Arte sobre seguro

Reunir a 33 maestros del expresionismo abstracto es un esfuerzo de titanes. El Guggenheim presenta la muestra con las obras de más valor de su historia: 2.000 millones. Los seguros absorben la cuarta parte del presupuesto de la exposición

Un reportaje de Maite Redondo - Domingo, 30 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:05h

Montaje de la exposición sobre expresionismo abstracto, que presenta el Guggenheim hasta el 4 de junio. Arriba, Serra supervisando el montaje de sus esculturas.

Montaje de la exposición sobre expresionismo abstracto, que presenta el Guggenheim hasta el 4 de junio. Arriba, Serra supervisando el montaje de sus esculturas. (Guggenheim)

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Montaje de la exposición sobre expresionismo abstracto, que presenta el Guggenheim hasta el 4 de junio. Arriba, Serra supervisando el montaje de sus esculturas.

el Guggenheim Bilbao reúne la mayor muestra europea sobre expresionismo abstracto desde 1959. Una colosal exposición coproducida por la Royal Academy de Londres, que se ha convertido en una de las citas artísticas más interesantes del panorama internacional. Pero el espectador que se coloca frente algunos cuadros de estos artistas norteamericanos ni siquiera puede llegar a imaginar todo lo que conlleva poder traer a Bilbao las obras de Willem de Kooning, Mark Rothko, Jackson Pollock, Clyfford Still o Robert Motherwell.

Reunir a 33 artistas y más de 130 pinturas, dibujos, fotografías y esculturas, muchas de ellas de dimensiones extraordinarias, procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo, es un esfuerzo de titanes que difícilmente volverá a suceder en mucho tiempo. La celebración de exposiciones temporales irrepetibles, como la que muestra en la actualidad el Guggenheim, es posible no sólo gracias a la compleja planificación de la muestra durante años, sino también a la adopción de las más altas medidas de seguridad que salvaguardan la integridad de la obra durante su manipulación, embalaje, transporte y exhibición. Además, por supuesto, del compromiso de que al propietario se le asegure que será debidamente compensado si le sucede algo a su obra. En la exposición, hay bastantes cuadros que están valorados cada uno en más de 100 millones de euros.

Los costes de aseguramiento absorben cerca de una tercera parte del presupuesto de una muestra museística. “Hasta Francis Bacon: de Picasso a Velázquez,nunca habíamos tenido una exposición con tanto valor en el museo, porque superó los 1.000 millones de euros, y eso había que asegurarlo. Pero, ahora se ha duplicado. El Expresionismo abstracto está en torno a un valor de 2.000 millones, que es de lejos la exposición en la que hemos tenido que afrontar, desde el punto de vista de aseguramiento, un riesgo mayor”, explica Daniel Vega, subdirector de Organización de Contenidos Artísticos del Guggenheim Bilbao.

Para hacer realidad esta muestra, que se ha expuesto también con gran éxito en Londres, han sido necesarios muchos años de planificación, de conversaciones con distintas instituciones artísticas norteamericanas y coleccionistas particulares que atesoran las obras de estos creadores y lograron que se las prestasen para la ocasión. En este caso, la solicitud de préstamos ha corrido a cargo de la Royal Academy.

El caso más difícil de conseguir fue el del Museo Clyfford Still de Denver (Estados Unidos), que alberga las obras del pintor del mismo nombre y uno de los principales referentes del fenómeno pictórico. Gracias a su cesión, en Bilbao se pueden ver nueve obras fundamentales de este pintor que nunca antes se habían contemplado fuera de Estados Unidos.

“Cuando planificamos la exposición, una de las cuestiones que analizamos, lógicamente, fue cuál era el valor de las obras de arte, porque esto tiene muchas implicaciones: aseguramiento, seguridad, cómo se plantean los proyectos, la logística... Cada exposición es un proyecto diferente, por lo que los costes son distintos. En el caso de Bacon y en el del Expresionismo Abstracto han supuesto un mayor coste las cuestiones logísticas, el embalaje, el transporte, y también el seguro. Bacon es un artista muy cotizado en el mercado del arte, al igual que los representantes del expresionismo abstracto. En otras exposiciones, como la que llegará en el otoño dedicada a Bill Viola, a nivel de transporte, los costes son mínimos”.

