Una ayuda imprescindible en el hogar

5.900 vascos dependen de la asistencia personal domiciliaria

Milagros padece atrofia cerebral global. A Josetxo le impide caminar una enfermedad neuromuscular sin diagnóstico. La asistencia personal domiciliaria, que crece a diario en Euskadi, se antoja capital en sus vidas. 5.900 vascos dependen de este servicio

Un reportaje de Jorge NapalFotografías de Gorka Estrada - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:05h

El hondureño Yovani Espinosa asiste todos los días, salvo los domingos, a Josetxo Etxeberria, que padece una enfermedad neuromuscular sin diagnóstico.

El hondureño Yovani Espinosa asiste todos los días, salvo los domingos, a Josetxo Etxeberria, que padece una enfermedad neuromuscular sin diagnóstico. (GORKA ESTRADA)

Galería Noticia

El hondureño Yovani Espinosa asiste todos los días, salvo los domingos, a Josetxo Etxeberria, que padece una enfermedad neuromuscular sin diagnóstico.

JOSÉ Javier sabe que su mujer es una vela que poco a poco se va apagando. A su lado, Milagros sostiene en sus manos una revista que no lee. Parece ausente, aunque comunica con la mirada y se llega a mostrar coqueta mientras su asistenta a domicilio le pinta los labios poco antes de salir a la calle. José Javier le da un beso y la despide. Eukene Luengo, que cuida de ella desde junio de 2014, tira de la silla camino del ascensor. Su marido octogenario tiene claro que quiere atenderla en casa. No dudó de ello desde que comenzó el progresivo deterioro cognitivo de Milagros, y se reafirmó en su decisión cuando la resonancia magnética reveló que padecía una atrofia cerebral global.

A partir de ahí, la asistencia personal domiciliaria se antoja imprescindible. “No quiero internarla en ningún centro. Todas las decisiones sobre su cuidado las he ido tomando yo y se las he ido comunicando después a mis seis hijos. Ella es incapaz de hacer nada ahora mismo. No hay verbalización, pero mi deseo es que sea atendida en casa”, insiste este vecino del barrio donostiarra de Amara, que se levanta del sofá para mostrar la grúa que emplean las asistentas para levantarla de la cama, y otros dispositivos pensados exclusivamente en el confort de Milagros.

No es ningún caso excepcional. Las contrataciones vinculadas a la asistencia personal domiciliaria no dejan de crecer en Euskadi, hasta tal punto que el territorio se ha convertido en un referente en el Estado en el desarrollo de esta ayuda que hace posible atender a los usuarios en sus domicilios.

De las 5.900 personas que se benefician de la Prestación Económica para la Asistencia Personal, 4.800 son guipuzcoanas, un dato que se corresponde con la ampliación de la cobertura a las personas valoradas con el grado de dependencia más bajo, y que a su vez refleja la voluntad de estas personas de ser atendidas en casa.

Es el caso de Josetxo Etxeberria, que a punto de cumplir 75 años no ha perdido un ápice de humor y mantiene una mente muy despierta. El problema es que le fallan las piernas. “Son las rodillas, que no me sujetan. Me pongo de pie y se me doblan, y nadie ha encontrado una explicación. Estuve atendido por traumatólogos y luego me derivaron a neurólogos. Lo único que sé es que los problemas de movilidad se deben a una enfermedad neuromuscular sin diagnóstico para la cual no hay tratamiento”, explica el donostiarra, sentado en la silla de ruedas que comenzó a utilizar hace cinco años, cuando las muletas dejaron de hacer su servicio. “No te queda más remedio que dejarte ayudar. Llega un momento en el que dices no puedo, y no hay alternativa. O te quedas en casa quieto parado o buscas a alguien que te eche una mano”.

Su mujer Marian Vilariño, de 70 años, ya no puede manejarse con él. Lo hace de manera puntual los domingos, el único día en el que no cuentan con el asistente personal. Josetxo no tiene ningún problema para afeitarse y se las arregla por sí solo una vez que está sentado en la silla de ruedas motorizada. “De hecho, una vez por semana me escapo a la Parte Vieja con la cuadrilla para tomar unos txakolis”, sonríe cómplice.

