Gernika y el negacionismo

Por Unai Garabieta - Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:02h

NO hay que ser galeno para saber que las heridas mal curadas cierran en falso y cada cierto tiempo vuelven a supurar. 80 años mas tarde, Gernika sigue siendo una herida abierta. Llueven tortas a la exigencia política del PNV de reconocimiento y reparación moral ante la barbarie que fue el bombardeo de Gernika. Nadie es ajeno al negacionismo mantenido en el tiempo durante la dictadura franquista. Hasta se asume que esa reparación jamás llegará por los escasos supervivientes que aún quedan con vida. Testigos son todos y cada uno de los cadáveres que siguen en las cunetas y al otro lado de las tapias de los camposantos sin que se aborde la cuestión de forma definitiva.

Uno de los axiomas políticos por antonomasia ha sido y será ese que dice que “lo más parecido a un español de derechas es un español de izquierdas” y ahí es donde debemos situar el artículo de Javier Arteta eneldiario.es bajo el título “¿Y si Euskadi pidiera perdón a España?”. El señor Arteta viene a establecer un símil chusco e hispano-ramplón entre el raid italo-germano y la “rendición” de los gudaris vascos en Santoña. Lo crean o no, cuando se rasca debajo de la piel rojillasiempre sale España, una España antes negacionista que rota.

No es la primera vez, ni será la última, que desde sectores de una autoproclamada izquierda española se insinúa o se cita a las claras la falta de arrestos por parte de los soldados vascos o de los dirigentes de Euzko Gudarostea o más concretamente del PNV de la guerra. Para estos valientes de pluma afilada del siglo XXI, no tiene justificación que nuestros mayores, entregaran las cuatro balas y tres fusiles que les quedaban al llegar a Santoña. No tiene y jamás tendrá valor que dirigentes del PNV volvieran del exilio jugándose la vida para buscar una salida negociada que evitara que aquellos miles de jóvenes vascos fueran masacrados en las playas de Santoña.

No es nada nuevo. Son los mismos sectores que no dudan a su vez de hablar de connivencia entre el PNV y el fascio español, o entre Agirre y el mismísimo Hitler, cuando la realidad es que el único pacto de no agresión con fotografías incluidas es el que firmaron el nazi Ribbentrop y el ministro del genocida Stalin, el señor Molotov, con apellido de fácil recuerdo para quienes dicen haber ejercido de “revolucionarios”.

No seré yo quien critique a quien por salvar la vida ha puesto pies en polvorosa. Ahí están las fotos de los milicianos del Frente Popular corriendo despavoridos por el puente de Santiago en Irun hacia el lado francés. Solo un miserable puede ser capaz de poner el mas mínimo pero a algo tan básico como el ansia de salvar la vida, pero otra cosa es callar ante la ignominia.

No, los pocos supervivientes que quedan de aquella barbaridad no esperan nada. Acaso que no se vuelva a repetir semejante barbaridad en Siria, en Afganistán o en países que tal vez jamás hayamos oído mentar en nuestra vida. Tan solo eso. Hasta para eso son grandes, hasta para saber no odiar.

Dice Txato Etxaniz en el mismo diario digital, que el bombardeo de Gernika no fue un intento de genocidio contra los vascos. Para ello argumenta que el 40% de la población de Gernika en la época era profranquista. No voy a entrar en el número de franquistas que se mantenían en la villa foral en la época, ni en discusiones de números. No obstante, pregunto: ¿verdaderamente cree el sr. Etxaniz que en la mente de los que planificaron el ataque aéreo estaba discernir entre vascos y vascos pronacionales? ¿Acaso era Gernika un objetivo militar imperioso para las tropas golpistas? El intento de minimizar la barbaridad que supuso el bombardeo de Gernika en referencia al número de fallecidos en él es tan simple como negar la evidencia del lanzamiento de bombas al símbolo de las libertades de un Pueblo.

Pero ahí están los testimonios, que por mucho que se pretendan tapar siguen vivos, proclamando la verdad, una verdad que se resume a que un buen día de primavera de 1937 la aviación alemana e italiana intentaron masacrar el espíritu y la voluntad de un pueblo, algo que jamás consiguieron.

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