en la Galería de los Gobelinos de París

Tronos y poltronas como signos de poder

Una muestra del diseñador de ascendencia bilbaina Jacques García resume en París la historia en forma de asiento

Un reportaje de María Luisa Gaspar - Miércoles, 26 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Vista de una de las salas de la Galería de los Gabelinos de París que acoge la exposición.

Vista de una de las salas de la Galería de los Gabelinos de París que acoge la exposición. (Foto: Efe)

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Vista de una de las salas de la Galería de los Gabelinos de París que acoge la exposición.

Tronos, sillones, poltronas y un sinfín de asientos principales creados entre el siglo XVIII y el XX brillan desde ayer en la Galería de los Gobelinos de París, donde comienza una exposición sobre el tema escenografiada por Jacques García, estrella nacional e internacional del diseño.

El maestro, nieto de un republicano bilbaino exiliado en Francia, creó un sofisticado ambiente para la muestra Siège en Société. Du Roi-Soleil à Marianne, que reúne hasta septiembre más de 300 asientos históricos propiedad del Mobiliario Nacional francés. Sin seguir un orden cronológico, la exposición revela cómo se sentaron a lo largo de tres siglos algunos de los mandatarios franceses, de Luis XIV a María Antonieta, del presidente socialista François Mitterrand a su ministro de Cultura Jack Lang.

Ilustra igualmente y ante todo el increíble saber hacer de la artesanía del país, subraya García (París, 1947), quien dice a Efe sentir “verdadera fascinación” por los asientos, dado su oficio. Ebanistas, escultores, orfebres de dorado, restauradores, tapiceros, pintores, plateros, bordadores y tejedores, hasta ocho artesanos diferentes intervienen en la creación de uno de esos a veces “pequeñísimos objetos suntuosos”. “Eso es lo que me fascina”, recalca el artífice de la decoración de las salas del XVIII del Louvre, la reestructuración de los apartamentos reales del Palacio Versalles, o de hoteles del lujo como Le Metropole en Montecarlo y La Mamounia en Marrakech. “El Mobiliario Nacional conserva toneladas y toneladas de piezas de ese género, no tan fáciles de presentar (sin aburrir a los no apasionados por el tema)”, explica García.

Poder y fiestaPara ello, tuvo en cuenta que esos muebles fueron pensados como signos de poder, para representarlo, pero también para la fiesta, la convivencia o el transporte, pues su vocación fue siempre la de ser enviados a las diferentes residencias, sedes y embajadas del Estado. Tras una sala inicial con las paredes cubiertas de varios pisos de antiguas carcasas de sillas y sillones de época, la exposición, tenuemente iluminada, se centra en el talento artesano de autores anónimos o celebridades como el pintor Georges Jacob.

La luz natural estalla en la segunda planta para hablar del poder, mientras que la penumbra retorna para evocar la fiesta en un último espacio donde bajo dos grandes carpas antiguas puedan verse algunas de las piezas contemporáneas seleccionadas. El conjunto se rodea de suntuosos parafuegos de chimenea, “objetos desaparecidos hoy de nuestro vocabulario”, de los que se hicieron enormes cantidades entre el XVII y el XIX, “los más bellos del mundo, que ningún ministerio quiere ya tener delante de una chimenea”, resalta.

La muestra se enriquece con un espacio singular, su Carta Blanca, en la que el artista no escatimó juegos de luces, espejos y metáforas para hablar de asientos, arte, cultura y eternidad.

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