Atención personalizada

Pero se trata de un hombre corpulento que necesita de ayudas puntuales para el aseo, y en ese punto es determinante en su vida el concurso del hondureño Yovani Espinosa Cabrera, de 44 años, que le atiende de lunes a sábado y le echa una mano en aquellas tareas más inaccesibles, como secarse el cuerpo, pasar de la cama a la silla o hidratarse la piel con crema.... “Es una ayuda tan puntual como necesaria”, observa su mujer. “Recibimos una prestación de la Diputación, que se debe destinar exclusivamente al pago de la persona que le atiende a Josetxo. A partir de ahí llamas a la empresa que presta el servicio, y la verdad es que ofrecen una atención personal que nos hace la vida más fácil”, cuenta Vilariño.

Asistente e usuario mantienen una estrecha relación desde hace cinco años. Los dos son “muy futboleros” y hacen gala de un fino sentido del humor. “La verdad es que hay que tener paciencia para aguantarle a este”, bromea Josetxo con su cuidador, que encaja el golpe con mucho sentido del humor. “Nos llevamos muy bien. Josetxo tiene 75 años pero cognitivamente está perfecto. No es el caso de otros usuarios de 90 años que presentan mayores problemas de movilidad o de habla, algo que forma parte de la vida. Josetxo sabe que hago el trabajo encantado, que me gusta, y creo que eso se acaba notando en la atención”.

Toni Luengo es una de las tres socias del servicio de asistencia domiciliaria Adas, para el que trabaja Espinosa. La empresa nació hace casi dos décadas y es una de las más veteranas del sector en Euskadi. Actualmente atiende a unos 130 usuarios que, como Josetxo y Milagros, hacen uso de la prestación vinculada a la contratación de un asistente personal. “Nuestro objetivo es facilitarles el día a día. Con el tiempo todos están muy agradecidos, aunque a veces puede surgir un rechazo inicial porque es el familiar quien toma la iniciativa al ver que su allegado no puede valerse por sí mismo. Decide acudir a un profesional, y a veces el usuario no lo encaja bien del todo. Finalmente el asistente se instala en la vida de estas personas y se alivia muchísimo la sobrecarga familiar”.

Para José Javier resultaría imposible afrontar el día a día sin la ayuda de Eukene. Las pastillas y la medicación nunca han conseguido frenar el deterioro cognitivo de Milagros, asegura su marido, que le lleva a diferentes terapias y ha ido tomando personalmente cada una de las decisiones respecto al cuidado de esta mujer de 79 años, a la que diagnosticaron en 2011 una atrofia cerebral global. “Estuvimos acudiendo a un centro de estimulación cognitiva, hasta que sufrió una caída en octubre de 2015. Fue en casa, quería levantarse del sofá, no podía, y en uno de los impulsos cayó de bruces”.

Se fracturó la cadera, y aquel contratiempo supuso un antes y un después. Fue necesaria una segunda operación para cambiarle la prótesis porque los dolores no remitían, con tan mala fortuna que en aquella intervención se rompió el fémur. Eukene, su asistenta personal, comenzó a cuidar de ella en junio de 2014. “Es una mujer que no habla, pero comunica mucho con la mirada y los gestos”, asegura.

Además de Eukene, otra señora atiende a Milagros por la mañana, de tal manera que el servicio se prolonga durante todas las horas del día, a excepción de la noche, que se queda a solas con su marido. “La ayuda es imprescindible. Estamos los dos solos, y si no fuera por la asistencia personal el día a día sería inviable. Tengo claro que ella es el centro de todo. Aquí todo está organizado en la medida que ella lo necesita, porque por sí sola es incapaz de hacer nada. No puede articular ninguna palabra, pero sí transmitir emociones. Hay una cosa muy importante: tiene consciencia de las cosas, algo que se manifiesta con la mirada, la sonrisa o gestos de dolor”, dice su marido.

Entretanto, la atrofia cerebral global sigue su curso. “Nada es de la noche a la mañana. Todo es resultado de un proceso por el cual pasas del disgusto y el desagrado a otro estado en el que vas comprendiendo. Ahora creo que estoy preparado para lo que venga”, asume el octogenario. “Sabes lo que pasa, y lo que va a pasar, pero no cuándo. No sabemos si seré yo o ella antes. Lo que tengo claro es que no quiero internarle en un centro o una residencia. La diferencia es abismal. Nada tiene que ver una residencia con la buena atención en un domicilio”, asegura José Javier.

La coordinadora del servicio de atención resalta la fortaleza de muchas de estas personas que, a pesar de su elevada edad, siguen mostrándose muy enteras. “Es una generación que ha trabajado mucho y sigue conservando una fuerza tremenda”.

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Euskadi

ir a Euskadi »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120