Con la venia

Nostalgia de cuando mandaban

Por Pablo Muñoz - Domingo, 30 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:04h

lo de Cualquier tiempo pasado fue mejores un proverbio, más que nostálgico, retrógrado, y argumento que siempre ha gustado a las gentes muy de derechas y reticentes al progreso. Adictos a esa perla del refranero abundan en el sector más reaccionario que siempre ha mandado o pretendido mandar en Nafarroa, y que la voluntad popular mayoritaria he relegado a la oposición. Furiosa, enrabietada, provocadora, tramposa, pero oposición.

Si no fuera porque en el intento hay un fondo de fobia y de revancha, resultarían chuscas las cábalas que maneja la página Navarraconfidencial.com para dar con la fórmula numérica necesaria que “desaloje al nacionalismo” del Gobierno foral. Desde que el cuatripartito de progreso logró acabar con el régimen tras dos décadas de caudillaje de UPN, la web cavernícola que mantiene la derecha más extrema en Nafarroa no ha cesado de arremeter contra el Gobierno del cambio en un recorrido provocador, acompasado por el periódico hegemónico. Rumores, excesos, insinuaciones, mentiras como puños... todo vale para desgastar a un Gobierno que aborrecen. Ellos nunca se desmienten, nunca rectifican, nunca jamás, ni un paso atrás, todo vale para “echar a los vascos del poder”.

Y por si fuera poca la maledicencia, el confidencial de marras hace un ejercicio de aritmética apoyando la propuesta de Ana Beltrán, presidenta del PP navarro: se puede “desalojar al nacionalismo” y lograr la mayoría absoluta sumando los escaños de PP, UPN, PSN y Ciudadanos en coalición electoral. Más aún, reconociendo que esa opción sería un suicidio para los socialistas navarros, la web constata que también sería matemáticamente posible esa mayoría con el simple apoyo externo del PSN.

El Gobierno navarro del cambio está resistiendo al fuego de la caverna política, tan acostumbrada a mangonear que no ve que su tiempo ya pasó

Para bajarles los humos a estas cábalas, hay que tener en cuenta que, a pesar de que da la sensación de que el cuatripartito del cambio lleva mucho más tiempo en ejercicio y recibiendo embestidas de la caverna, aún no ha llegado al ecuador de la legislatura y faltan aún dos años para nuevas elecciones. Hay que constatar, también, que el redactor de esas conjeturas electorales basa su ejercicio matemático en los resultados obtenidos por los partidos sumandos en 2015, dato que de ninguna manera parece que vaya a modificarse al alza en el próximo futuro.

Es patética la propensión de la derecha navarra al anacronismo, al anclaje en las glorias pasadas, dudosas glorias amasadas en el abuso de poder, en el rencor, en el pillaje y en el golpismo. Y como creen mejor cualquier tiempo pasado, apelan a la vuelta al viejo régimen de UPN bajo la fórmula de gran coalición PP, UPN, PSN, ese régimen del clientelismo, el caciquismo, la discriminación y el enfrentamiento social.

Y si el PPN tienta a UPN con el frente amplio, esa modernidad en la que se disfraza la derecha de siempre, ahí les tenemos juntos, en obsesiva mirada atrás, en la glorificación del franquismo en la figura del golpista por partida doble, el general Sanjurjo. En cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica y de acuerdo con la familia, los restos de Sanjurjo fueron exhumados y retirados del Monumento de los Caídos, medida a la que se opusieron UPN y PPN porque les importan un pimiento los cientos de cadáveres de navarros asesinados por los partidarios del general y aún sin aparecer. No son sus víctimas, claro. Los mismos, UPN y PPN, aplaudieron el agresivo anacronismo de que los restos del general golpista reincidente fueran enterrados con honores militares, cornetines, banderas y asistencia de autoridades civiles en Melilla. No se les ha apartado la mirada, en ningún momento, de la gloriosa Cruzada, de la bambolla y de la fanfarria de los vencedores.

Esta extrema derecha navarra hubiera asistido encantada, sin pestañear, a la antigualla provocadora del brazo en alto, las camisas azules, los correajes, el Cara al Sol, los ¡Arribas! a Franco, a José Antonio, a la España Una, Grande y Libre en la que siguen creyendo los que sueñan con esa gran coalición a la navarra. Hubieran tenido vela en el entierro del falangista Utrera Molina, exministro del dictador, ese aquelarre de provocador desprecio a las víctimas al que no se ha asomado ningún fiscal para empapelar a los asistentes.

El Gobierno del cambio en Nafarroa que preside Uxue Barkos, afortunadamente, está resistiendo al fuego graneado que un día sí y otro también le está dedicando la caverna política y mediática, tan acostumbrada a mangonear en su cortijo que aún no se hace a la idea de que su tiempo ya pasó.

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