Lucio de la Cruz pastor

El último pastor de Zierbena

Natural del barrio de La Calleja, Lucio de la Cruz lleva más de sesenta años atendiendo al ganado Korrikolari, remero, bolari... el pastor se encarga, a sus 80 años, de segar la hierba para sus ovejas

Emilio Zunzunegi - Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El pastor Lucio de la Cruz.

El pastor Lucio de la Cruz. (Foto: E. Zunzunegi)

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El pastor Lucio de la Cruz.


Zierbena- A sus 80 años de edad, Lucio de la Cruz Ruiz todavía maneja con destreza y soltura el dallecon el que corta la hierba que le ayuda a dar alimento a las veinte ovejas de raza carranzana que aún hoy atiende en el barrio zierbanato de La Calleja. Allí fue donde Lucio vino al mundo el 30 de junio de 1936. Anteúltimo de 8 hermanos, el pastor tiene una gran memoria y es un gran conocedor de la historia de los barrios de Zierbena, especialmente del pesquero barrio de El Puerto -donde reside- a pesar de que es el único hombre de la familia que no se ha dedicado a las faenas marineras.

“Había mucho trabajo en el caserío con el ganado, porque había vacas y ovejas, y mis hermanos lo hacían muy bien pescando. Tuvieron tres barcos: el Santa Clara, el Parada celestial y el Ignacio La Cruz que era un barco formidable”, recuerda este afable jubilado que hoy disfruta de cinco nietos y cinco hijos -3 de ellos varones- fruto de su matrimonio con la también zierbanata Edelmira Andrés. Profundo amante de la naturaleza de su Zierbena natal, Lucio señala que en esta vida “me ha tocado segar mucho, primero en el caserío familiar y luego ya en mi propia explotación en la que llegué a tener 200 ovejas y monté una quesería”. Unas reses con las que ha recorrido infinidad de veces las laderas del monte Serantes -que Zierbena comparte con Santurtzi-, el pico Montaño y, especialmente, su querido y mutilado pico de Punta Lucero.

“Mi Punta Lucero está en el mar”, lamenta De la Cruz al recordar que los prados que más utilizaba, ya que estos se encontraban muy cerca del barrio donde nació, desaparecieron bajo las explosiones que dieron lugar a la cantera que sirvió de base para la construcción del superpuerto. “Era la zona más abrigada y se la cargaron a base de dinamita. Las cargas eran enormes ”, recuerda este zierbanato que en su juventud fue famoso en la comarca por su prodigiosa capacidad física que le hizo destacar como korrikolari y como remero. “Si tú te hubieras dedicado al remo, hubieras comido chuletas y el resto patatas con carne”, recuerda Lucio que le decía un remero del pueblo.

BolariSegalari de primera al que la necesidad de segar la hierba para el ganado de casa le proporcionó una gran pericia, Lucio tiene la espina de no haber podido dedicarse más tiempo a practicar otra de sus grandes aficiones: el bolo a katxete que tanto le gusta aún hoy día y cuya evolución en los carrejos de la zona sigue con detenimiento. “La verdad es que con el ganado, que no sabe de horarios, tenía poco tiempo para poder tirar y a pesar de que no lo hacía mal nunca llegué a ser un bolari destacado”, señala resignado este pastor al que le toco hacer la mili en el acuartelamiento existente en Punta Lucero. “Hice veinte meses de mili pero pasaba mucho tiempo en casa”, apunta este zierbanato que echa también de menos la gran cantidad de caza que había en el entorno del Serantes y del farallón militar. “Yo me he hinchado a cazar de todo aquí en Punta Lucero. Había días en que para cuando llegaba a la punta costera ya tenía el morral lleno de torcaces y de varios tipos de aves. Aquí había también gran cantidad de liebre y hoy día no hay nada de nada”, asegura este hombre que sirvió en el Batallón de Artillería de Costa I-7 junto a una veintena de soldados de reemplazo y varios mandos entre los que “había de todo. Buenos capitanes y algún que otro sargento txuskero que era bastante malo con la gente”.

De aquella época, Lucio retiene un suceso que bien pudo acabar en tragedia. “Regularmente hacíamos prácticas de tiro con las baterías. Las cuatro que estaban en la cumbre, la I-7, y las dos de la I-6 que estaban más abajo. Resulta que en la de abajo lanzaron un proyectil sobre la barca que servía de diana pero se les olvidó quitar la tapa. Se dieron cuenta cuando fueron a limpiar el cañón. Menos mal que el proyectil no llevaba la carga explosiva. La tapa salió disparada y cayó en las rocas, muy cerca de donde estaba pescando un vecino”, cuenta De la Cruz quien como experimentado pastor sabe que no se puede perder de vista al ganado, o en este caso la tapa.

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