Behatokia

En torno al debate presupuestario

Por Josu Montalbán - Jueves, 11 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Columnista Josu Montalban

Galería Noticia

Columnista Josu Montalban

EL modo como el Gobierno de Mariano Rajoy ha superado las enmiendas a la totalidad presentadas a los Presupuestos Generales del Estado, ha generado comentarios, juicios laudatorios y críticas diversas que mueven a la reflexión. Prácticamente todos los grupos políticos con representación en el Congreso presentaron su enmienda a la totalidad. Incluso el PNV -que ha sido fundamental para evitar que dichas enmiendas progresaran- anunció que tenía la suya elaborada por si fuera oportuna y necesaria. Al fin, todas las enmiendas a la totalidad decayeron porque los votos que las apoyaron o las rechazaron fueron los mismos. El empate las hizo decaer, lo cual viene a corroborar que no se trata de los mejores presupuestos posibles, pero además pone sobre la mesa algo más, que hay escaños en el Congreso cuyo valor se multiplica por equis cuando son utilizados de modo preciso.

Eso es lo que ha pasado con los cinco escaños con que cuenta el PNV en la Cámara española. De modo que las contrapartidas obtenidas por el PNV, a cambio de sus votos, han sido calificadas en los medios de comunicación como “millonarias” o “multimillonarias”. Y lo han sido, claro está, porque en las cifras que se barajan en esos presupuestos cualquier consecución favorable se traduce en millones fácilmente. Así ha ocurrido, en épocas pasadas, cada vez que una de las dos grandes fuerzas políticas del ámbito nacional (PP o PSOE) han necesitado del amparo de fuerzas nacionalistas o regionalistas. ¿Es malo que esto ocurra? No lo sé, en todo caso es inevitable. Las fuerzas de ámbito nacional, salvo C’s, han puesto el grito en el cielo, e incluso C’s ha objetado que las concesiones al PNV han sido excesivas, tildando la liquidación del Cupo vasco de “cuponazo” en alusión al conocido premio de lotería.

Sin embargo, creo que no se ha hecho una lectura rigurosa de lo acontecido en el debate presupuestario. El hecho de que el PP pase por un momento tan delicado, acuciado por la corrupción, ha atrincherado al PNV, del mismo modo que ha facilitado a otras fuerzas políticas razones y sinrazones para criticar el acuerdo alcanzado y tacharle de “compraventa”.

De los entresijos del acuerdo cabe hacer algunas valoraciones. Las reducciones en el Cupo, que vienen siendo disputadas en el último decenio, son consecuencia de una negociación que, en esta ocasión, ha puesto todo tipo de facilidades en el lado de la mesa en que se sentaba el PNV. Sin embargo, de ahí a decir que se han hecho regalos va un abismo que, en todo caso, es preciso explicar con detalle. Las copiosas partidas que van a facilitar la llegada del TAV hasta nuestras tierras tampoco han de ser sobrevaloradas. ¿Alguien entiende acaso que el TAV llegara con tanta premura a Sevilla (primer tramo) y lo vaya a hacer con demasiado retraso al sur de Francia y Europa a través del País Vasco? ¿Y qué decir de la rebaja tarifaria de la electricidad en una Comunidad Autónoma en que la desertización industrial ha sido tan dramática en los últimos cuarenta años? ¿No es una medida tan lógica como justa y beneficiosa? El resto de las medidas acordadas tienen menos alcance y responden a acciones puntuales. En todo caso, no me caben dudas de que el PNV ha extremado sus exigencias, lo que ha reverdecido envidias y deseos no debidamente justificados.

Sí, hay también detalles que no hablan en favor de la actitud del PNV aunque, a mi entender, no sean fundamentales. No es razonable que el PNV haya evitado las fotografías con el presidente Rajoy. Ni lo es que justifique su acuerdo con el PP en la única razón de traer fondos para Euskadi y nada más. El PNV debe involucrarse en los asuntos que conciernen al Estado y que influyen en todos los españoles, toda vez que los vascos y las vascas somos españoles. Y no solo por eso, sino porque son muchos los votantes vascos, procedentes de la inmigración española del siglo pasado, que tienen raíces y familiares queridos en otros lugares de España. Lo bueno que pasa en España es bueno para nosotros, los vascos, del mismo modo que lo bueno que nos pase a los vascos ha de redundar en bondades para los demás. Igualmente, resulta algo pobre la puesta en escena del referido acuerdo, que solo contó con la imagen fotográfica del portavoz del PNV, Aitor Esteban, y la presencia en un segundo plano del portavoz del PP, Rafael Hernando. Si el acuerdo ha sido tan bueno, ¿por qué se rehúyen las imágenes de los protagonistas principales? ¿A qué se teme? Es verdad que las fotos junto al PP resultan comprometedoras en exceso, pero los hechos cantan, delatan, y el acuerdo presupuestario, leído en clave autonómica desde Euskadi, no es nada pernicioso.

Interpretado el acuerdo en clave democrática es evidente que es necesario. Los gobiernos y las instituciones públicas deben contar con presupuestos actualizados. Un presupuesto prorrogado sirve para salir del paso y resolver algunas eventualidades, pero no para dar solvencia a un gobierno, aparte de que supedita el debate político al hermetismo de los números y no a la dinámica de las ideas y de las necesidades de los ciudadanos, siempre cambiantes. En este sentido, el presupuesto que ha superado las enmiendas a la totalidad será mejor -tras las pertinentes modificaciones-, que cualquier presupuesto prorrogado de los que elaboró el PP, él solo, durante la última legislatura de mayoría absoluta. Quienes argumentan que ha sido una rendición ante el PNV podrían haber intentado modificar el presupuesto mediante la presentación de enmiendas parciales (aún lo pueden hacer), ahora que la imposibilidad de aplicar los rodillos propios de las mayorías absolutas abre la posibilidad de modificar acuerdos viejos, leyes y presupuestos antiguos y anticuados.

Llegados a este punto, quiero subrayar que no bastan las propuestas de los nacionalistas vascos y canarios para arreglar el presupuesto presentado por el PP. No es un buen presupuesto porque tiene lagunas importantes, porque ha sido confeccionado desde la altivez de la pírrica victoria del PP y no desde una lectura rigurosa y responsable de las necesidades ciudadanas. Los presupuestos, a pesar de ser un documento estructurado desde la economía, han de tener alma, y principios inmersos en las cifras, porque detrás de cada euro destinado a cualquier fin concreto hay personas que viven y sienten, que necesitan ser escuchadas y atendidas, que precisan protección y aliento en muchas ocasiones, que agradecen que las instituciones (sin alma) las tengan en cuenta. No es extraño, por tanto, que el gobierno haya salvado su presupuesto en el último instante de la pelea y, quizás, cediendo más de lo debido.

Ahora es el tiempo de mejorar los malos presupuestos. Se supone que los acuerdos pactados para evitar el éxito de las enmiendas a la totalidad no se conviertan en una muralla, en un valladar contra el que choquen todas las enmiendas parciales. Tal como está, el presupuesto no es bueno, no sirve. Ni siquiera a los vascos nos debe servir…

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120