Oinatz el terrible

Bengoetxea VI se mete en la final del Manomanista, cimentando desde el saque el triunfo ante un urruti desconocido. El leitzarra afrontará su tercera pelea seguida por un título

Igor G. Vico - Domingo, 14 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 08:48h

Oinatz Bengoetxea celebra con rabia un tanto ante un cabizbajo Urrutikoetxea.

Oinatz Bengoetxea celebra con rabia un tanto ante un cabizbajo Urrutikoetxea. (IÑAKI PORTO)

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Oinatz Bengoetxea celebra con rabia un tanto ante un cabizbajo Urrutikoetxea.

Duración: 45:57 minutos de juego.

Saques: 6 de Bengoetxea VI (tantos 5, 6, 7, 9, 15 y 20).

Pelotazos: 199 pelotazos en juego.

Tantos en juego: 9 de Bengoetxea VI y 6 de Urrutikoetxea.

Errores: 2 de Bengoetxea VI y 7 de Urrutikoetxea.

Marcador: 0-1, 1-1, 12-2, 13-2, 17-3, 18-5, 18-6, 19-7, 20-8, 21-8 y 22-8.

Botilleros: Ejercieron de botilleros Arkaitz Bengoetxea (con su hermano Oinatz) y Inhar Jaka (con Mikel Urrutikoetxea).

Apuestas: Se cantaron de salida posturas de 100 a 70 a favor de Urrutikoetxea.

Incidencias: Partido correspondiente a las semifinales del Campeonato Manomanista de Primera de la LEP.M disputado en el frontón Labrit de Iruñea. Lleno.

BILBAO- El tarro de las esencias de Oinatz Bengoetxea se destapó hace dos semanas, cuando los cuartos de final pedían carne de favoritos en el albero. Entonces, en el Labrit de Iruñea, el manista de Leitza superó a Aimar Olaizola con amplitud, rompiendo sus esquemas con un gran inicio y aprovechando los momentos de duda del de Goizueta. El compás de Oinatz trazó la circunferencia completa. Cuadró el partido de principio a fin. Fue un golpe en la mesa ante uno de los contrincantes que peor se le daban como duelista. El veterano Olaizola II, incómodo, inerme, solo pudo rendirse a la evidencia del leitzarra, mejor en todas las facetas: desde los cimientos hasta el tejado.

Contra Mikel Urrutikoetxea volvió a destapar el tarro. Volvió a sujetar desde los primeros compases el partido en su terreno. El navarro tumbó a uno de los favoritos a todo, en gran momento físico y de juego, al que se le asomaron todos los fantasmas en una tacada mortal de inicio -del 0-1 al 12-1- que le dejó nervioso y agarrotado. Varado Mikel en la disputa, Bengoetxea VI se transformó en terrible. Fue Neptuno en la tormenta perfecta. Fue el beneficiado del toque de varita propia y la falta de clarividencia del rival. Y es que, el campeón de Zaratamo se vio asaeteado por un pelotari que supo moldear el triunfo desde el primer golpe: pegadito por la pared, complicado para el restador de aire. Un ariete para Oinatz. Una tortura para Urrutikoetxea. Con esa premisa, a Mikel se le puso el Labrit muy cuesta arriba, la tensión se le tradujo en un antebrazo -el derecho- duro como una piedra y en el pulgar crepitante. El luminoso se disparó. En definitiva, un guion inopinado de inicio;un mordisco al Manomanista. Oinatz aspira a todo.

Ocurre que, además de todo eso, Bengoetxea VI se encuentra en un instante de vino y rosas, que contrarresta con todo el camino recorrido. En el retrovisor: dudas, desconfianza de la empresa y malos momentos en verano. En el retrovisor: la resurrección del Cuatro y Medio con txapela incluida. En el retrovisor: un aquí estoy yo. En el retrovisor: ser lucha y guía con Larunbe en el Parejas hasta la final, en la que fue el mejor. En el salpicadero: el almanaque marcado con el 28 de mayo. En el GPS: la dirección señalada hacia el frontón Bizkaia de Bilbao.

