La otra mirada

El árbol y el bosque

Por Nekane Lauzirika - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:03h

o las curvas y quebradas en nuestro lineal avance científico y social. La Fundación para Ciencia y la Tecnología-FECYT recientemente ha publicado su octava encuesta bienal sobre la percepción social de la Ciencia, donde se pregunta a los encuestados acerca de su interés por la ciencia. Conociendo los habitualmente mediocres resultados en Ciencias de los alumnos de la ESO en pruebas estándar como PISA, cabe decir que los datos de la encuesta permiten sacar algo de pecho: el aprecio por la ciencia ha subido desde el 6,9% en 2004 al 16,3% en 2016 y el presupuesto en I+D+i del pasado año ascendió un 4,1%. Aleluya, pero menos, porque una cuarta parte de la población sigue creyendo en fenómenos paranormales, horóscopos, cartas astrales, confían su salud a curanderos, o a números mágicos y amuletos de la suerte, y un 15% tiene fe ciega en poderes sobrenaturales. Para mayor reflexión tenemos un 60% afirmando que la acupuntura funciona y un llamativo 53% que confía en la eficacia sanadora de los productos homeopáticos, aunque cuando no son perjudiciales como mucho son buenos placebos. Avanzamos pero lentos, porque cuatro siglos después de Galileo un 12% de la población no sabe a ciencia cierta si la Tierra rota alrededor del sol o viceversa, y un 45% desconoce que los antibióticos curan infecciones bacterianas, aunque los tomen con frecuencia. Claro, es cierto que se puede vivir sin saber ambas realidades científicas y caminar avanzando como el cangrejo.

Tal vez sea por esto que, por ejemplo, muchos exigen a los médicos antibióticos para cortar una infección viral como un catarro;o que el 30%, de la población tome alimentos sin gluten, aunque solo el 1% de la ciudadanía sea celíaca, ¿moda, esnobismo…?, asumiendo de paso riesgos innecesarios añadidos como la diabetes. Quizá porque no sepan qué es el gluten, ni ser celíaco, ni cómo informarse sobre ello.

El árbol florido del interés declarado por la ciencia puede que nos oculte la realidad de su desconocimiento entre nosotros, como lo manifiesta ese 45% que reconoce haber recibido mediocre o baja educación científica y técnica. Algo que la secretaria de estado para la educación traduce por libre: “queremos una sociedad formada, cómplice consciente con las decisiones que se tomen sobre ciencia”.

Por eso mismo sorprende gratamente la concesión del premio Pello Sarasola al programa de ETB El lector de huesos, más aun titulándose así;porque de titularse Bones parecería tener mejor caché científico y mayor gancho escénico. Pero que un programa con la genética junto con la ciencia y técnicas forenses como protagonistas tenga tanto éxito da a entender que el interés por la ciencia va en aumento entre nosotros. Quizá sea porque ese 55% restante ya vea el bosque detrás del árbol. Esperanzador. No sólo van a ser noticia los energúmenos dando patadas en la plaza Nueva.

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