Alberto Santana historiador

“Los bocineros son los primeros funcionarios de la Diputación Foral”

Alberto Santana relata la procedencia de los montes bocineros, una tradición que nació a finales del siglo XIX gracias a Antonio de Trueba y no en la Edad Media

Una entrevista de Aritz Erdaide Fotografía de José Mari Martínez - Sábado, 13 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Alberto Santana.

Alberto Santana. (DEIA)

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Alberto Santana.

Bermeo- Alberto Santana arroja luz sobre el origen de la tradición que se celebrará mañana en el monte Sollube, recordando la figura del bocinero y destacando la importancia de las Juntas Generales.

¿De dónde viene la tradición de los Montes Bocineros?

-La de los Montes Bocineros es una tradición reciente. Se creó a finales del siglo XIX y se los inventó Antonio de Trueba, que era el cronista de Bizkaia en aquella época. Proviene de una tradición romántica, no se remontan a la Edad Media, ni a la convocatoria de Juntas Generales, es una tradición nueva. Es un poco desmitificador lo que cuento, pero es la realidad histórica. Sin embargo, lo que si son antiguas son las personas bocineras de las épocas medievales.

Es una tradición romántica por tanto.

-Nadie se subía al monte para llamar mediante cuernos. Nadie lo ha hecho hasta que hemos empezado en el siglo XX. Es una costumbre que está cogiendo arraigo y es bonito, pero no se remonta a nuestra historia antigua. Los bocineros eran como los maceros o los ujieres que están a la entrada de las juntas. Ellos estaban en Gernika y cuando iba a empezar la asamblea, llamaban a junta, daban inicio y cerraban las puertas. Antonio de Trueba es el que designa los nombres de los montes que a él le parecía que podían ser los bocineros.

¿De dónde surge el sentimiento romántico de la llamada a la Juntas?

-Eso es algo muy bonito porque las Juntas Generales de Bizkaia son muy importantes y una tradición medieval antiquísima. Es uno de los parlamentos más viejos que tenemos en Europa y es verdad que en ella estaban representadas personas de todos los pueblos y todas las comarcas de Bizkaia. Lo que pasa es que Antonio de Trueba fue parte del movimiento romántico de la época. Al relatar la historia le faltaban datos, por lo que miró entre los papeles viejos de las Juntas y en ellas sale escrito que en cada una de las convocatorias de las Juntas, tañidas las cinco bocinas y consintiendo en ellos todos los vizcainos se dio comienzo a la junta. Es una formula de 1452. Son textos muy ambiguos.

Antonio de Trueba hace una interpretación libre de aquellas referencias.

-Hace una interpretación de muchos textos de los inicios de todas las sesiones de juntas medievales que empezaban de una manera parecida. Antonio de Trueba lo convierte en novela y crea una obra bonita en la que se imagina que pueda haber más o menos un monte por cada comarca. Ahora, cuando hemos vuelto a la ruta de los montes bocineros, se puede comprobar que colocándote en Bermeo o en Busturia no se puede oír nada y habría que quemar un bosque entero para hacer que la llamada fuese visible de alguna manera.

¿Entonces existieron los bocineros, pero no los Montes Bocineros?

-Lo bonito es rescatar a la figura y el personaje del bocinero, que sí existió. Era un funcionario de la Diputación y de las juntas. Su función era la misma que tienen ahora los ujieres y los ordenanzas. Ellos tocaban la bocina, no sabemos si era de cuerno o metálica, hay dudas en ese aspecto, pero sabemos que los nombraban los merinos de cada merindad. Era un oficio familiar, que se ejercía dentro de una misma familia, en el mismo caserío. Los bocineros son los primeros funcionarios de la Diputación Foral de Bizkaia. Además, es algo que lo dice expresamente el Fuero de Bizkaia. Manda que los bocineros los pongan los merinos, cada uno en su merindad y que vengan siempre de los lugares acostumbrados. Y si pasara que en el caserío de donde tenían que venir no hubiese ninguno disponible, se pedían que fuera alguno del mismo barrio o de la misma zona.

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