Mikel Urrutikoetxea, pose de emperador

Mikel Urrutikoetxea domina con holgura su duelo de cuartos de final del manomanista ante Joseba Ezkurdia y completa un duelo casi inmaculado

Igor G. Vico - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Volea de Urrutikoetxea en un partido del Parejas. Fotos: Gorka Estrada

Urrutikoetxea.

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Volea de Urrutikoetxea en un partido del Parejas. Fotos: Gorka Estrada

Duración: 53:17 minutos de juego.

Saques: 5 de Urrutikoetxea (tantos 6, 11, 13, 19 y 22) y 1 de Ezkurdia (tanto 2).

Pelotazos: 256 pelotazos en juego.

Tantos en juego: 10 de Urrutikoetxea y 10 de Ezkurdia.

Errores: 2 de Urrutikoetxea y 7 de Ezkurdia.

Marcador: 1-0, 3-1, 3-3, 4-3, 8-4, 9-4, 9-5, 11-6, 12-7, 16-8, 17-10, 20-11, 21-13 y 22-13.

Botilleros: Ejercieron de botilleros Pablo Berasaluze (con Mikel Urrutikoetxea) y Juan Martínez de Irujo (con Joseba Ezkurdia).

Apuestas: Se cantaron de salida posturas de 100 a 70 a favor de Ezkurdia.

Incidencias: Partido correspondiente a cuartos de final del Campeonato Manomanista de Primera de la LEP.M disputado en el frontón Bizkaia de Bilbao. 800 espectadores.

Bilbao- Mikel Urrutikoetxea dibujó ayer en el Bizkaia de Bilbao su pose de emperador. Sacó a relucir su mejor cara en el duelo de la incertidumbre del debut en el Manomanista. En el envite ante Joseba Ezkurdia lo hizo prácticamente todo bien, quitando ciertos momentos de duda generados por la velocidad en la toma de las decisiones. El vizcaino porta entre los hombros la sensatez de un ordenador. Lenguaje binario para un deporte redondo. Orden en el caos. Visión pragmática de los problemas. Señor Lobo: soluciones para cualquier entuerto. Mil razones. En el mano a mano contra un adversario como Ezkurdia, potente, serio, peleón, un currante, destacaron las posibilidades de su propuesta, el fondo de armario, la capacidad de encontrar atajos o desmantelar ecuaciones complicadas. Visión global, alma de navaja suiza, manos de dinamita, martillo pilón.

En cualquier caso, en la perfección de un trayecto sólido, con la sensatez de un guion sin fisuras, sin necesidad de un final enrevesado o de un giro dramático, con el paso a paso de la maquinaria pesada o de un diapasón, se crece la siempre bella potencia de sus dos manos: brillo a raudales. Y, de nuevo, la fortaleza de dos columnas dóricas que lleva por piernas. El espigado delantero de Zaratamo, el tallo, el junco, alimenta los cimientos de su camino desde el suelo, desde su encuentro con la pelota y la frescura del aliento largo. La cuestión a observar es la progresión de su camino: cada vez más incisivo, más entero, más superior. Figura de dominador. Puño en la mesa. Uno tras otro. Quizás ante el adversario más complicado que le podía llegar desde los octavos de final, exceptuando el siempre peligroso Aimar Olaizola, expuso sensaciones de altura importante. Fue un aquí estoy yo. Un zarpazo al campeonato. Físicamente: un gigante.

Con el triunfo de ayer, solvente y justo, construido desde el saque y por el acierto ante una hoja de ruta más rígida, la de Joseba, Urrutikoetxea se metió por quinto año consecutivo en las semifinales del Manomanista de Primera, hito al alcance de los tocados por las musas. En la antesala de la pelea por la txapela, el vizcaino se enfrentará a Oinatz Bengoetxea, quien dio una exhibición el sábado ante Olaizola II en el Labrit de Iruñea y, en vena, puso su nombre entre las bolas calientes en busca del cetro. La semifinal, que se celebrará el 13 de mayo en La Bombonera, será de altos vuelos y la cuarta contienda de tamañas características en las que se verán las caras, todas en el mismo escenario: en el Manomanista de 2015 ganó el leitzarra por 22-7, en el Cuatro y Medio de 2016 venció el navarro por 22-21 y en el de 2015 fue Urruti el triunfador (22-18). De cualquier modo, se avecinan curvas.

Se agigantó Urrutikoetxea desde las entrañas del frontón Bizkaia con una cuestión cruel e hipnótica: hace lo difícil fácil. Por ello y por la incomodidad de Ezkurdia, el zaratamoztarra no tuvo que transitar por la cuerda floja del remate visceral salvo en contadas ocasiones y supo exprimir sus virtudes. Sobre todo, la pegada y la facilidad para alargar el pelotazo en labores defensivas. Con ello, con el golpe cruzado de derecha, metió en problemas al voleísta de Arbizu, peligroso por la violencia de su pelotazo, pero sin efectividad desde el primer disparo y en el cambio de perspectivas. Le cuesta moldear la adversidad. Físicamente dotado de un músculo bestial, se cuadró demasiado en el dos paredes. Una sola fe. Monoteísta. Mikel: políglota en el debate, armado hasta los dientes, se tradujo en superioridad. Tierra quemada.

El dominio del luminoso fue colorado en todo momento y solamente se registró una igualada, en el tercer cartón. Hasta ese momento hubo debate y poder -del 3-0 al 3-3-. Ezkurdia no hizo daño con el saque y el vizcaino y se vino arriba. Tras el abrazo, sacó el desatascador Mikel, un dos paredes de volea estupendo con el que rompió el dominio del de Sakana, potente. Un gancho en el tercer pelotazo y un saque efectivo dieron aire al vizcaino: 6-3.

El 7-3 fue un prodigio defensivo de Urrutikoetxea. Mayúsculo, el de Zaratamo agarró un dos paredes en las tablas, una dejada en el txoko, otro dos paredes y otra dejada y terminó con una descolgada de artista, de las de antes. Pose de torero en medio del albero. Manos al aire. Público en pie. Puerta grande. Volvió a sumar con un gancho y una volea y puso cinco tantos de distancia. Tras eso, Ezkurdia asomó desmadejado, con problemas para encontrarse. Sumó demasiados errores y no restó. Mikel se agrandó. 16-8. Sin apenas borrones, cuestión capital, se proclamó dueño y señor de la eliminatoria.

Ezkurdia pudo cuadrarse en busca de la reacción por la velocidad de su volea. Dos carambolas le pusieron en alerta y maquillaron las distancias. Una dejada rápida de sotamano, bien ejecutado, colocó el décimo cartón azul. Entonces, Urrutikoetxea se preparó para los últimos estoques. Serio, volvió a gozar desde el saque y el timón le hizo escaparse 20-10. Un gancho a bote y dos voleones rompieron la placidez del decorado, pero cerró el vizcaino con un pelotazo arrimado y el quinto saque de la tarde.

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