El futuro de la Pasión

Los participantes en el Vía Crucis infantil de Balmaseda comparten la ilusión por continuar con la tradición al cumplir la mayoría de edad y, entonces, la barba postiza que ayer lucieron algunos crecerá de forma natural

Un reportaje de Elixane Castresana - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:04h

El Vía Crucis, a su paso por la calle Correría.

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El Vía Crucis, a su paso por la calle Correría.Un alto en el camino en la plaza de San Juan para coger fuerzas.La guardia romana entró en la plaza de San Severino marcando el paso. Fotos: E. CastresanaLa crucifixión se representó en la parte trasera del Ayuntamiento.Josu Fuente encarnó al Nazareno.Los gemelos Arkaitz y Julen llevaron la tabla con la inscripción que se colocó en el madero de Cristo.
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No uno sino dos flagelos se turnarían para ejecutar el castigo impuesto por Poncio Pilato sobre Jesucristo. Josu Fuente, de 14 años, confesó que era el momento que más le inquietaba de la Pasión Viviente de La Magdalena, en la que ayer participaron más de cien chavales de Balmaseda menores de catorce años. Y nadie pudo entenderle mejor que quien se vio en la misma situación hace una semana. De nuevo con el pelo corto, Ander Rivero, protagonista del último Viernes Santo y parte de la organización del Vía Crucis infantil, acompañó a Josu de camino al inicio de la representación. “Un momento de penitencia y luego quedas libre de pecado”, bromeó para tranquilizarle. Poco después se unieron al grupo Lucía Pereda, que dio vida a la Virgen María y Ainhize Zulaika, que encarnó a María Magdalena. Para conseguir un punto extra de emotividad en caso de que las lágrimas no salieran solas, una de ellas contaba con colirio artificial. En los detalles más nimios, los txikis se esforzaron por dotar de realismo a la escenificación de las últimas horas de Cristo herederas de las que antiguamente se llevaban a cabo en los diferentes barrios.

Que a la hora de la verdad el palillo del tambor de un soldado romano se cayera al suelo interrumpiendo una coreografía no tan acompasada o que un miembro del Sanedrín amagara con salir del escenario frente a la casa consistorial para correr a los brazos de su madre fue lo que menos importó. Además, “los mayores han tenido meses para ensayar y nosotros solo una semana”, comparó otro de los pequeños. Lo de más es que la tradición continúa y algún día las barbas que les pegaron crecerán de forma natural. Porque todos aspiran a repetir experiencia cuando cumplan la mayoría de edad.

“Anoche me quitaron el bigote después de la Última Cena para que estuviera más cómodo”, explicó Josu mientras le daban los retoques finales. Salió escoltado por dos primos: Rubén Fuente, que encadenó el papel de Judas con el de ladrón, y Pablo Fuente, que le ayudó a cargar la cruz en el rol de Cirineo. Los tres, familia de Miriam Ubieta, Magdalena de 2011, que también ayuda en la organización. Sagas que siguen, como los Zulaika. Igotz, padre de la Magdalena txiki, se metió en la piel del Jesucristo senior del año 2000. “Yo ni siquiera había nacido, pero me ha contado que en el Vía Crucis estrenó una cruz que pesaba más que la que se utilizaba anteriormente”, narró Ainhize.

Su larga y cuidada melena y los moños de las mujeres de Pilato causaron sensación. A Nahia y Aishleen Kelly, hermanas de 13 años, las acicalaron en casa. También a Leire Goikoetxea, aunque lo hizo su tía, Tania Olivera, peluquera. “Me pasaba el tiempo peinando muñecas y hace años salí vestida de romana. Creo que eso me influyó al elegir profesión”, reconoció entre risas. Las jóvenes compartieron el escenario con Gorka Urieta, que llevó con mucho estilo la túnica del gobernador romano. “Mira que yo intento salvar a Jesús, pero nada...”, se resignó divertido.

Después de que la suerte de Jesús quedara decidida, emprendieron la marcha por el casco histórico de Balmaseda con una parada técnica en la plaza de San Juan para reponer fuerzas con chocolate y bocadillos que les preparó la organización. Josu Fuente dejó un rato la cruz. “Me duele un poco el hombro, pero estoy bien”, indicó. Ya solo faltaba la recta final hacia las fuentes, detrás del Ayuntamiento donde se escenificó la crucifixión. Los gemelos Arkaitz y Julen, de cuatro años, encabezaron la comitiva con el cartel que presidió el madero. Y es que la Pasión de Balmaseda puede presumir de relevo generacional hasta por partida doble.

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