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Útiles para Euskadi y sin complejos

Por Koldo Mediavilla - Sábado, 6 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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HACE ya veintiún años de aquello. Fue también un primero de mayo cuando el presidente del EBB del PNV, Xabier Arzalluz, sin complejo alguno, en la sede popular de Génova, rubricaba el acuerdo entre los nacionalistas vascos y el Partido Popular que permitía la investidura de José María Aznar. Concierto Económico, Cupo, desarrollo estatutario, etc. fueron las principales consecuencias del acuerdo que dio pie a aquella cita del preclaro dirigente jeltzale: “Hemos conseguido más en catorce días con Aznar que en trece años con Felipe González”.

En septiembre de 2010, con Patxi López en Ajuria Enea tras la ilegalización de la izquierda abertzale y su entente con el PP, el PNV volvía a sellar un pacto con un gobierno español. En este caso, era presidente Rodríguez Zapatero. Los nacionalistas, con Iñigo Urkullu al frente del Euzkadi Buru Batzar, conseguían arrancar, entre otras, la competencia de las políticas activas de empleo.

El pasado miércoles (2017), el PNV volvía a sellar un pacto con un gobierno español, en este caso presidido por Mariano Rajoy. Liquidaciones de los diez últimos años de cupo, nueva base para una próxima ley quinquenal, reducción de las tarifas eléctricas a las industrias, cronograma de obras y financiación para el Tren de Alta Velocidad, acceso de la Ertzaintza a las redes europeas de información… Desarrollo económico y autogobierno, nuevamente en la balanza.

“Al PNV nunca le ha temblado el pulso en pactar si lo creíamos útil para nuestra causa, para la causa de Euskadi”. Son palabras de Xabier Arzalluz que Andoni Ortuzar, el dirigente jeltzale de hoy, repitió ante la prensa una vez certificado el acuerdo con Madrid.

Lo afirmó rotundamente. Sin dejarse influir por todos aquellos que acusaron a su partido de “blanquear” y apoyar a los “corruptos”. Era fácil, en la actual coyuntura, cargar las tintas contra todo aquel que se aproximara para salir en la foto junto a un PP acosado por los nuevos casos conocidos de corrupción política. Pero todos aquellos que ahora pretendían demonizar al PNV se habían aproximado a este partido, sabedores de que sus cinco diputados eran la llave que posibilitara la aprobación del presupuesto, para que ejerciera su papel “responsable” y evitara una nueva crisis institucional que abocara al Estado a una nuevas elecciones.

Los socialistas, los primeros. En la madre de todas las batallas internas, en los albores de unas primarias que podrían resultar destructivas, hicieron votos para que el PNV no cortocircuitara la legislatura con una devolución presupuestaria. Ellos -los socialistas- eran conocedores de que su pugna interna les dejaría a la intemperie en el supuesto de una ruptura del mandato legislativo. Más que nadie necesitaban “ganar tiempo” para, superado el trance de su confrontación interna, prepararse para resituarse en el tablero político del Estado. De ahí que no fuera una la voz sino varias las que desde la bancada socialista reclamaran del PNV la “responsabilidad” que tanto atesoraba la formación jeltzale. Mensajes sin altavoces,sotto voce.

Desde los podemitas también hubo dirigentes que pidieron al PNV que se comprometiera con la “estabilidad”. Su congreso de Vista Alegre, sus cismas internos, les habían dejado “tocados”. Nadie, ni ellos, querían elecciones nuevamente. Su corta experiencia les reclamaba “tiempo” para reorganizarse y establecer una nueva estrategia contra “la casta”, contra “la trama”. Y, de paso, asentar una nueva dentellada al PSOE en sus primarias con la iniciativa pintoresca de la moción de censura imposible. La cuestión era “fraccionar”, “romper el espinazo” a los socialistas en su debate interno, introduciendo la posibilidad incierta de la alternativa a Rajoy para enfrentar en una encarnizada lucha a Susana Díaz con Pedro Sánchez. Para ellos, Rajoy y el PP eran una excusa. La pieza preciada era la división de los militantes socialistas. La enésima trampa urdida por Pablo Iglesias 4.0en la que los herederos del decimonónico Pablo Iglesias Posse cayeron.

