Francisco Castejón Físico nuclear e investigador

“Nuclenor no va a reabrir Garoña pero se han sentado unos precedentes muy peligrosos”

Más allá de la decisión que tome mañana Nuclenor con la planta burgalesa, el experto alerta de que el cambio normativo introducido con Garoña “da luz verde a que cualquier central nuclear obtenga a partir de ahora un permiso de renovación por más de diez años”

Una entrevista de Jorge Napal - Martes, 25 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Francisco Castejón, físico nuclear e investigador.

Francisco Castejón, físico nuclear e investigador.

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Francisco Castejón, físico nuclear e investigador.

Donostia- El físico nuclear, investigador y activista antinuclear Francisco Castejón ofrece hoy una conferencia sobre El futuro de las nucleares españolas en el aniversario de Chernobil. La cita, en vísperas de que se decida el cierre o no de Garoña, es a las 19.00 horas en el Museo San Telmo de Donostia.

¿Qué ocurrirá mañana en la reunión del consejo de administración de Nuclenor?

-Iberdrola ha dicho muy claramente que no quiere reabrir Garoña. Aduce motivos económicos que, en realidad, no tienen que ver con los hipotéticos beneficios a superar [220 millones de euros] para que sea rentable. Entrarían en esas cifras en pocos años. Endesa no se ha pronunciado, pero sola no va a salir adelante con Garoña. No va a comprar su parte porque nadie se compra un coche con más de 40 años. Me puedo equivocar, pero la decisión de Nuclenor va a ser que Garoña no se reabre. El motivo real tiene que ver con el riesgo... El riesgo supera con mucho a los beneficios e Iberdrola parece que lo ha visto así.

¿Se refiere a un riesgo económico?

-Sí, es como cuando arreglas una gran avería de un coche viejo pero pasado mañana surge otra de nuevo. Significa más gastos, paralizar el coche [la central], por lo que dejas de recuperar beneficios, lo cual para ellos es un riesgo muy grande.

Para ustedes existen otros riesgos más importantes...

-Sin duda. Como ciudadanos debemos subrayar el gran riesgo que supone un accidente nuclear con escape radiactivo. Garoña está en la cabecera del río Ebro, y un escape que contaminase al río podría contaminar toda la cuenca del Ebro, lo cual supondría una catástrofe económica, ciudadana y ecológica de primer orden. Los vientos podrían arrastrar la actividad radiactiva hacia al norte, afectando al País Vasco.

¿Si se decide no reabrir la central se acabó el problema?

-Desde luego que no. Al margen de la decisión que se tome, solo con la luz verde que le ha dado a Garoña el Consejo de Seguridad Nuclear ya tenemos algo que la industria nuclear quería. Es decir, sentar precedentes, que para nosotros son muy peligrosos. Para dar esa luz verde ha habido que crear dos situaciones novedosas: se ha autorizado un permiso de renovación por más de diez años. Nuclenor pidió permiso para 17 y el Consejo de Seguridad Nuclear le ha dicho que sí. El segundo precedente es que permitiría funcionar a la central hasta los 60 años de vida. Por el camino se ha aprobado mucha normativa de seguridad, pensando no solamente en la prolongación del funcionamiento de Garoña sino en el resto de las nucleares españolas. Es decir, con esta luz verde, aunque Nuclenor no reabra la central, se ha aprobado muchísima normativa que permitirá el alargamiento de las centrales.

De modo que tenemos centrales nucleares para rato...

-Vamos a ver si conseguimos que no sea así, pero desde luego que podría ser.

¿Cómo describiría el actual panorama nuclear?

-En estos momentos tenemos en España siete reactores, sin contar Garoña. La idea del sector nuclear es que sigan funcionando. Para nosotros es una locura, y por eso pedimos que se cierren según expiren los permisos de explotación. Ese es el principal debate, pero no acaba ahí la cosa. La industria nuclear quiere construir también un cementerio nuclear en un pequeño pueblo de Cuenca [Villar de Cañas] a pesar de que los propios técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear han dicho que esos terrenos son inapropiados para semejante obra.

¿Y ustedes que propuesta hacen?

