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“Que nadie te diga que no puedes investigar”

Estudiantes de Bachillerato descubren de la mano de científicas de Ikerbasque que ellas también pueden hacer carrera

Idoia Alonso - Jueves, 4 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Varias investigadoras de la fundación Ikerbasque ofrecen una charla sobre la mujer en la ciencia a un grupo de estudiantes de Bachillerato. Fotos: Borja Guerrero

Varias investigadoras de la fundación Ikerbasque ofrecen una charla sobre la mujer en la ciencia a un grupo de estudiantes de Bachillerato. (Fotos: Borja Guerrero)

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Varias investigadoras de la fundación Ikerbasque ofrecen una charla sobre la mujer en la ciencia a un grupo de estudiantes de Bachillerato. Fotos: Borja Guerrero

“Ha sido muy interesante aunque no sé aún si me dedicaré a investigar después de la universidad” “La experiencia de las investigadoras nos enseña cómo es la realidad de la ciencia hoy en día” “Gente que no se planteaba dedicarse a la investigación ha podido ver que es un mundo muy enriquecedor”

Bilbao- Según el último informe la Unesco sobre ciencia, las mujeres representan solo el 28% de los investigadores de todo el mundo. Pero todo sería diferente si Maria Sklodowska, que tomó el apellido de su marido Pierre Curie, no hubiese logrado aislar el radio o sin la aportación al avance de la tecnología de Ada Lovenlace, hermana de Lord Byron y primera programadora de la historia. ¿Cuánta gente sabe quién es Rosalind Franklin? Y no, no es pariente de Benjamin, el inventor del pararrayos y padre fundador de Estados Unidos. Pese a ser la científica que obtuvo los datos que permitieron definir que el ADN tiene estructura de doble hélice, Rosalind Franklin no fue premiada con el Nobel. En su lugar, la Academia sueca concedió el premio a Watson y Crick, que cogieron prestadoel descubrimiento de la británica para inscribir sus nombres en la historia. Más todavía, ni Francis Crick ni James Dewey Watson nombraron a Franklin en sus discursos de aceptación del Nobel.

Los libros de texto apenas recogen la contribución de las mujeres a la ciencia. Es cierto que históricamente ha habido pocas científicas, porque investigar es una labor que requiere mucho tiempo y la mujer se tenía que dedicar a otros menesteres asignados a su género. Unas tareas, como la crianza o el cuidado de la familia, que aún hoy siguen recayendo en la mujer. Pero su ausencia en los manuales escolares se debe también a que sus logros han sido silenciados, cuando no usurpados por sus colegas masculinos. No obstante, su trabajo está ahí y ha sido crucial en el desarrollo de muchas disciplinas desde la biología a la química, física, medicina, matemáticas… Conclusión, el mundo necesita la ciencia y la ciencia necesita a las mujeres.

Hace unos días ochenta estudiantes de Bachillerato de los institutos Kirikiño y Botikazar de Bilbao han tenido la oportunidad de interpelar directamente sobre la cuestión a cuatro científicas que investigan en Euskadi bajo el signo de la Fundación Vasca para la Ciencia, Ikerbasque, en la sede del Archivo Histórico. No, no eran los cinco fabulosos de Liverpool, pero al final del encuentro se llevaron una ovación cerrada. Y eso que lacosa iba de ciencias y un tercio del auditorio era de letras, incluso de puras. “Ha sido muy interesante aunque no sé aún si me dedicaré a investigar”, reconocía Narea Bergara (16 años) a la salida de un acto dirigido a acercar la investigación de Euskadi a las estudiantes.

Amanda Sierra, directora del laboratorio de Biología Celular en el Achucarro Basque Center for Neuroscience, la investigadora en enfermedades autoinmunes Ainara Castellanos-Rubio, la lingüista Elena Castroviejo e Iratxe Zarraonandia, genetista centrada en enfermedades hepáticas, ofrecieron su testimonio a un joven auditorio que no sabía muy bien qué hacía allí y por qué todas eran chicas. La jornada Mujeres y también investigadorascomenzaron como un juego, de hecho lo hizo con una partida de Trivial digital muy reñida sobre las grandes pioneras para acabar con una lección sobre las relaciones de poder en la ciencia.

Amanda Sierra cerró esta jornada dedicada a visibilizar el papel de científicas con un llamamiento a las futuras universitarias: “Que nadie os diga que no podéis ser jefas, que nadie os diga que no podéis hacer vuestras tesis y que nadie os diga que no podéis investigar. Os necesitamos”. Es posible que haya gente que opine que es una interpelación sin base en boca de una científica en pleno siglo XXI. Como investigadora, Sierra recurrió al lenguaje de la ciencia, las matemáticas, para verificar con un razonamiento deductivo la tesis de que si bien hombres y mujeres somos iguales, la mujer no tiene las mismas oportunidades.

La neurocientífica explicó que según un estudio realizado por Loreal dentro del programa For women in sciene, el 67% de la población europea piensa que las mujeres no están capacitadas para acceder a puestos de decisión en la ciencia. Las razones esgrimidas para justificar esta postura es que a la mujer le falta perseverancia, pensamiento racional, pragmatismo, rigor, espíritu científico y mente analítica. “A mí se me ponen los pelos de punta al leer esto”, afirmó Sierra. De acuerdo con este estudio, dijo, “no tenemos las mismas oportunidades para consolidar nuestras carreras desde el momento en que la sociedad piensa eso de nosotras”.