Así, el navarro sumará su tercer envite por una título de modo consecutivo y asoma como relevista de Aimar Olaizola, al que tumbó de modo brillante en cuartos de final, y Juan Martínez de Irujo en su pose de aspirante a todo, junto a Urrutikoetxea, al que derrotó ayer en‘a Bombonera. Solo falta que conozca a su rival, pero se repetirá el enfrentamiento de la final del Parejas.

El leitzarra asomó con duende en el Labrit, enchufado y sereno. Se marcó una semifinal de chistera y varita, en la que, tal fue su confianza, llegó a sumar un gancho del cinco y medio imposible, que dejó clavado a Urrutikoetxea. Fue el 13-2. Genio. Magia. No obstante, tal es el capricho del tiempo que el primer golpe lo dio el vizcaino, con un buen tanto peloteado en el que encontró el hueco en la potencia de su mano derecha. Castigó con un buruzgain a su contrincante.

se abre la brechaDespués, otro capricho: Oinatz sumó el empate con un resto con suerte que besó pared a un centímetro de chapa. ¿Casualidades, suerte o duende? Dicen que los audaces nunca creen en la fortuna. Así las cosas, Bengoetxea encontró el camino con una tajada que dejó a Urrutikoetxea noqueado. Un gancho del leitzarra y un yerro de Mikel supusieron la primera brecha, que se amplió a terreno desconocido con el saque (3-1).

Fue en ese tramo cuando se generó la brecha suficiente para que Urrutikoetxea perdiera el partido y su contrincante se viniera hacia arriba. Bengoetxea VI supo disparar primero, arrimando el cuero y poniendo en problemas a un gran restador como Mikel, al que se le atragantó esa suerte. El vizcaino encajó seis saques en toda la eliminatoria, demasiados para un manista de su perfil, cuya virtud en el resto es evidente. El punto de mira favoreció al brillante de Leitza, quien sumó un saque-remate con una buena dejada al txoko y amplió la diferencia con tres saques ejecutados con escuadra y cartabón. Perfectos. De ellos nacieron el triunfo y la comodidad. De ellos nacieron los problemas de Urrutikoetxea en la liza, los vaivenes y la derrota final. Porque, la brújula se le rompió con la distancia al vizcaino, no encontró el norte, el guion de músculo se le quebró y la pelea a contracorriente, lleno de disparos en el ala, se convirtió en una misión imposible.

Del 7-1 en adelante, Bengoetxea VI se encontró con un escenario favorable en el que no perdió pie ni dio un tanto por perdido. El leitzarra redondeó la tacada con otros cinco tantos más que le llevaron -incluido otro saque, el 9-1- al primer descanso largo en un paisaje de abismo entre los dos manistas. Además, en los instantes de peloteo, Urrutikoetxea, más largo, dotado de mayor caballaje, fue incapaz de superar el sotamano de su adversario y la gran defensa de aire. Urrutikoetxea no gozó y se notó.

La segunda mitad de la semifinal fue por los mismos derroteros y mostró dos caras bien distintas. La tendencia no cambió. A Oinatz le salió prácticamente todo y solamente erró en un exceso de vista (12-2) y en una defensa (18-6). El resto lo hizo impecable.

El primer fallo de Bengoetxea parecía que podría dar oxígeno al vizcaino, quien optó por una propuesta de golpe más que de riesgo. En el vaivén, Oinatz se sacó un gancho desde el cinco y medio y frenó la revuelta. Otra vez, el saque fue su arma: dos saque-remates y un saque directo. Y el más difícil todavía: 17-2.

Después, apenas hubo más que maquillaje por parte de un Urrutikoetxea desconocido y superado en todas las facetas hasta el 22-8. No le salió la pelota de la mano y quedó expuesto al gran estado de forma de su contrincante, finalista con holgura y poso. Terrible lo de Oinatz.

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