el templo donde la historia duerme

El refugio de la historia

La técnica de la Biblioteca Foral, Ana Fernández, abre las puertas del templo donde la historia duerme para dar a conocer las posibilidades que ofrece un espacio de conservación, de carácter híbrido y con infinidad de servicios

Un reportaje de Uxue Razkin - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:06h

Los estudiantes cuentan con espacios que están separados de las salas de los investigadores.

Los estudiantes cuentan con espacios que están separados de las salas de los investigadores.

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Los estudiantes cuentan con espacios que están separados de las salas de los investigadores.En la época de exámenes en las salas de estudio no cabe ni un alfiler. Fotos: Oskar González01. El servicio Lectura Fácil ofrece materiales para personas con dificultades lectoras.02. La Sala Noble acoge una exposición.03. Los estudiantes ocupan las salas de investigadores por la gran afluencia.04. El Cubo<em></em>es el depósito de libros. Es de cristal.05. Las salas de estudio cuentan con estanterías para consultas;la gran mayoría diccionarios.06. La colección de cartografías y mapas es uno de los fuertes de la biblioteca.07. El centro cuenta con máquinas microfilmadoras.
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LOS libros salen hoy dubitativos de sus templos, desperezándose de la rutina que apenas ofrece movimiento salvo en los días lluviosos, en los que suelen pasearse de mano en mano. Hoy salen por la puerta grande;abandonan, por unas horas, la sombra que ofrecen las estanterías, y dejan que la brisa y el sol les golpee y revuelva toda su esencia, para después aguardar cobijados a la espera de ser elegidos.

El día luce distinto, lo saben, y por eso se atavían con sus mejores galas -les encanta fotografiarse con una flor- y se hinchan por puro orgullo -aunque esto no afecta al número de páginas- porque es un día para disfrutar del paisaje adoquinado, del aroma a rosa, de las miradas de los ávidos lectores que nunca fallan y de los nuevos, que no saben si por curiosidad o necesidad, acuden a conocerlos. No pierden detalle y observan las miradas entusiasmadas de los más pequeños, a los jóvenes con una lista interminable de títulos, sin olvidarse de los mayores que leen como si creyeran que los libros no fueran a terminar nunca.

Sin embargo, existen algunos que no abandonan nunca su refugio. En este Día Internacional del Libro, DEIA se adentra en la Biblioteca Foral de Bizkaia, situada en el centro de Bilbao, un espacio dedicado a la conservación de los documentos y obras de carácter histórico. En palabras de la técnica, Ana Fernández, se trata de una biblioteca poco habitual porque no ofrecen servicio de préstamo, “quizá por el carácter de nuestros fondos que son históricos, y muy importantes porque conservan el patrimonio y lo difunden”.

Aunque en esencia histórica y centrada más en usuarios que son investigadores, la biblioteca abre las puertas a los estudiantes también, “aquí hay sitio para todos”. Además, según explica Fernández, los periodos de mayor afluencia coinciden con los exámenes de aquellos;esto es, mayo-junio y diciembre-enero. “Durante todo el día la sala de estudio se llena en un 90%, es de libre acceso y este año, desde el 2 de mayo ampliamos el horario de estudio hasta el 11 de junio”, explica.

La biblioteca se caracteriza por ser híbrida: sus servicios son presenciales y virtuales. En el caso de los usuarios que se acerquen a ella, podrán conocer los entresijos de este templo que se rinde ante el patrimonio. “Aquí podemos encontrar monografías y publicaciones periódicas, además de los especiales: cartografías y grabados”, comenta. Añade que su fuerte es la temática vasca.

En 2016, se consultaron el 75, 8% de publicaciones periódicas. En cuanto a las monografías, un 24,1%. En lo referente a los idiomas, en las consultas predomina el castellano con el 81,3%, las lenguas extranjeras estarían en un 12,77% y, finalmente, casi un 6% correspondería a los contenidos consultados en euskera.

Todos los documentos están microfilmados o bien digitalizados, por ello, siempre intentan no servir el papel, por preservar la obra. “Si no hay problemas en la reproducción y son legibles no servimos el original”, aclara al tiempo que ejemplifica: “Imagina que un investigador quiere comparar un ejemplar de la Biblioteca Nacional con este y la digitalización no es buena, entonces sí que lo servimos pero siempre hay que justificar la necesidad”.

Según expresa, muchas veces no tienen otra posibilidad que servir el documento en papel, “o bien porque no lo tenemos digitalizado o bien porque hay algún problema con ello: partes borrosas o que falte alguna página”.

Además, Fernández argumenta que la prensa, por ejemplo, es de formato grande, “no te digo La Gaceta del Norteque es casi intratable de tamaño”;y son fondos que están encuadernados. La manipulación de esos ejemplares, la búsqueda, pasar las páginas... todo ello repercute y por eso, subraya: “Si no se hubiera llevado una política de preservación de fondos desde el siglo XIX, no tendríamos esto ahora”.

la era digitalUna de las vías para preservar los documentos ha sido la biblioteca digital. Mediante este apartado que puede consultarse en la web -que incluye todo el fondo de reserva digitalizado, manuscritos, incunables, grabados, mapas...- intentan evitar lo más posible la manipulación para que “el documento no sufra”. “Lo digital es una medida de preservación y de difusión, siempre y cuando sean de dominio público. Llega a cualquier usuario remoto y de ese modo, das a conocer tu biblioteca, tus fondos....”, añade la técnica.

También comenta que pronto publicarán el periódico Hierro. “Parece que ahora se están centrando las investigaciones históricas en la época franquista y es un periódico muy interesante en ese sentido y creo que no hay una biblioteca digital que lo tenga. De momento lo tenemos que servir en papel, está digitalizado pero todavía no lo tenemos volcado”.

Según explica, las nuevas generaciones tienen menos problemas con los documentos digitales y con el acceso a Internet. Es el usuario tradicional el que tiende más al papel, “son más reacios”.

Aún así, las visitas a la biblioteca digital -incluida la hemeroteca- llegaron a los 468.958 usuarios el año pasado. “Es una barbaridad”, expresa.

El ‘cubo’Sorprende que el depósito de libros no esté en el sótano y en medio de la oscuridad como en otras bibliotecas. “Esta es de cristal y lo novedoso es que los libros se ven desde el exterior”, cuenta Fernández. Antes, el depósito tenía dos plantas en el sótano. Con la nueva remodelación vino El Cubo. “Estamos en trámites a ver si conseguimos un depósito externo porque seguimos creciendo;el espacio es un problema en todas las bibliotecas de conservación. Parecía que hace unos años el papel iba a desaparecer... y mira. Ahora tenemos que aprovechar las zonas del público, inevitablemente sacamos cosas que al principio no pensábamos sacar. Pero así lo despejamos”, explica.

Según aclara Fernández, los fondos se adquieren mediante la compra -con la ayuda de los presupuestos- y mediante donativos: “El Ministerio de Cultura nos envía ejemplares y también donativos particulares como el fondo Arana Martija, Alfonso Irigoyen...”.

Más serviciosAdemás de los servicios básicos de la biblioteca, cuenta con algunos otros aspectos a destacar, como el servicio a Internet, la formación de usuarios mediante visitas guiadas, una extensión cultural en la que ofrecen cursos, talleres, exposiciones... y un servicio para invidentes. “En su momento estuvo muy solicitado, pero ahora son muy pocos los usuarios. Ya no se piden libros en escritura braille. Con las nuevas tecnologías tienen la posibilidad de escanear los libros y el ordenador los lee. Aquí pueden consultar ese catálogo con esa aplicación”, concluye Fernández.

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