Tribuna abierta

Políticas macroeconómicas y opciones electorales

Por Javier Otazu Ojer - Viernes, 5 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

UNA de las labores principales de un gobierno consiste en elegir las políticas macroeconómicas necesarias para mejorar los indicadores de salud de un país. En estos tiempos de alto desempleo e incierto porvenir, ¿cuáles son las políticas más adecuadas? ¿Qué instrumentos tiene un gobierno para lograr este objetivo?

Hasta hace poco, había dos posibilidades. Por un lado, las políticas denominadas clásicas, las cuales consisten en estimular la oferta de bienes y servicios que se producen dentro de un país. Para ello se buscan medidas que beneficien la innovación o que reduzcan el coste de producción de las empresas (impuestos más bajos o facilidades regulatorias) ya que si todo lo que consumimos es más barato, todos ganamos. El caso estándar es el teléfono móvil: han mejorado muchísimo las prestaciones con precios semejantes a los de hace años e incluso más bajos. El problema de este tipo de políticas es que sus efectos tardan en ser visibles. Además, se busca equilibrar las cuentas del Estado para no gastar recursos adicionales en pagos de intereses debidos a la deuda.

Por otro lado, están las políticas keynesianas, las cuales consisten en estimular la demanda de bienes y servicios dentro de un país. Para ello, el gobierno suele gastar dinero y endeudarse. A corto plazo son efectivas, ya que la economía se activa. A medio o largo plazo depende: puede ocurrir que el crecimiento sea suficiente para pagar los intereses de la deuda generada y en ese caso estas políticas han cumplido su cometido. Pero también puede ocurrir que después del estímulo las cosas queden como estaban… ¡con una deuda superior!

No se puede olvidar que las políticas clásicas están más relacionadas con gobiernos de derechas (la prioridad es generar riqueza) y que en el segundo están más relacionadas con gobiernos de izquierdas (la prioridad es repartir la riqueza).

Por desgracia, la aplicación de estas políticas en Europa nos ha generado la peor consecuencia posible en cada caso. Las recetas clásicas (Alemania) han generado más desigualdad y las recetas keynesianas (casi todos los países han gastado más de lo que ingresaban) más deuda.

La combinación de ambas ¿Qué se puede hacer, entonces? ¿Existe alguna combinación de estas políticas que pueda ser efectiva? Diferentes gobiernos han probado combinaciones de estas políticas (incluyendo aspectos comerciales). Vamos a ver varios casos.

Las políticas clásicas (la prioridad es generar riqueza) se relacionan con gobiernos de derechas y las keynesianas (es prioridad repartir la riqueza), con los de izquierdas. En Europa han generado la peor consecuencia posible en cada caso

Uno, Japón. La política ha sido expansiva a nivel monetario (el BoJ, Banco de Japón, ha introducido mucho dinero en el sistema), a nivel fiscal (más gasto público) y liberalizadora (reducción de trabas para la actividad económica). El nombre de esta política es Abenomics, ya que la ha realizado el gobierno del primer ministro japonés, Shinzo Abe. Los resultados han sido positivos, aunque no podemos olvidar el problema demográfico del país. Y está el largo plazo, que siempre llega.

Dos, Estados Unidos. La política que va a impulsar el nuevo gobierno tiene tres ejes: un gran plan de infraestructuras, bajada generalizada de impuestos y proteccionismo económico. El nombre de esta política es Trumpnomics, ya que la va a realizar el gobierno de Donald Trump. Los resultados están por determinar, aunque la Bolsa ha saludado estas medidas con amplias subidas (¿será una burbuja?).

Tres, países escandinavos. Se combinan las facilidades para crear riqueza por parte de las empresas con altos impuestos una vez que se ha generado dicha riqueza. Es la denominada por el analista Víctor Lapuente de forma original como Política Bisexual, ya que aplica fundamentos clásicos y keynesianos. Los resultados han sido muy positivos, aunque en economía siempre existen matices. Sin duda, recuerdan a la célebre Tercera Vía de Tony Blair en Gran Bretaña.

Cuatro, populismos de izquierdas que ofrecen limpiar la corrupción de la política “detoda la vida” y más intervencionismo por parte del Estado para evitar los desmanes que se generan en empresas de interés general (en especial en áreas relacionadas con la sanidad, la educación, la energía o la banca) debido a que solo tiene un objetivo: ganar dinero al coste que sea.

¿Dónde está la izquierda?Ninguno de los dos candidatos franceses que ha pasado a la segunda vuelta está en el modelo tradicional: Fillon (derecha) y Hamon (izquierda) no superaron el corte. Marine Le Pen encaja en el modelo de Estados Unidos y Emmanuel Macron encaja en el de los países escandinavos. ¿Será una tendencia global?

Se puede observar que la derecha de siempre sigue manteniendo amplia influencia general. Sin embargo, la izquierda de toda la vida, ¿dónde está? El descalabro en Francia ha sido impresionante. Su debilidad en Gran Bretaña ha generado el sorprendente adelanto electoral de Theresa May. En España, Podemos discute la hegemonía del PSOE. La izquierda necesita un nuevo relato, y lo necesita ya.

Eso sí, es posible que no sea suficiente con un nuevo relato. La ciudadanía debería percibir que el objetivo de la política es el bien común y lo que se percibe es la búsqueda del poder y de la influencia personal.

Mal asunto.

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