“Se ha aprobado muchísima normativa que permitirá el alargamiento de la vida de las centrales nucleares”

-Hay que establecer un calendario de cierre escalonado de centrales nucleares, y después abrir un debate ciudadano, político y, sobre todo, técnico de cuál es la forma menos mala de gestión de los residuos radiactivos.

Un debate que nunca se llega a abrir. ¿Por qué?

-Hay gente a la que no le interesa debatir sobre todo esto públicamente. ¿Cuál es el futuro de las centrales nucleares? ¿Cuál es el modelo energético que queremos? Según una reciente encuesta publicada por la Federación Española de Ciencia y Tecnología, la mayor parte de la población española se declara antinuclear. El 42% de la población se opone a la energía nuclear, mientras quienes se muestran favorables solo representan un 16%. De ahí que un debate que pudiera conducir a un posicionamiento público sería desfavorable hacia los explotadores de las centrales nucleares. Por eso es tan difícil que se hable de esto públicamente, y mientras no se haga, no se está respetando la voluntad de la mayoría de la población. Los debates públicos se traducen en incidencia política, que es de lo que se trata. Pensamos que a los políticos les pagamos para que tomen nota de lo que piensa la ciudadanía y que se impliquen. Ese llevar a primer término los problemas de la energía nuclear es clave para que la gente a la hora de votar tenga más información de lo que piensa cada cual.

Garoña ni se mencionó durante las elecciones...

-No es ninguna casualidad. Tenemos muchas dificultades para conseguir que se hable sobre energía en los programas electorales. Es algo que me resulta muy difícil de entender, por dos motivos. En primer lugar porque económicamente tiene mucha relevancia. Estamos muy preocupados por el rescate a Bankia, que ha supuesto 25.000 millones de euros, pero según mis cálculos, las subvenciones otorgadas a las centrales nucleares desde 1984 hasta nuestros días pueden superar los 20.000 millones de euros. Estamos hablando de cifras similares.

¿Cuál es el segundo motivo?

-El democrático. Es sorprendente ver cómo se toman las decisiones cuando se habla de centrales nucleares. Se hurta el debate. Hay un ocultismo importante y no creo que sea por casualidad.

¿A qué razones obedece?

-Las centrales amortizadas en el sistema eléctrico español suponen un negocio redondo. Están produciendo unos beneficios que pueden llegar al 70%, por encima de cualquier otra actividad industrial. Los propietarios de las nucleares no tienen ningún interés en que se cierren ni se paralicen, de ahí que sigan muy interesados en mantener los almacenamientos el mayor tiempo posible y ejerzan una tremenda influencia política y económica.

¿Qué ocurre con las centrales nucleares y el cambio climático?

-Ese es uno de los argumentos que el sector nuclear esgrime para defender la energía nuclear. Se argumenta que las centrales no emiten dióxido de carbono, lo que permite luchar contra el cambio climático. Es una tesis que tiene ciertos puntos de falsedad: de entrada, sí emiten dióxido de carbono;y en segundo lugar hay que tener en cuenta que la lucha efectiva contra el cambio climático requiere del despliegue de las energías renovables. Creemos que según se van desplegando las energías renovables habría que ir cerrando las centrales nucleares.

¿En qué fase se encuentra ese despliegue de las renovables?

-Tras experimentar un crecimiento rapidísimo en los años del Gobierno de Rodríguez Zapatero, el Gobierno de Rajoy frenó descaradamente el despliegue, acabando con las primas a las renovables. Introdujo el llamado impuesto al sol, que limitaba seriamente el desarrollo fotovoltaico. España ha pasado de ser un país puntero en instalación de renovables a ser lo que es hoy: una potencia bajita en esta cuestión. La situación no es buena.

¿Qué influencia puede llegar a tener el actual presidente de Estados Unidos en decisiones de carácter medioambiental?

-Desgraciadamente tiene influencia en todos los campos ecológicos. Donald Trump, en contra de como él mismo se presentó, es un firme defensor del status quo. Está defendiendo a los poderes económicos más rancios de su país: el sector petrolero, el del carbón y el nuclear. No va a hacer nada por el cambio climático y lo único que va a hacer es que los nichos de negocio actuales sigan existiendo.

las claves

“Las subvenciones a las centrales nucleares desde 1984 pueden superar los 20.000 millones de euros”

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