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El saqueo de Balaídos

El Athletic zarandea sin contemplaciones a un Celta de circunstancias gracias a un alarde de convencimiento que sin embargo tuvo una insuficiente plasmación en el marcador

José L. Artetxe - Lunes, 1 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Raúl García celebra con el índice en el aire el primer gol de anoche en Balaídos. Reportaje fotográfico: Pablo Viñas. Enviado especial a VigoVER GALERÍA

Raúl García celebra con el índice en el aire el primer gol de anoche en Balaídos. Reportaje fotográfico: Pablo Viñas. Enviado especial a Vigo

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CELTA: Sergio Álvarez, Lemos, Sergi Gómez, Fontás, Roncaglia, Marcelo Díaz, Wass (Min. 62, Pape Cheikh), Jozabed (Min. 80, Señé), Bongonda, Hjulsager (Min. 70, Guidetti) y Beauvue.

ATHLETIC: Kepa, De Marcos, Yeray, Laporte, Balenziaga, San José, Beñat (Min. 78, Mikel Rico), Lekue, Raúl García (Min. 82, Iturraspe), Muniain (Min. 84, Aduriz) y Williams.

Goles: 0-1: Min. 35;Raúl García. 0-2: Min. 50;Raúl García. 0-3: Min. 83;Mikel Rico.

Árbitro: Fernández Borbalán (Comité Andaluz). Amonestó a Fontás por parte del Celta de Vigo, y a Laporte por parte del Athetlic.

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésimo quinta jornada de LaLiga Santander disputado en el estadio municipal de Balaídos ante 17.230 espectadores, entre ellos más de 2.000 seguidores rojiblancos.

Incontestable éxito del Athletic en el campo del Celta. Con diferencia su victoria a domicilio más contundente en la forma y en el fondo, haciendo gala de una insultante superioridad, y la cuarta que suma de forma consecutiva para sostener el durísimo pulso que están planteando Villarreal y Real Sociedad. No hubo color. Desde un inicio la ambición del equipo de Ernesto Valverde impidió cualquier tipo de réplica y el discurrir de los minutos sencillamente fue abriendo un abismo entre los contendientes. Nadie tiene la culpa de que el rival compareciese con una alineación de circunstancias porque tiene la cabeza en otra competición y aunque sin duda ello podía ser una concesión excesiva, por si acaso el Athletic cumplió con su cometido y machacó a su oponente sin contemplaciones, mostrando en todo momento una encomiable aplicación. No dejo ni las migas al Celta, lo quiso todo y con todo se quedó. Suyos fueron el balón, el terreno de juego, la iniciativa, los goles, la intensidad, la constancia y la seriedad. Los tres goles que subió a su casillero son el pálido reflejo de una actuación muy completa que desfiguró definitivamente a un rival que había salido del vestuario con una fisonomía poco reconocible.

Todavía en el primer período el Celta intentó cosas y hasta consiguió visitar un par de veces a Arrizabalaga, ambas malogradas por la impericia de Bongonda. El hecho de que encajase un único gol contribuyó seguramente a que mantuviese viva la esperanza, pese a que por muchas razones la totalidad de las sensaciones positivas se las repartieron en exclusiva quienes vestían de rojo y blanco. A partir de que Raúl García alojase su segundo remate en la red de Sergio Álvarez puede afirmarse que ni siquiera hubo partido. La lectura de lo sucedido desde la perspectiva opuesta sería algo así como que el Athletic saltó al césped convencido de que tenía que meterle tralla al choque, algo que fue haciendo sin pausa, subiendo las revoluciones paulatinamente sin reparar en el marcador. Meter el primero no le calmó, perseveró, siguió percutiendo y tampoco cuando llegó el segundo, que se hizo esperar demasiado, se conformó, por lo que el asunto derivó en un meneo considerable, con el Celta absolutamente desanimado y roto. Prácticamente los locales no asomaron en ataque, en realidad ni osaron atravesar la línea divisoria.

Celta y Athletic han ofrecido encuentros disputados, vistosos, en ocasiones aderezados por la tensión que genera la coincidencia en el objetivo propuesto. Ayer se rompió dicha tendencia. Uno, el Athletic, fue amo y señor en cada faceta del juego, mientras el otro, el Celta, experimentó una impotencia supina y se retiró a la ducha con la mirada perdida, consciente de haber sido vapuleado ante su afición. Al descanso, el solitario gol de Raúl García, nacido en un córner, se antojaba corto a tenor de lo atareado que estuvo Sergio, el elemento más importante de un Celta incapaz de asimilar el ritmo que estableció el Athletic. Agresivo y directo, logrando múltiples robos en zonas desde donde la posibilidad de proyectarse y pisar área resultaba más sencilla, el cuadro visitante orientó el partido a su conveniencia.

Hubo de inicio un ratito de tanteo, pero también entonces se percibió el desigual nivel de fe. Y salvo un breve tramo que precedió a la media hora de partido, en que Jozabed se retrasó para favorecer la salida de la pelota, el Athletic acaparó el control y el peligro. Sin posibilidad de cultivar la posesión y con demasiados hombres no habituales, el Celta sufrió en todas sus líneas, zarandeado por un dinamismo que se expresaba en una presión implacable y desdoblamientos en los que participaban todos salvo Arrizabalaga. Buscaba con brío el equipo de Valverde tomar la delantera con Williams, que se hartó de dejar en evidencia a sus vigilantes, avanzado y Raúl García cerca, para rebañar lo que cayera en el área, como luego haría. Beñat y San José colonizaron la zona ancha, apoyados en los laterales, dos resortes, con Muniain picoteando y Lekue insistiendo, pero sin tino a la hora de poner el centro.

UNA APISONADORATodos los citados corriendo lo indecible, apabullando a los chicos de Berizzo, que se afanaban en no desviarse del librillo del argentino y no terminaban de ligar tres pases seguidos. Acertó por fin Raúl García, en su papel del más listo de la clase, y Williams erraba a continuación el segundo cara a cara con el portero. El palo escupía su derechazo. El panorama era aterrador para el anfitrión, nada podía evitarle una paliza sin una transformación radical de la contienda que no se produjo. La culpa fue del Athletic, que se negó en redondo a soltar la pieza que había maniatado y alcanzó el tiempo añadiendo sin alterar un ápice su actitud. Al margen del acierto o la inspiración con que adornó sus intervenciones, siendo una estimable cantidad las de carácter ofensivo, lo mejor que hizo, la auténtica clave de su estupendo triunfo, fue que funcionó como una apisonadora. Siempre firme, sin darse un respiro hasta aplastar al enemigo.

La disposición del equipo es sin duda el aspecto más relevante, lo que explica el saqueo de Balaídos, cuya rúbrica corrió a cargo de Mikel Rico, aprovechando una poderosa arrancada de Lekue desde su campo. Hubo un puñado de aproximaciones antes que perfectamente pudieron elevar la cuenta, pero el insultante dominio ejercido minimizaba los detalles puntuales, incluso la omisión del árbitro en el derribo de que fue objeto Williams en el instante en que iba a fusilar a Sergio en el área chica. Por cierto que este lance estuvo precedido de un turno de posesión que rozó los tres minutos, indicativo del cariz que tomó el partido con el 0-2. El Athletic avanza con paso firme, Balaídos lo puede atestiguar.

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