intervenido en Cruces al nacer sin esfínter anal

Un togolés con ganas de vivir

Isaac es un niño que aterrizó en Durango para ser intervenido en Cruces tras nacer sin esfínter anal

Ricardo y Kontxi acogen al pequeño después de perder a su hijo Ales de 29 años en un accidente

Viernes, 5 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Ricardo y Kontxi acogieron al pequeño Isaac después de perder a su hijo.

Ricardo y Kontxi acogieron al pequeño Isaac después de perder a su hijo. (Foto: A. Salterain)

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Ricardo y Kontxi acogieron al pequeño Isaac después de perder a su hijo.

Alain Salterain

Durango- La fuerza del destino unió a este matrimonio de Durango y a Isaac. Dos historias paralelas que hace un año se cruzaron por avatares de la vida. Ricardo Petralanda y Kontxi González sufrieron un desagradable episodio, hace ahora casi dos años, en la que perdieron a su hijo, Ales, como consecuencia de un fatal accidente ocurrido en la BI-633, en Berriz. Aquel día truncó la historia de la pareja, que perdió a su ser más querido.

Mientras, en un país del África Subsahariana, Togo, un bebé llamado Isaac comenzaba a dar sus primeros pasos ajeno a su patología, ya que nació sin esfínter anal y por lo tanto necesitaba una urgente intervención para que pudiera tener una infancia normal.

Por circunstancias de la vida, el destino quiso que este matrimonio durangarra e Isaac se unieran hace un año. El niño, lleno de vitalidad y alegría, cayó en manos de Ricardo y Kontxi, una pareja que sufría la perdida de un hijo. “Llevaba un año con mucho dolor y tuve conocimiento de una ONG, Tierra de Hombres, que trabajaba con niños en acogida que tenían problemas de salud y me pareció que podía ser una gran oportunidad”, relata Kontxi. “No es natural que se te muera un hijo, necesitábamos aportar algo a otros padres”, añade Ricardo. El niño, con el consentimiento de sus padres biológicos -que ya habían perdido a otro hijo por la misma enfermedad que la de Isaac-, viajó miles de kilómetros desde Togo hasta París con destino final en Loiu.

La presencia del niño, a pesar de su patología, ha supuesto un balón de oxígeno para el matrimonio durangarra. Incluso sostienen que el carácter de Ales y del pequeño togolés son muy parecidos. “Isaac se parece mucho en la forma de ser a Ales. Los dos son testarudos, muy observadores y llenan mucho la casa”, relata entre lágrimas Kontxi.

En lo que va de año, los tres han visitado en varias ocasiones el hospital de Cruces. En una primera intervención le realizaron a Isaac una colostomia. Es decir, le colocaron una bolsa para recoger sus deposiciones. Mientras, Ricardo y Kontxi, con la ayuda de los médicos, tuvieron que ayudar a la construcción de un esfínter anal. Un duro cometido que lo están realizando de todo corazón porque consideran que el niño ha llegado hasta ellos “porque Ales así lo ha querido”.

mochila de amorEsta hazaña ha devuelto a la vida no solo al niño, sino a la pareja vizcaina. “Hasta que llegó Isaac, yo llevaba una mochila de dolor muy grande y gracias a todo este proceso la he llenado de amor”, admite Kontxi. “Estamos encantados y esto nos está ayudando a superar la mala racha que llevábamos. Sabemos que es un periodo de acogida y que cuando se ponga bien, el pequeño se irá con su familia, pero es lo que queremos, que se cure y vuelva con los suyos”, explicó el matrimonio, a sabiendas de que la despedida será muy dura. “Se coge mucho cariños a los niños durante el proceso, pero en nuestro caso siempre es así. Son niños de acogida, no de adopción, y siempre estamos muy pendientes de las necesidades que puedan surgir”, explicó Eva Sánchez, delegada en Euskadi de la ONG Tierra de Hombres.

Mientras, ajeno a lo que le rodea, Isaac comienza a sonreír y a disfrutar de una nueva vida. “Ahora tiene que aprender a hacer de vientre y no está acostumbrado. Empieza a tener ciertas dolencias estomacales, que es buen síntoma, pero que para él es nuevo”, explicó Kontxi, mientras el txiki se quejaba de dolor.

A pesar de todo, el niño está deseando volver a encontrarse con sus amigos del colegio San Antonio de Durango. “Markel, Aintzane...”, enumera tanto en euskera como en castellano cuando se le pregunta por sus compañeros de pupitre y por su andereño. Lleva un año en Durango y volverá a su país natal cuando esté totalmente recuperado y aunque no quiere volver a África tiene muy claras sus raíces. “¡Togo!” exclama con los puños en alto.

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