David Trueba escritor y cineasta

“El mejor arte parte de la desesperación”

Trueba (Madrid, 1969) hablará mañana de su quinta novela, ‘Tierra de campos’, en el centro Ernest Lluch, y el sábado presentará un ciclo sobre Fernán Gómez en la Filmoteca

Un reportaje de Juan G. Andrés Fotografía de Luca Piergiovanni - Jueves, 4 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

David Trueba.

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David Trueba.

DONOSTIA. Aprovechando la invitación de Filmoteca Vasca, el escritor y cineasta presentará su último libro mañana en el centro Ernest Lluch, a donde acudirá acompañado por Ramon Saizarbitoria.

Dani, ‘Mosca’, Campos, una estrella del pop, recuerda su azarosa historia a bordo de un coche fúnebre conducido por Jairo, un chófer ecuatoriano. Se dirigen a la comarca de Tierra de Campos, donde el músico quiere enterrar a su padre... ¿De dónde surgió la idea?

-La historia llevaba tiempo rondándome la cabeza, sobre todo por la idea de crear un protagonista que se dedicara a la música. Es un personaje poco abordado en la literatura y que cuando aparece, suele estar tratado con un componente mítico o de transgresión, con una lírica poética basada en la mala vida. Sin embargo, se ha escrito poco sobre el oficio de hacer canciones, sobre la presión real del día a día, sobre la influencia de lo cotidiano en lo creativo y la presencia de la música en la sociedad actual... Me interesaba tratar esas cuestiones y establecer un nexo de unión entre ese músico y su padre, un hombre de campo con una manera muy diferente de entender la vida.

¿El protagonista no podía haber sido un poeta o un pintor?

-Al inicio las opciones estaban muy abiertas, pero para lo que yo buscaba, quizá solo servía la figura del músico, porque mi intención era hablar de una profesión que te pone muchas dificultades y se basa en un modo de vida poco convencional. Un pintor o un poeta puede pasar parte de la jornada en casa -y de hecho, es la vida ideal para un artista- pero el de músico es un empleo envenenadísimo para cualquier proyecto familiar: hay giras muy largas, se trasnocha después de los conciertos, hay infinidad de elementos de tentación y distracción... Y no solo eso, la música tiene una relevancia enorme de la que carecen otras expresiones artísticas.

El título de la novela encierra varios significados...

-Por un lado, se refiere a la comarca castellano-leonesa de Tierra de Campos, cuya denominación, para mi sorpresa, conoce muy poca gente pese a ser una zona muy especial, dedicada casi íntegramente al cultivo del cereal. Por otro, el juego de palabras con el apellido del protagonista habla también del modo en que uno se enfrenta a su oficio, en este caso la música, un campo en el que le gustaría sobrevivir pero que se ha convertido en una forma de dependencia. Especialmente en un tiempo en que estamos en manos de depredadores en grado sumo: creíamos que Internet nos iba a traer una mayor independencia y libertad, una relación directa entre el creador y el público, pero se ha convertido en un inmenso latifundio que concentra el mayor grado de propiedad de la historia de la humanidad.

¿Pensó en algún nombre concreto al inventar Las Moscas? No ha utilizado referencias claras a bandas reales de los años 90...

-Otro autor quizá habría querido que Dani Mosca, Gus o Animal fueran el trasunto de músicos que han existido, pero yo opté por lo contrario, por crear los personajes. Para mí siempre funciona de ese modo, y así lo hice también con el futbolista de Saber perder, con el que no entré en disquisiciones sobre en qué equipo jugaba... Llegas más lejos sin acotar de manera clara a un personaje: en este caso he creado un grupo con personalidad que existe mientras dura la novela. Prefiero que no sea algo prestado, me interesa hacer algo vivo de la ficción.

“Con el tiempo supe que la tristeza, que me duró tantos años, era un motor para la música”, dice el protagonista. Ocurre lo mismo en la literatura, en el cine… ¿Por qué?

-Porque hay algo en la felicidad, en la satisfacción, que es ligeramente improductivo. Esos sentimientos son de aceptación, de llegada, y creo que desde antiguo, el mejor arte parte de la búsqueda, de la desesperación: no existe un gran arte creado desde la satisfacción. Hay códigos críticos que han establecido paradigmas del triunfo que casi siempre han empobrecido a quienes han tenido que llevar ese prestigio a cuestas y que, por otro lado, han conseguido sus mejores obras cuando más cuestionados eran. Es una contradicción pero es una contradicción creativa.