En el contrato de renovación de la colaboración por otros 20 años más entre la Fundación neoyorquina y el Guggenheim Bilbao, suscrito en 2014, también se acordó impulsar nuevas iniciativas con el objetivo de lograr sinergias en la operativa que beneficien a ambas instituciones, tales como la cooperación en una póliza global de seguro de obras de arte. De esta manera, el museo bilbaino se beneficiará de ello en la exposición París, fin de siglo: Signac, Redon, Toulouse-Lautrec y sus contemporáneos,que se abrirá en mayo;y que el año que viene se presentará junto con una selección de la colección Thannhauser de los fondos del Guggenheim de Nueva York.

Pólizas a todo riesgo

Se trata de un mercado muy especializado y las pólizas de seguros son muy completas. “Se suelen denominar, clavo a clavo, es decir, que el cuadro está asegurado desde que se descuelga de la pared en donde está colgado, hasta que se cuelga en nuestra galería, y posteriormente, hasta que vuelve a su lugar de origen”, explica Daniel Vega.

En este caso, la Royal Academy de Londres no ha tenido prácticamente coste de seguros en esta exposición, “ya que ellos tienen la fortuna de contar con la Garantía del Estado inglés. A pesar de que es una institución con una gestión privada, se puede beneficiar del seguro público. En cambio, nosotros, tal y como está planteada la ley en España, no podemos. Básicamente, se aplica a los museos públicos, o a los que tienen un grado de participación del estado, como el Prado o el Reina Sofía. Hay una gran desventaja con el museo inglés, que también se da con otros museos europeos, como el Pompidou, que no tienen que asumir gastos de seguro”, apuntan desde el Museo bilbaino.

El Guggenheim tiene también asegurada la colección propia, adquirida a lo largo de los 20 años de vida que tiene el centro expositivo bilbaino. “Nosotros tenemos la responsabilidad de exhibirla, de mantenerla y de divulgarla, por lo que consideramos que tiene que estar asegurada. Tenemos una póliza de primer riesgo”.

El Guggenheim es un museo seguro. Así lo entienden las aseguradoras. “Existe una total transparencia, se facilita toda la información necesaria para que comprueben nuestra manera de trabajar, medidas de seguridad, plan de actuación preventivo... Ha habido varias auditorías externas, nos han visitado expertos externos de seguridad, que siempre te pueden aportar algo. Los resultados que hemos obtenido son muy buenos, por lo que de alguna manera, también se utiliza para reivindicar un reconocimiento en las primas que nos plantean. Estamos obteniendo tasas muy buenas, porque saben que dar cobertura al Guggenheim es un negocio seguro, que no arriesgan, porque se trabaja muy bien. Nuestro historial es impecable”.

Traslado

El Museo se encarga del transporte para lo que se selecciona una empresa especializada, con camiones que se utilizan solo para el traslado de piezas de arte, con sistema de amortiguación especial, control de temperatura y humedad adecuadas, sistema de geolocalización por GPS, que permite saber dónde están las obras en todo momento...

Para la exposición actual, se han traído hasta la capital vizcaina varios cuadros enrollados “debido a que por su gran tamaño no ha habido otra opción. Han sido varias obras procedentes de la Fundación Clyfford Still, que además era la primera vez que salían de Denver”, asegura Vega.

Normalmente, llegan por tierra o por avión, acompañadas de correos, personas que no se separan de las obras en ningún momento. “Las que tienen formato más pequeño, suelen llegar vía Madrid en aviones de pasajeros, pero la mayoría llegan en barcos o en cargueros. Caso aparte fue el complejo traslado de las siete monumentales esculturas de Richard Serra;y el transporte de los fondos de la colección de Nueva York para la exposición inaugural. Según recuerda Daniel Vega, se tuvo que contratar un Antonov, el avión más grande del mundo, para traerlas al museo. Fue la primera vez que un avión de estas caracteríçsticas aterrizaba en Loiu.

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