final de las obras del río Gobela

Inundaciones de 2009: “Mi hijo me decía: ¡Mami, mis juguetes!”

Itziar Fernández de Marticorena, que fue evacuada en zódiac por las inundaciones de 2008, recuerda aquella experiencia

Un reportaje de M. Hernández - Lunes, 8 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

SETENTA personas rescatadas de sus casas en lanchas por un asfalto invisible evocaban estampas catastróficas en Getxo. Solo había agua. El río Gobela se tragó coches y coches... y casi engulle hasta el polideportivo de Fadura. Garajes de Neguri Langile inundados, lonjas que se convirtieron en piscinas, comercios anegados... “En la zona de Chopos, en las VPO, no entró el agua dentro por quince centímetros”, rememora el concejal de Urbanismo, Joseba Arregi. Miedo, llanto, huida desesperada, rabia... El desbordamiento del río Gobela en la madrugada del 1 de junio de 2008 salpicó de drama a toda una localidad. Una de las personas que vio muy de cerca al río, porque estaba dispuesto a colarse en su hogar, es Itziar Fernández de Marticorena.

Hoy recuerda para DEIA, ya con más tranquilidad y al resguardo de una taza de café, aquella experiencia. Si bien es cierto que ella ya entonces, hace casi diez años, se enfrentó a lo que le tocó vivir con bastante sosiego. “A ver, un poco te acojonas, pero no, para nada me asusté”, confiesa. Y eso que en aquella época estaba “embarazadísima, a puntito de dar a luz”. Así salió por la ventana de su domicilio en Neguri cuando los voluntarios de Cruz Roja y los agentes de la Policía Municipal, entre otros, acudieron al lugar a evacuar a los vecinos más afectados por un descontrolado Gobela. “Yo creo que fue por precaución más que por otra cosa;no hacía falta”, opina Itziar, como muestra, una vez más, de una calma que choca con la fuerte e incesante lluvia del 1 de junio de 2008. “Yo no me quería ir de casa y todos los vecinos me gritaban: ¡Que salgas, que salgas!Pero yo pensaba que si la cosa se ponía fea, iba al portal, me subía a los pisos de arriba y listo”, afirma. Pero finalmente, Itziar cogió y salió por la ventana. A navegar en tierra. A ser trasladada a un lugar más seguro mediante una zódiac. También lo hizo antes su hijo, que al tener que abandonar su domicilio le asaltó una gran preocupación. “Mi hijo, que era pequeño, me decía: Mami, mis juguetes”, recupera Itziar con una pícara sonrisa.

ProtecciónY es que cuando ocurre algo así, cuando ves que el agua puede llegar a destrozar tus pertenencias, actúas. “Subimos las cosas importantes a los altos, pusimos un sofá encima de otro, protegimos los documentos relevantes, las escrituras...”, asegura en retrospectiva Itziar. Al cuerpo le recorren entonces sensaciones angustiosas... “Te entra un poco de miedo, porque lo que te importa es tu casa, tus cosas, tu vida...”, señala esta vecina de Getxo. El actual edil responsable del Departamento de Urbanismo tiene bien marcado aquel día. “Es una experiencia que a nivel personal no olvidaré nunca. Te preguntas:¿Qué está pasando aquí?Fueron doce o 16 horas de preocupación. No sabes lo que está pasando. Y claro, por supuesto, sucedió durante un fin de semana y los sistemas no tenían el nivel de alerta adecuado. Fue a todo meter, deprisa y corriendo y viendo que a la gente se les inundaban las casas”, reconoce Arregi.

Los primeros recuerdos de Itziar de esa jornada insólita se fijan alrededor de las cinco de la mañana. “Creo que fue más o menos a esa hora cuando la Policía empezó a tocar los timbres y a avisar”, indica. Después, al ver que la situación se iba complicando, su marido, David Fernández, fue al garaje a mover uno de los coches y después, también cambió de sitio el que tenían aparcado en la calle. “Cuando volvió, el agua ya le llegaba por la cintura”, describe Itziar. Luego, el reloj marcó las horas más estresantes y la familia tuvo que dejar la casa. “Además, casualidad que esa noche estaban mis sobrinos durmiendo con nosotros”, apunta la getxotarra. El momento de regreso lo tiene más difuso, pero piensa que ese mismo día ya pudieron volver a su casa, que, afortunadamente, no sufrió consecuencias ante un desbocado Gobela.

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