Robar a los dioses para nada

Por Jon Mujika - Martes, 16 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Columnista Jon Mujika

Jon Mujika

Galería Noticia

Columnista Jon Mujika

EN la mitología griega, Prometeo es el Titán amigo de los mortales, honrado por robar el fuego de los dioses en el tallo de una cañaheja y dárselo a los hombres. Semejante hazaña, que llenó a Prometeo de mil y un castigos divinos, cayó en saco roto. No en vano, aquí cerca, en un pueblo del norte llamado Bermeo, un puñado de hombres y mujeres niegan su propiedad. El fuego que devastó un área concreta del municipio no es de nadie, es un fuego sin patria potestad, un puñado de llamas que devastaron varios edificios y sembraron el miedo con su progresión voraz.

Dirá el lector más avisado que poco importa la mano que lo trajo a las costas pero ese es duelo que se libra en los tribunales estos días, con las compañías aseguradoras (hasta siete distintas...) desenfundando sus pistolasjurídicas para recuperar lo que ya pagaron como indemnización. Es algo asombroso: en medio de la desgracia siempre florecen algunos brotes. De aprovechados, de necesitados, de quienes reclaman sus justos derechos y de quienes defienden sus torcidas intenciones. Malas hierbas y flores entre la ceniza, según se mire y quién lo haga.

¿Cuál fue, entonces, el origen del fuego?, se preguntan los jueces. Con tanto escuchar el “yo no he sido, yo no he sido” acabarán por llamar a declarar al homo erectus, primera especie humana que ya conocía el fuego desde hace 1.600.000 años y su uso intencionado mediante el frotamiento de un palo con madera seca. Sería fabuloso declararle a él culpable. La bomba.

De momento han ido a juicio quienes consideran que han pagado demasiado por aquel incendio y quienes entienden que no hay dinero suficiente para tanta pérdida y aquella otra ganancia terrible: el miedo que pasaron. Las declaraciones suenan a una guerra de las proporciones que, dicho así, a palo seco, tiene un aire grosero y un punto cochinillo según quien lo lea, que en todos los rincones de todos los pueblos existe una comuna de malpensantes.

Lo peor que tienen los juicios, sean de la catadura que sean, es la recreación del delito que se juzga. La recreación oral, quiero decir. Para muchos testigos -por desgracia hablo por experiencia propia de tiempo ha...- supone una condena recrear lo vivido, aunque solo sea de palabra. Una dura putada que la ley, atenta a la prueba pericial y al relato de los sucesos, rara vez tiene en consideración. Igual es la única manera.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120