El bombín roto

Condenada soledad

Por Jon Mujika - Jueves, 11 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 09:18h

Columnista Jon Mujika

Jon Mujika

Galería Noticia

Columnista Jon Mujika

NADA que ver con el estrafalario arquero Jorge Campos, que también jugaba de delantero y se caracterizaba por los ridículos colores que lucía en su camiseta;con la extravagancia de Giampiero Combi, leyenda de la Juventus, pese a que usaba un cinturón blanco con hebilla metálica, generando controversia en la época. Tampoco con Amadeo, Tarzán, Garrizo, quien fue definido en medios europeos como el mejor guardameta del siglo XX en Latinoamérica y quien la revista especializada El Gráfico, lo calificó como Un maestro sin época. Aquel guardavallas fue el primer portero en usar guantes, allá por 1952, y un avanzado en su oficio: fue el primero en salir de su área para participar en la defensa;pionero en lanzarse a los pies del contrario para arrebatarle el balón en un ataque y utilizar el saque de portería para iniciar un contraataque. Nada que ver, insisto, Gorka Iraizoz con esas historias. Y sin embargo...

No lució bajo la portería de San Mamés los colores arco iris en su camiseta ni cinturones con hebillas de plata. No ha sido un portero yeyé, vamos. Tampoco ha sido un Ché Guevara, un revolucionario en el fútbol. Durante los diez años en los que ha defendido la portería, Gorka Iraizoz se ha ganado un hueco en la librería donde duermen los tomos de Historia del Athletic. Salvo raras excepciones, ha vestido casi siempre de negro, como si quisiese pasar por los partidos como una sombra, sin aspavientos. Lejos de aspirar a convertirse en el héroe de la tarde, de la noche, su idea siempre ha parecido otro: conceder lo menos posible, ser uno más entre los once.

Es curioso porque si hay una posición en el fútbol instalada en la soledad es la de la portería. Y lejos de vivir este deporte como un lobo estepario, un depredador en soledad al acecho de su presa, Iraizoz ha hecho equipo cada una de sus tardes de fútbol, cada mañana de entrenos. Al conocerse que llega su última hora en el Athletic se lo hemos oído decir a sus compañeros. A Herrerín, a Ramiro, al propio Kepa: un gran compañero.

Quizás porque no nació con el don de las paradas imposibles -alguna que otra hubo, recuérdenlo...-, quizás porque tuvo noches negras -también las hubo, sí...-, su nombre rara vez ha sido coreado en tribunas y generales pero su legado ahí queda: el tercer portero más longevo bajo los arcos de San Mamés. Algo habrá tenido ese agua cuando la han bendecido tantos y tantos entrenadores en esta década.

7,32 metros de ancho por 2,44 metros de alto, esas han sido sus latitudes. Sin reflejos de gato (felinos, los llamaban los clásicos...) ni velocidad de rayo, Iraizoz se ha hecho un nombre con una cualidad oculta, la inteligencia a la hora de tomar decisiones, la intuición a la hora de adivinar el por dónde y el por qué. Así, con el arrojo de decidir siempre, llegaron los errores de cálculo y los hallazgos asombrosos. Ya lo dice la voz de la calle, el que tiene boca, se equivoca. Y Gorka Iraizoz, el portero que vistió de negro, rara vez se quedó mudo. Ahora, cuando tanto se ensalza a Kepa y su proyección hacia sombras mayúsculas como las de Iribar, basta con decir que Iraizoz ha mantenido viva la portería que hoy defiende otro.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120