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su pero versión de juego

El extraño apagón de luces del Athletic en Mendizorroza

En el mejor contexto imaginable para gestionar una cita clave, el Athletic regresó a su peor versión

José L. Artetxe - Martes, 9 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Gorka Iraizoz realiza una estirada durante el entrenamiento de ayer.

Gorka Iraizoz realiza una estirada durante el entrenamiento de ayer. (Foto: Borja Guerrero)

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Gorka Iraizoz realiza una estirada durante el entrenamiento de ayer.

Bilbao- En Mendizorrotza se vio a un Athletic con dos caras opuestas. La primera, en sintonía con las expectativas que el propio equipo venía alimentando desde marzo;una versión acorde a la dinámica que le había colocado en la posición soñada para certificar prácticamente la sexta plaza a falta de dos jornadas y seguir aspirando a la quinta. La segunda, tras el gol del Alavés, se sustanció en un derrumbe en toda regla que le abocó a la fatal derrota. Ese comportamiento de la segunda mitad recordó a actuaciones anteriores al inicio de la remontada en liga, especialmente lejos de Bilbao, pero resultaba impensable precisamente el domingo por el cúmulo de factores favorables que concurrían. Ni futbolistas ni entrenador supieron reaccionar ante la adversidad justo el día en que la mentalización se antojaba el arma más poderosa por los enormes beneficios que a efectos clasificatorios reportaba un buen resultado.

Siempre hay que contemplar cualquier desenlace en un partido de competición e indudablemente el Alavés no es una perita en dulce, posee contrastados argumentos para optar a la victoria. Sin embargo, admitida la posibilidad del revés, lo que cuesta entender es el apagón de luces que experimentó el Athletic con casi cuarenta minutos por delante para eludir la derrota. Es evidente que no asimiló el hecho de verse por detrás en el marcador, circunstancia en la que pesó que previamente mereció obtener una ventaja amplia. En la manifiesta debilidad psicológica detectada sin duda incidió el sentimiento de culpabilidad creado por el irritante desperdicio de oportunidades que precedió al 1-0. Admitiendo como normal que verse por detrás no era plato de gusto y que afectó al ánimo, causa extrañeza que prácticamente ningún rojiblanco superase el trance, lo que permitió al Alavés conservar la ventaja mínima si no con comodidad, con holgura.

El último derbi del calendario se había catalogado de cita clave de la temporada, con motivo. Los dos rivales directos habían pinchado, el Athletic llegaba impulsado por una inercia concretada en ocho triunfos en diez jornadas (solo había perdido ante Madrid y Villarreal) y un pleno en las cuatro más recientes. Las tendencias negativas que presidieron dos tercios de la campaña, léase el penoso balance a domicilio y, sobre todo, una imagen vulgar en demasiados partidos, aparecían plenamente superadas. Incluso se había desprendido de la mala costumbre de encajar el primer gol. En fin, que el equipo transmitía poderío y por tanto una convicción apabullante que encima expuso nítidamente durante 50 minutos. Y en ese contexto ideal, de repente todo se fue al garete, la fe y el repertorio se esfumaron.

SIN RESPUESTALa gestión de la única fase en que el Alavés se replegó voluntariamente y le cedió la iniciativa fue un compendio de errores. Se trataba de mover la pelota, abrir a banda y buscar remates, pero no se hizo. Un centro de De Marcos cabeceado por Aduriz fue el único remate en jugada. La importante baza de la estrategia fue estéril y acabó con Muniain como improvisado lanzador ante la ausencia de los mejor dotados para tal menester: Beñat, Iturraspe y Susaeta. Ninguno de los tres cambios de Valverde mejoró el rendimiento o alteró el pulso de un oponente que sí explotó a fondo las sustituciones e introdujo retoques útiles, empezando por el marcaje directo de Manu García a Beñat, el catalizador del juego en el primer tiempo.

En suma, que en un minuto el Athletic pletórico mutó en un conjunto sin brújula, sin recursos. Un gol bastó para que aflorase una versión muy pobre el día en que no podía fallar. Y no es fácil explicar un resbalón tan aparatoso y grave.

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