El sacacorchos

Llamémosle por su nombre

Por Jon Mujika - Miércoles, 3 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Columnista Jon Mujika

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FUE el poeta andaluz, Federico, quien lo dijo: las únicas cosas que Estados Unidos ha dado al mundo son los rascacielos, el jazz y los cocktails. Aun siendo algo exagerado -las hamburguesas, el blues y la NBA son tres pesos pesados de aquella cultura...-, no cabe duda que sí, que son señas de identidad de aquellas tierras. No por nada se habla del skyline de Nueva York y la silueta a contraluz en los atardeceres de la Gran Manzana se ha convertido en uno de los iconos del siglo XX y lo que se lleva contabilizado del siglo XXI, en uno de los recortables universales.

¿Cómo no recrearse en esa estampa cuando el primer rascacielos de Bolueta ya se ha convertido en un nido de águilas, ya se asoma en el campo de nubes...? Un edificio así, de esa envergadura, recuerda a una ofrenda al espíritu de la arquitectura, al dios del diseño y la construcción. No por nada, los 88 metros de altitud se antojan un Everest urbano en Bolueta. ¿Acaso no creen los sherpas que el Everest y sus flancos están bendecidos con energía espiritual, y se debe mostrar reverencia al pasar a través de este paisaje sagrado;acaso no es el hogar de Miyolangsangma, la Diosa Otorgadora Inagotable? Los nepalíes tambien lo llaman como Sagarmāth, ā La frente del cielo. El cielo de Bolueta ya tiene en pie a su ídolo.

¿Para qué se ha construido un edificio así? En principio nace para darle un uso resiencial, para que los vecinos respiren un aire más puro que a ras de carretera. ¿Es un rascacielos más entonces...? No. No en vano, el edificio hace algo más que transformar la fisonomía del barrio donde se erige, lo pone en el mapa de las tierras sensibles. ¿Cómo? Es el edificio residencia más alto del mundo fabricado con unas de las leyes más aprecidas del siglo XXI,el método Passivhaus.

¿Es un insulto, un adjetivo chic o vanguardista;es una palabra inventada para la venta...? No lo parece. Este concepto nació a partir de una conversación, en mayo de 1988, entre los profesores Bo Adamson y Wolfgang Feist. Su canon clásico dice que cuentan con un gran aislamiento térmico, un riguroso control de infiltraciones, y una máxima calidad del aire interior, además de aprovechar la energía del sol para una mejor climatización, reduciendo el consumo energético del orden del 70% sobre las construcciones convencionales. Visto así, la idea convierte a un rascacielos así en un santo y seña singular. Tanto, que debería bautizarlo con nombre propio.

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