250 kilómetros de travesía por el Sahara

El león del desierto

Carlos Gutiérrez ha completado 250 kilómetros de travesía por el Sahara

Quiere continuar la aventura en los desiertos de Atacama, Gobi y Antártida

Elixane Castresana - Martes, 9 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Miembro del club de montaña Ubietamendi, también participó en la expedición del Camino encartado.

Miembro del club de montaña Ubietamendi, también participó en la expedición del Camino encartado. (Foto: DEIA)

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Miembro del club de montaña Ubietamendi, también participó en la expedición del Camino encartado.


Zalla- Una mochila con todo lo necesario para afrontar la jornada, alimentación y agua que se ha racionado él mismo y fortaleza para resistir a las condiciones extremas. Son los medios con los que ha contado Carlos Gutiérrez en su aventura por el Sahara, la primera dentro de un desafío a gran escala por los cuatro mayores desiertos del mundo y que ya ha emprendido. Completados con éxito los 250 kilómetros en África, el deportista del club Ubietamendi de Zalla regresa exhausto por el esfuerzo, con la mochila repleta de vivencias y la satisfacción de haber contribuido a una causa solidaria.

Así, la marca de bebida que le patrocina donará cinco euros por cada kilómetro recorrido para ayudar a una región de Haití devastada por huracanes y terremotos. “Cáritas me habló de una iniciativa que busca prevenir enfermedades mediante una gestión adecuada del agua”. Una aliciente añadido que le empujaba a seguir en los momentos más duros, cuando las fuerzas flaqueaban. “Han sido siete días en total y una de las etapas constaba de 85 kilómetros, el equivalente a dos maratones, en la que se tardan entre 15 y 18 horas”, compara.

Experiencia le sobra para gestionar la exigencia física y psicológica. No en vano, Carlos Gutiérrez ha terminado tres veces la prueba Maratón des Sables, “de similares características”, formó parte de la expedición del Camino encartado, que recorrió los municipios de la comarca a través del monte en julio del año pasado y también corrió mil kilómetros para luchar contra la exclusión social.

En África ha cubierto “sobre seis horas diarias” de trayecto. Se preparó para ello intentando reproducir en la medida de sus posibilidades la atmósfera asfixiante que encontraría en el desierto, a más de 45 grados. “Seguí un calendario de entrenamiento planificado para alcanzar el mayor pico de forma durante la carrera. A medida que se acercaba la fecha traté de imitar las condiciones, llenando una mochila con paquetes de arroz de forma progresiva hasta obtener los diez kilos de peso de la mochila con la comida adaptada, botiquín y otros enseres”, relata.

“Compito contra mí mismo, contra los miedos... Yo solo contra el medio”, explica. Aunque, una vez sobre el terreno, siempre pueden sorprender visitantes inesperados. Por eso también metió en la maleta antídoto contra picaduras de escorpiones o culebras. O de algún susto de mayor envergadura. En uno de los tramos un coche de la organización avisó a los corredores de que tuvieran cuidado por la presencia de leones y hienas en los alrededores.

Ha dormido en los campamentos levantados para la prueba para confraternizar con el resto de deportistas, aunque tratando de retirarse pronto a dormir porque “en estas circunstancias importa descansar bien”. Las instalaciones incluían “un cibercafé que nos mantiene comunicados con el exterior”. De esta forma, pudo leer los mensajes de apoyo que le llegaron desde Enkarterri y Artziniega, donde reside. Todo un bálsamo para recuperarse de la fatiga con energías renovadas. “Claro que hay veces que me desmoralizo y mi voluntad se debilita. Entonces abro esos correos electrónicos que alimentan mi alma”, agradece. Además, sus familiares crearon la página web leondeldesierto.com, desde donde narraban el día a día de Carlos en el Sahara con fotografías y clasificaciones actualizadas de la prueba.

Otros tres capítulosEl trayecto por el Sáhara es solo el primer capítulo de un proyecto de cuatro desafíos. Detrás van Atacama, en Chile, “complicado, entre otras cosas, por la altura”;Gobi, en China, “que destaca por su extensión”, y la Antártida, “con un clima extremo y la dificultad añadida del hielo”. Un examen a la altura de muy pocos. De hecho, para tomar la salida en este último “se exige como requisito indispensable haber completado al menos dos de los anteriores”. No obstante, “no se exige hacerlo en un plazo determinado”, sino que cada deportista adecua el calendario a sus propias sensaciones.

De superar las cuatro pruebas, Carlos pasaría a formar parte de un selecto club al que solo pertenecen “aproximadamente treinta personas en todo el mundo”. Se ve con ilusión de cruzar el Atlántico para la línea de salida en Chile. Sin embargo, dependerá de la forma física y de disponer de recursos económicos para ponerse en marcha a la búsqueda de más retos.

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