otra conductora ebria arrolla a seis bicis

“El riesgo, el casi accidente, es constante”

El atropello mortal de Valencia o el de Tarragona han caído “como una bomba” entre los ciclistas vizcainos, que se han movilizado esta semana, mientras Bilbao abordaba la siniestralidad del colectivo en el Consejo Superior de Tráfico

Arantza Rodríguez - Domingo, 14 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 08:46h

Ibon Ortiz de Zárate, que circula en la imagen junto a la ciclista Amaia Lartitegi en Zamudio, estuvo medio año sin andar en bici tras encontrarse a un camión de frente al salir de un polígono, un incidente que, dice, “casi me costó la vida”. Foto: Borja

Ibon Ortiz de Zárate, que circula en la imagen junto a la ciclista Amaia Lartitegi en Zamudio, estuvo medio año sin andar en bici tras encontrarse a un camión de frente al salir de un polígono, un incidente que, dice, “casi me costó la vida”. Foto: Borja Guerrero

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Ibon Ortiz de Zárate, que circula en la imagen junto a la ciclista Amaia Lartitegi en Zamudio, estuvo medio año sin andar en bici tras encontrarse a un camión de frente al salir de un polígono, un incidente que, dice, “casi me costó la vida”. Foto: Borja

Bilbao- Salía pedaleando de un polígono en Durango y por poco es lo último que hace. “Un camión quiso meterse, por no esperar la caravana que había, y me lo encontré de frente. Casualidad que cada uno giró para un lado. Si no, tú me dirás... Casi me costó la vida. Estuve medio año sin tocar la bici”, cuenta Ibon Ortiz de Zárate, presidente de un club de mountain bike. El suyo no es un caso aislado. A menudo los aficionados se juegan el tipo. “El riesgo, el casi accidente, es constante”, confirma Carmelo Bizkarra, portavoz de otro club ciclista. Los sustos a veces se tornan en atropellos mortales, como el registrado recientemente en Valencia con tres fallecidos o, sin ir más lejos, el de ayer mismo en Tarragona, donde una conductora novata con una tasa de alcohol de 0,61 mg/l arrolló a seis ciclistas, dejando a uno de ellos con heridas de gravedad y a otros dos con lesiones leves. Por ello, para reclamar más seguridad en las carreteras, la asociación Biziz Bizi ha pedaleado esta semana 48 horas seguidas por el puente de Deusto. Y con idéntico propósito el edil bilbaino de Movilidad, Alfonso Gil, ha acudido a Madrid a la reunión de Seguridad de la circulación de ciclistas, creado en el Consejo Superior de Tráfico. La cita tenía como objetivo analizar la siniestralidad de los usuarios de bicicletas, el marco normativo y realizar propuestas al respecto. Gil destacó la importancia de trabajar para “fijar un marco legislativo que dé seguridad a las instituciones y, sobre todo, a aquel que sale en bicicleta, ya que actualmente no tiene una reglamentación específica de ámbito estatal”.

“Bizkaia es peligrosa por la densidad de tráfico”

A Agustín Ruiz Larringan, presidente de la Federación vizcaina de Ciclismo, no le consta que el año pasado hubiera ningún accidente mortal en Bizkaia. Sin embargo, advierte de que “es un territorio peligroso para circular en bici por la gran densidad de tráfico existente, aunque afortunadamente los conductores están cada día más concienciados y respetan mejor que hace unos años”, valora.

Del brutal atropello de Valencia, causado por una conductora con el carné retirado y bajo la supuesta influencia de las drogas y el alcohol, realiza “una valoración muy negativa”, máxime cuando el pasado “30 de abril, otro vehículo conducido por una persona en estado de embriaguez se llevó por delante la vida de un ciclista de 34 años”. No son puras coincidencias. De hecho, dice que los responsables de los accidentes “son habitualmente personas que conducen bajo los efectos de las drogas, incluyendo el alcohol como una de las más fatales”. En este sentido, pide firmeza a la hora de sancionar. “La Policía detiene, pero los jueces tienen que ser mucho más rigurosos, y si la ley no castiga lo suficiente, habrá que cambiarla”, plantea.

Puestos a analizar las causas de los siniestros que tumban a los ciclistas sobre el asfalto, insta a buscarlas “en la escasa importancia que se le otorga al hecho de tener un carné de conducir, que no es una simple tarjeta de compra o un bono de bus. Es una autorización que te capacita para manejar una máquina que puede resultar letal”, subraya. Tras dejar constancia de que “a los conductores maleducados les molestan los ciclistas en la carretera”, cita como las principales imprudencias que cometen “los adelantamientos inadecuados y antirreglamentarios”.

Las maniobras más peligrosas que llevan a cabo quienes viajan sobre dos ruedas son, según explica, saltarse los semáforos o invadir el carril contrario. “Los ciclistas maleducados actúan generalmente en grupo borreguil sin darse cuenta de que quienes más tienen que perder son ellos’”, advierte. Para evitar accidentes, les aconseja salir en grupo, “pero sin comportarse como un rebaño de ovejas”. “Son más respetados cuando viajan con otros compañeros, aunque tampoco ellos deben de perder el respeto a los automóviles al verse favorecidos por esta circunstancia. Deben circular respetando las normas, e incluso facilitando las maniobras de los coches a la hora de adelantarles”, recuerda.

