Uribe-Txorierri-Mungialdea

José, una vida sobre dos ruedas

El gatikarra José Etxebarria recibe hoy un homenaje a cargo de la agrupación Moto Clásica Bizkaia

Se recordará su gesta de 1959, cuando completó con su Lube la carrera Bilbao-Málaga-Bilbao

Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:02h

José Etxebarria, en el caserío Txoñe de Gatika, junto a su inseparable y cariñosa perra ‘Laika’.

José Etxebarria, en el caserío Txoñe de Gatika, junto a su inseparable y cariñosa perra ‘Laika’.

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José Etxebarria, en el caserío Txoñe de Gatika, junto a su inseparable y cariñosa perra ‘Laika’.

Carlos Zárate

Gatika- Una veleta situada en lo más alto del caserío Txoñe, junto a las fértiles laderas del barrio Igartua de Gatika, pobladas de viñedos y árboles frutales, llama la atención sobre el resto del paisaje. Su silueta permite reconocer una motocicleta y un caballo. “Antes de tener mi primera moto andaba a caballo y gané muchas pruebas por Gatika y alrededores”, desvela José Etxebarria (Gatika, 1925), un vecino ilustre que ha dedicado buena parte de su vida al cultivo de frutales y a recorrer las diferentes ferias agrícolas de Euskadi. Sin embargo, anteriormente a esto, José ya era conocido por otra faceta. “Era el practicante titular de Gatika y Laukiz”, indica. Su trabajo le obligaba a trasladarse de un lado para otro para poder ayudar a sus vecinos. “Tenía que llegar a todos los sitios y así es como empecé a andar en moto”, recuerda. Y no lo hizo sobre una motocicleta cualquiera, sino sobre la histórica Lube, conocida como la moto del pueblo por la popularidad que adquirió en la década de los 50 y 60. “Mis hermanos trabajaban en la fábrica de Lube en Lutxana y por eso la compré”, detalla. Su labor como practicante le llevó a adquirir una gran destreza como piloto. “Era muy bueno tomando las curvas. Cuando iba a Bilbao algunos motoristas con motos Bultaco me salían al paso y en las rectas me ganaban pero en las curvas les recuperaba toda la ventaja”, afirma. Su afición por el mundo del motor le llevó a disputar la carrera Bilbao-Málaga-Bilbao, un total de 2.000 kilómetros, en 1959, a lomos de su querida Lube. “Fueron dos noches y un día conduciendo”, rememora.

Una gesta impresionante para este piloto gatikarra que hoy -a partir de las 13.00 horas, en el gaztetxoko- recibirá un merecido homenaje, con motivo de las fiestas de San Marcos, que corre a cargo de Moto Clásica Bizkaia, una agrupación cuyo objetivo es difundir y promover la afición por las motos clásicas. “Le vamos a entregar una placa y un collage con fotos y recortes de prensa de la época que recuerdan aquella gesta”, explica Agustín Heredia, presidente de la agrupación motera.

A sus 91 años -cumple 92 en noviembre-, José dispone de una memoria privilegiada. Se mantiene en forma con ejercicios para mejorar la movilidad e incluso “poda todavía algunos frutales”, detalla su hijo Joseba. Junto a su inseparable Laika, una cariñosa hembra de pastor alemán que le acompaña en el porche de su casa, disfruta leyendo el periódico. Desde ese lugar estratégico puede divisar las carreteras que conectan los barrios de Gatika. Esas que tantas veces recorrió junto a su Lube. “Cada vez que pasa una moto se me dilata la sangre”, apunta. La gasolina corre por sus venas. “En mi vida he tenido tres motos: una Lube, una Lube Renn con carenado y una Peugeot. Las tres eran fantásticas”, detalla José, que no olvida aquella aventura que le llevó a recorrer media España en moto.

a la AVENTURA“Salí un 22 de mayo de 1959 a las diez de la mañana y llegué de noche. Iba con mi hermano Pedro pero rompió el cigüeñal y no pudo seguir. Le estuve esperando 45 minutos en Aranda de Duero y perdí mucho tiempo”. A partir de ahí rodó en solitario. “Una vez pasado Madrid, la carretera a Andalucía era adoquinada y la moto botaba muchísimo”, recuerda. Hasta llegar a Málaga no probó bocado y solo paró para repostar. “Al llegar me comí una naranja”, apunta.

Si la ida fue una aventura, la vuelta lo fue más. “Rompí la horquilla de la dirección y tuve que pedir auxilio en un cortijo. Con un palo y una cuerda de esparto que cogí de unos burros la sujeté e hice 900 kilómetros así. A partir de ese momento solo pensaba en llegar a Bilbao”, reconoce. Tras “dos noches y un día”, regresó a la capital vizcaina en décima posición de un total de 16 participantes. Su gesta quedó plasmada en la fábrica de Lube. “Colgaron el palo que usé de horquilla con una leyenda debajo: Esta es la pata de jamón que se comió en Málaga”.

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