Divorcios, servicios sin factura y despidos de trabajadores

La tipología de los casos denunciados por parte de la ciudadanía es muy amplia y variada

A. Atxutegi - Viernes, 12 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Dos personas, en las oficinas de la Hacienda foral.

Dos personas, en las oficinas de la Hacienda foral. (Oskar Martínez)

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Dos personas, en las oficinas de la Hacienda foral.

Bilbao- La tipología de casos que se denuncia por parte de la ciudadanía es muy variada: arrendamientos no declarados, no entregar factura por la prestación de un servicio o la entrega de un bien, no querer entregar el modelo 10T por parte de una empresa, estar desarrollando una actividad económica sin licencia o amparo legal, no declarar servicios que se prestan en un domicilio... En otras ocasiones, se denuncian causas generales como que el denunciado hace ostentación de no tributar a Hacienda o porque lleva un nivel de vida que no concuerda con la apariencia formal de ingresos, que resultan más complicadas de investigar. “Hay denuncias con una base sólida, actividades concretas, pero también la que te cuentan de una mujer que siempre va estupenda a la parada del autobús, el marido trabaja en la misma empresa que el mío y a mí no me da para tanto”, relata, a modo de ejemplo, el subdirector de Inspección de Hacienda, Antonio Pérez.

Una de las denuncias que más se están incrementando en los últimos años es la ligada a la economía sumergida: alquileres no declarados de garajes y viviendas, personas que cosen en casa, que dan clases particulares... “Cada vez son más las personas que reciben un servicio y el prestador del mismo no le da factura”, relatada Pérez. En la mayoría de estos casos, el fraude que se destapa en este tipo de actuaciones es de escasa cuantía, aunque no se discriminan por esta razón;todas las denuncias que se reciben en Hacienda se comprueban y, si existe la posibilidad, se sigue adelante con la inspección o se procede a cobrar la cantidad adeudada. Sin embargo, los responsables de la Diputación sí destacan el efecto disuasorio que tienen este tipo de actuaciones entre personas que puedan estar realizando prácticas similares.

También es habitual que se dirijan a Hacienda trabajadores que han sido despedidos de sus empresas, “es una denuncia habitual”. En estos casos, además, los profesionales que han desarrollado su labor en los departamentos de Contabilidad y Administración tienen acceso a datos muy valiosos para investigar los posibles fraudes fiscales, aunque el problema es la procedencia de esta información. “Si se consigue de forma ilícita no podemos presentarla como prueba, y tenemos que recabarla nosotros. Al menos, en estos casos, ya sabes dónde mirar”, explica el subdirector de Inspección.

Algunas de estas denuncias llegan a Hacienda desde los juzgados, por ejemplo, en casos de divorcios. “Es habitual que en separaciones, alguna de las partes termine desvelando los ingresos no declarados, el patrimonio real... En estos casos, el juzgado nos remite el expediente para que lo investiguemos”, afirma Antonio Pérez. En otra ocasión, un profesional de un sector concreto de actividad denunció a varias empresas de la competencia. En Hacienda inspeccionaron tanto a los denunciados como al denunciante;finalmente, este último terminó siendo declarado culpable de un fraude fiscal.

A la vista de los casos, cabe preguntarse si la motivación para presentar este tipo de denuncias es realmente la conciencia social o un deseo de venganza contra la otra parte. Hacienda no tiene en cuenta la intencionalidad de la denuncia a la hora de investigar, aunque sí se muestra cauta en esos segundos casos. “Hay que contrastar bien para ver cuáles son rigurosas y nos van a aportar pruebas suficientes para iniciar un procedimiento administrativo”, admite el director de Hacienda, Aitor Soloeta.

Un último caso: hace unos años recibieron la llamada de unos vecinos que denunciaban movimientos extraños en una lonja. El propio Antonio Pérez acudió al lugar y descubrió un local con varios ordenadores, en los que se afanaban varios jóvenes. “Era una asociación de padres de niños sordomudos, que tenía todos los papeles en regla”, recuerda.

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