“El problema es el poco respeto entre las partes”

Dice Carmelo Bizkarra, portavoz de Erandioko Txirrindulari Elkartea, que la noticia de los ciclistas arrollados en Valencia “ha caído como una bomba” entre los aficionados. “Este es el síntoma de una enfermedad. Siempre que es mucha gente o famosos, como Froome, los medios se hacen eco, pero el problema en la carretera es el día a día, los cicloturistas, la gente que anda por la ciudad y el poco respeto que nos tenemos entre las partes. Hay que fomentar el respeto para arreglar esto. Si no, irá a más”, aventura.

Enfundarse el maillot, echarse a la carretera y sufrir un sobresalto es prácticamente todo uno. “El riesgo, el casi accidente, es constante. Los coches nos pasan a 30 o 40 centímetros, nos provocan, nos agobian. Nos sentimos estresados”, denuncia. En ocasiones, el susto termina en el hospital. “Por suerte no hemos tenido ningún accidente mortal, pero sí roturas de huesos. Alguno incluso ha tenido dos accidentes, uno de ellos un atropello de frente”, detalla. Con todo, no rehuye la autocrítica. “Hay ciclistas que se saltan los semáforos, los pasos de cebra y cometen infracciones. Todos los colectivos las cometen y las policías están para multarlos y para corregirlo”, defiende, y añade que, eso sí, “la pena tiene que ser acorde al delito”.

Ante la inseguridad que sufren, su club no se ha quedado de brazos cruzados. De hecho, presentó en Juntas Generales una propuesta para pintar una línea roja en las carreteras que señalice el metro y medio que debe separar a ciclista y automóvil en los adelantamientos. “Lo planteamos como una ayuda a los conductores para que sepan cuál es la distancia mínima, que hoy en día no lo saben”, señala, y aclara que su objetivo no es otro que “compartir la carretera”. Aunque varios informes desaconsejan ponerla en marcha por “problemas técnicos y de legislación”, Bizkarra, uno de los encargados de exponerla, insta a mirar a países como Francia. “En Las Landas hay carreteras de uso compartido por bicicletas, donde está pintada la raya de blanco, y no parece que hay demasiados conflictos. Incluso en Navarra hay carreteras que comparten la calzada con tractores”, pone como ejemplos.

“El coche es primordial y el ciclista, un estorbo”

“Alerta tienes que estar siempre. Te va la vida en ello. Al final somos carne de cañón cuando salimos a la carretera”, dice Ibon Ortiz de Zárate, presidente de Unión Ciclista Erandio. Y lo hace con conocimiento de causa, tras amortiguar una vez un golpe cayéndose encima de un capó y romperse, en otra ocasión, los ligamentos al ser derribado por un coche que le adelantó en pleno cruce. “Vas escuchando todos los ruidos porque no tienes retrovisor y no sabes quién te puede embestir. Te ocurren tantas cosas...”, suspira.

Por ejemplo, que en una caravana los coches les bloqueen el paso. “Muchos no saben que podemos adelantar por el arcén y se meten para no dejarte. ¿Prefieres atropellarme antes de que pase? ¿En qué cabeza cabe? No se dan cuenta de que la única protección del ciclista es su cuerpo”, censura y asegura que “siempre vas a tener, si no una bronca, cualquier cosa. La gente no tiene conciencia del ciclismo en este país. El coche es lo primordial y el ciclista, un estorbo”, protesta.

Otras veces se encuentran a un vehículo a 100 kilómetros por hora de frente. “Imagínate el pánico que te puede entrar en ese momento. Te tienes que tirar al otro lado”, explica. O se topan en una rotonda con un conductor de los de paso que arraso. “Te bajan la ventanilla y alguna vez casi hasta llegan a las manos. Es que tú te tienes que apartar. ¿Pero por qué me tengo que apartar si soy un vehículo igual que tú?”, recrea.

Él, que es de los que respetan religiosamente los semáforos, también ve a colegas de afición que hacen de su capa un sayo. “El otro día iban tres ciclistas en paralelo ocupando todo el carril y me tuve casi que meter en el contrario para adelantarlos. Hay muchos ciclistas que no se dan cuenta de que ponen en peligro su vida”.

“Después de un susto lo noto en el pulsómetro”

A sus 16 años, Amaia Lartitegi ya ha tenido que echarse a la cuneta al encontrarse en una curva a un coche de frente. “Nunca me ha pasado nada, pero tienes que ir con mil ojos”, asegura esta joven de Busturia, que no suele salir a andar en bici sola porque a su madre “no le hace gracia”. “Siempre hay algún coche que te adelanta muy pegado o muy rápido. Suelo llevar el pulsómetro y sí noto que por el susto me suben las pulsaciones y luego estoy nerviosa. Alguna vez un conocido me toca la bocina y, como voy en alerta, me pego un susto”, confiesa.

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