En Euskadi fueron los Otegi y compañía quienes con más ardor jugaron el papel de doctor Jekyll y míster Hyde. En público sintieron “vergüenza” por el papel del PNV, partido al que consideraron “cómplice” de la corrupción del Partido Popular. Resulta llamativo que una formación -se llame ahora como se llame- que ha hecho de la negociación con el Estado una de sus principales banderas, trate de demonizar a quien de forma efectiva ha llevado a cabo esa búsqueda del acuerdo entre partes. Hemos escuchado a la izquierda aber-tzale o a sus límites poligonales hablar de negociar con “los poderes del Estado”, con los gobiernos de turno o con sus intermediarios. Negociaciones siempre fracasadas y fallidas.

Ahora, incapaces tan siquiera de atraer la atención de sus antagonistas, ineficaces en exponer influencia alguna para resolver “sus problemas”, cargan tintas públicamente contra quienes, a cara descubierta, no han tenido miedo escénico para plantear al gobierno español una oferta concreta de colaboración mutua.

Es muy fácil ponerse ahora detrás de una pancarta -donde siempre se han guarecido- criticando a los demás por su arrojo. Pero también es una posición lamentable pues detrás de la vociferante denuncia siempre ocultan su privado llamamiento de colaboración y ayuda para “desatascar” todas aquellas cuestiones que por iniciativa propia ven imposibles.

No diré más. Porque hay razones que nos obligan, por lo menos al PNV, a continuar siendo serios y reservados. Aunque el azote de la demagogia y la falta de moral de algunos reclame ser implacables en la respuesta a tanto fariseo.

Jamás, en todas las negociaciones políticas que ha desarrollado el PNV en su historia reciente con los gobiernos españoles, ha pretendido ni obtenido recompensa alguna para su organización. Ni prebenda ni beneficio alguno de carácter privado. El objetivo de los pactos cerrados siempre ha sido el bienestar común de Euskadi, de sus instituciones, de nuestra capacidad de autogobierno y del desarrollo económico de todos los que aquí vivimos. Ahora, también. Los cinco votos de los diputados del PNV resultaban determinantes para la continuidad de los Presupuestos Generales del Estado. Y esos cinco votos -ahora y antes- solo bascularían si desde el Estado se atendía a lo que denominamos “agenda vasca”. Es decir si se atendía a necesidades vitales para el conjunto de la Comunidad Vasca.

A la vista están los resultados. ¿Muchos? ¿Pocos? Resultados “contantes y sonantes”, como afirmara Ortuzar.

Quienes critican el acuerdo están en su derecho. Ahora bien. ¿Cuál es su contraoferta? ¿Dónde están sus logros, sus propuestas, para poderlas contrapesar en una misma balanza?

Desde Madrid, los sectores más acerados del centralismo han vuelto a poner el grito en el cielo por el “enorme precio” pagado al PNV por sus cinco votos en el Congreso. Pronto escucharemos la cantinela de que es preciso modificar la ley electoral para restar influencia a los nacionalistas en la política estatal.

En casa, otros embadurnan batzokis con pintura roja y amarilla acusando al PNV de servilismo españolista. “Dime con quién andas y te diré quién eres” han rotulado castizamente en varias sedes jeltzales los habituales saboteadores de la tolerancia. Es la generación nini del país. Ni saben hacer nada constructivo ni respetan el trabajo de los demás. El día que aporten algo en positivo a este país, tocarán las campanas.

Desde siempre, el PNV ha manifestado que su objetivo no pasa por la gobernabilidad de España, que su única vocación ha sido y es defender los intereses de Euskadi. Y hacerlo allí donde sea preciso. No por sabido se debe dejar de recordar que el PNV no habilitó al PP para que gobernara en el Estado. Su voto en la investidura de Mario Rajoy fue negativo. Y lo fue en todas las votaciones producidas en el Congreso de los Diputados.

El PNV, por lo tanto, no ha respaldado al ejecutivo que gobierna en Madrid. Pero el gobierno que allí gobierna es el que es. No hay otro. Ni hay alternativa hoy por hoy, a pesar de las continuas maniobras de imagen que algunos promocionan.

El pacto presupuestario hoy conocido -transparente y público- no es sino la consecuencia de aplicar la tradicional inteligencia política del PNV al servicio del país. Aprovechar que una ventana de oportunidad se ha abierto para hacer valer sus cinco votos en beneficio de Euskadi. Así de simple. Y, sin complejos.

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