Esto es lo que se conoce como techo de cristal. Y la estadística no hace sino confirmar una discriminación que la rectora de la Universidad del País Vasco, Nekane Balluerka, ha rebautizado comotecho de acero. Universitarios y universitarias llegan al doctorado igualados y más de la mitad de los premios de fin de carrera son mujeres. Sin embargo, ellas solo representan el 4% de los premios Princesa de Asturias y un 8% en los premios Nacionales de Investigación. Ante esta tesitura, parece lógica la pregunta que lanzó la directora del laboratorio de biología celular del Achucarro Basque Center for Neuroscience: “¿Dónde están todas estas mujeres excelentísimas en su trabajo y en su capacidad de estudiar, dónde están, por qué han desaparecido?”.

Desaparecidas por el camino El últimoInforme sobre la Ciencia elaborado por Ikerbasque, como otros tantos de naturaleza similar, no dejan lugar a dudas, y habla de las trabas con las que se topan las investigadoras a la hora de consolidar su carrera y conseguir una plaza como titular de universidad, catedrática, directora de investigación... En la actualidad el 79% de las cátedras de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) están ocupadas por hombres y el 75% de quienes lideran un laboratorio o su propio grupo en los centros de investigación también. Únicamente hay más mujeres en la categoría más baja de la universidad, la de ayudante y ayudante doctor. La situación se iguala en el caso de la figura de colaborador y contratado doctor, pero se amplía en el nivel de titular (el 58% son hombres por un 42% de mujeres).

Sierra se sabe una excepción dentro del panorama de la Red de Ciencia y Tecnología del País Vasco, donde el 75% de los investigadores senior que dirigen los laboratorios son hombres y más del 80% copan las direcciones de los centros de investigación de excelencia. “A mí todo esto me parece espantoso”, afirmó la investigadora del Achucarro Basque Center for Neuroscience. Desde su punto de vista, ese techo de cristal “casi nunca es un problema de discriminación activo” en la evaluación de los proyectos o artículos, sino más bien una combinación de factores sociales y personales. Unos son los obvios: la maternidad, la necesidad de conciliar la vida personal con la profesional y “esta capacidad de autosacrificio que tenemos en esta sociedad en la que sigue estando bien visto que la mujer abandone su vida profesional por el cuidado de su familia mientras que es absolutamente impensable que un hombre haga eso”. Según señaló, “tenemos que darle una vuelta seria a esto y pensar porque, evidentemente, es una decisión personal”.

Sierra aludió también a motivos personales para explicar este desajuste como “la falta de confianza en nosotras mismas y en nuestras posibilidades”. Las mujeres, comentó, “no solemos hablar en público, no nos gusta no que otros nos miren y nos critiquen y eso es un problema porque entonces no te van a seleccionar a ti”. Y en este sentido animó a las estudiantes a “levantar la mano en clase, a preguntar, a dar sus opiniones y sobre todo no os tenéis que rendir nunca, tenéis que perseguir vuestro sueño con pasión y luchar porque las cosas nunca son fáciles”.

Las alumnas de Kirikiño y Botikazar se mostraron muy interesadas por cuestiones prácticas. ¿Para qué sirve un doctorado? ¿Es imprescindible ir al extranjero para forjarse una buena trayectoria? ¿Cómo se costea la carrera de una científica? ¿Es posible investigar en una especialidad de letras? ¿Hay que ser superdotada para ser científica? ¿Te casas con la ciencia o puedes tener novio?... Las cuatro investigadoras invitadas por Ikerbasque a este diálogo con las mujeres del futuro contestaron a todas las dudas. También compartieron con el auditorio las claves para ser una buena investigadora: actitud, inspirarse en otros investigadores de referencia, experiencia internacional y mucho trabajo.

La genetista Iratxe Zarraonandia usó la metáfora de la crisálida, por el proceso de transformación de las células, para sintetizar lo que supone hacer una carrera científica. “Los cambios que experimentas no son siempre agradables ni cómodos, pero son necesarios para seguir creciendo y convertirte en quien puedes llegar a ser”, afirmó. Así, explicó que la científica es una carrera de fondo, con algunos obstáculos eso sí, en la que nunca se deja de aprender. En este sentido, quien pretenda arriesgarse por este mundo debería reunir cinco cualidades: “Curiosidad, pasión por el conocimiento, creatividad, esfuerzo y saber gestionar la frustración”. Y es que, en definitiva, la clave para obtener conocimiento es el método de prueba y error.

La estudiante de Botikazar Nerea Villamor, de 16 años, estuvo muy atenta a las palabras de las ponentes. “De esta charla me llevo algo muy positivo porque nos han enseñado a través de su experiencia personal y datos reales lo que en verdad está pasando hoy en día en el mundo de la ciencia. A mí realmente me ayudan todas estas actividades con las que nos quieren motivar y empujar, porque no tengo nada claro lo que estudiar ni por dónde ir”, reconocía Villamor. A Lucía Herrero, de 17 años, el diálogo con las científicas le resultó “bastante enriquecedor porque mucha gente que no se planteaba dedicarse a la investigación, no es mi caso, ha podido ver que es una salida y un mundo muy interesante”.

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