En la novela Joan Manuel Serrat recomienda a Dani Mosca: “En las canciones has de ser tú, claro que sí, pero sin pasarte”. ¿Comparte el consejo?

-Sí, un profesor de clase de Guion solía decirnos: “No confundáis la escritura con la terapia. Tienes que ser tú en lo que haces, pero nunca olvidar el elemento comunicativo”. El esfuerzo del artista reside en que lo más personal que haga debe ser accesible desde lo creativo.

La familia, el (des)amor, la amistad, el trabajo, el paso del tiempo... ¿Le ha resultado más difícil tratar algunos de estos temas?

-En términos de dificultad, los más íntimos son quizá los más complicados porque cada uno tiene su experiencia personal. Lo más difícil siempre es contar algo que pueda ser compartido por otros desde la observación. A las novelas se agarra un lector porque encuentra algo que identifica como propio, y eso es difícil conseguirlo si no pones algo tuyo como autor. Hay que guardar un equilibrio constante entre contarte a ti y contar a todos... Ese ejercicio en el alambre es el más complicado, sobre todo para alguien como yo, que no tiene atracción por los grandes personajes ni los momentos históricos. Siempre escribo sobre personajes tan insignificantes que cuando la gente me pregunta de qué va el libro me da vergüenza contestar.

Otra cita del protagonista: “Es detestable pensar en el público, lo único interesante es pensar en una persona que te escucha”. ¿Usted también imagina individualmente a sus lectores y espectadores?

-En los tiempos actuales, una de las grandes tentaciones del arte de consumo cultural es la conciencia que se tiene del público, que parece la razón de todo esfuerzo. La palabra públicoestá pervirtiendo la individualidad, como si todo fuera una masa, como si contara más el conjunto. El reto es tratar de distinguir entre el público a los individuos que lo conforman y eso se consigue evitando caer en las cantidades y en esa especie de competición tan empobrecedora que últimamente se centra principalmente en “lo más vendido”. Hay que insistir en lo cualitativo, en contar bien las historias, que estas respondan a tus propuestas, afrontar todas esas dificultades...

Aunque en su caso le acompañan los números: en un mes la editorial Anagrama ha logrado llegar a la segunda edición de ‘Tierra de campos’...

-Sí, pero no hay que convertir eso en tu motor, sino verlo como algo accidental. Yo nunca he tenido un éxito masivo, pero por acumulación me he encontrado con lectores sumados paulatinamente a lo largo del tiempo: tendría que agradecer a fracasos anteriores la posibilidad de haber conservado a esos lectores con una cierta fidelidad. Nuestras carreras son de acumulación, de largo esfuerzo: hay que ir al esfuerzo prolongado.

No dirige una película desde ‘Vivir es fácil con los ojos cerrados’ (2013). Nunca lleva al cine sus novelas, pero ¿considera adaptable ‘Tierra de campos’?

-Siempre he entendido mis novelas como obras únicas y acabadas cuando pongo punto final a las tramas y peripecias de los personajes. Además, creo que adaptar mis propios libros contribuiría a alimentar el prejuicio que algunos tienen al verme como un director de cine que también escribe.

¿Le ha pesado su ascendencia cinematográfica en su faceta de novelista?

-Sí, pero es normal. Los prejuicios tienen su razón de ser, uno no debe pelearse contra ellos, sino tratar de desactivarlos… Aún siento sobre mi nuca el aliento de quienes parecen decirte con una mueca: “Ah, ese es director”. Pero le puede pasar a cualquiera. Si el prejuicio consigue que te sientas retado a hacerlo mejor, en el fondo no está mal. Igual tenemos que dar las gracias a quienes nos esperan con el palo levantado...

las claves

“Creíamos que Internet nos iba a traer una mayor independencia y libertad, pero se ha convertido en un inmenso latifundio”

“Siempre escribo sobre personajes tan insignificantes que cuando la gente me pregunta de qué va el libro, me da vergüenza contestar”

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