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en el partido ante el celta

El Athletic cambia de registro a tiempo

Desde el K.O. en Europa ha recobrado un protagonismo en el juego que le permite ganar bien en casa y fuera

José L. Artetxe - Martes, 2 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Iñaki Williams supera en banda a Fontás, defensa del Celta.

Iñaki Williams supera en banda a Fontás, defensa del Celta. (Foto: Pablo Viñas)

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Iñaki Williams supera en banda a Fontás, defensa del Celta.

Bilbao- “Marcar territorio desde el principio” fue la expresión empleada por Ernesto Valverde para describir el tipo de partido que pidió a sus jugadores que hiciesen en Balaídos. No cabe duda de que estos cumplieron a rajatabla una consigna que traducida al lenguaje futbolístico consiste en marcar la pauta del juego. Y ello equivale a llevar la iniciativa desarrollando una presión fortísima muy arriba a fin de arrebatarle el balón al rival y quedárselo para sí. En otras temporadas, a esta propuesta se le denominaba ser protagonista, idea que el Athletic abrazó en la etapa de Marcelo Bielsa para romper de raíz con el tipo de propuesta de su antecesor en el cargo. Cuando Valverde tomó el testigo del argentino, no hizo sino apuntalar dicha concepción del juego, el Athletic continuó rechazando la especulación y miraba siempre la portería rival.

Valverde realizó su particular aportación técnica, lo suyo no fue simple seguidismo pues articuló medidas para subsanar determinadas convicciones de Bielsa que convertían muchas actuaciones en auténticos ejercicios de funambulismo. En definitiva, dotó al equipo de recursos que favorecían el equilibrio táctico sin renunciar cada tarde a la búsqueda de los tres puntos. En las últimas temporadas el Athletic se ha labrado una buena fama, pero no únicamente porque ha sido capaz de ofrecer una imagen atractiva a los ojos de sus seguidores. Esforzándose por cultivar ese protagonismo ha competido a un nivel muy elevado, como certifica su constante presencia en Europa.

De nuevo se halla en el camino para rubricar la liga colocado entre los mejores. Los resultados obtenidos en la segunda vuelta y las sensaciones que está acumulando le otorgan muchas probabilidades a falta de tres jornadas. Este sería el comportamiento habitual del equipo con Valverde: los mayores problemas se concentran en la fase previa al ecuador del campeonato y luego su fiabilidad aumenta. Es evidente que combinar diversos frentes, que suele ser una tónica desde el verano hasta enero o febrero, pasa su factura y cuando la plantilla se libera del peso que implica diversificar esfuerzos, se comprueba que aún posee combustible de sobra para rendir con garantías.

La excepción fue el primer curso del técnico, donde sin competición continental la andadura fue muy lineal de principio a fin: 36 puntos en la primera vuelta y en la segunda, 34, perdiendo solo tres citas para alcanzar el récord histórico de 70 puntos. Marca que podría superar si vence a Alavés, Leganés y Atlético de Madrid, dejándola en 71. Sin embargo, a lo largo de la presente campaña el funcionamiento del grupo ha generado incertidumbre y, en alguna fase, inquietud. No estaba tan claro que se asistiría a lo que viene ocurriendo desde que se consumó el adiós a la Europa League. La inesperada y dolorosa eliminación ante el Apoel Nicosia establece un antes y un después. Previamente a la misma, anduvo el Athletic aferrado al factor San Mamés para subsanar una paupérrima trayectoria en los desplazamientos, con la particularidad de que desde diciembre empezó a sufrir seriamente para resolver los compromisos caseros, alternando las remontadas y los golpes de fortuna.

MejoríaHace unas semanas, Valverde despachó los casi seis meses consumidos sin ganar fuera hablando de “esa pequeña estadística”. Se refería a un dilatado período en que el Athletic que viajaba era una sombra del que el socio veía desde su localidad;un tiempo donde su fútbol no guardaba conexión con el mentado afán de protagonismo y sucumbía sin remedio. Estuvo el Athletic meses varado en la séptima posición, aunque sin opciones de escalar y sembrando dudas razonables que desembocaron en el batacazo frente a los chipriotas, una consecuencia casi lógica de lo hecho en la fase anterior encuadrado en un grupo de lo más asequible. A la vuelta de la desgraciada excursión a la isla, empezó a apreciarse una evolución, un cambio de actitud. Fue en el Sánchez Pizjuán donde por fin apareció un Athletic valiente, detalle que compensó la inmerecida derrota encajada por lo que tenía de buen augurio. Desde entonces, ha habido cinco salidas más que han significado la suma de doce puntos.

Esa mejora sustancial ha tenido su prolongación en San Mamés, que al igual que en la primera vuelta ha seguido siendo inexpugnable. Únicamente el Real Madrid le ha arrebatado puntos, pero ha regresado el juego convincente de manera que las victorias han estado exentas de apuros, fruto de una superioridad, un control de los duelos que se añoraba. El equipo ha recuperado el gusto por gobernar sus compromisos. Utiliza el balón para defenderse y sobre todo para atacar más. Vuelve a ser protagonista y es obvio que le beneficia.

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