Ricardo Hernani Montañero y viajero

“La gente se vacuna, pero lo más peligroso son los accidentes de tráfico”

Se ha visto inmerso en revueltas, inundaciones, terremotos... A punto de visitar su país número 100, dice que con una sonrisa sales de la peor situación

Una entrevista de Arantza Rodríguez Fotografías de Colección Ricardo Hernani - Domingo, 23 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:04h

Ricardo Hernani ha visto el rostro de “la pobreza extrema” en los niños de Etiopía.

Ricardo Hernani ha visto el rostro de “la pobreza extrema” en los niños de Etiopía.

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Ricardo Hernani ha visto el rostro de “la pobreza extrema” en los niños de Etiopía.

Bilbao - Ha subido montañas, atravesado selvas y desiertos, recorrido Laponia en bicicleta, sobrevivido a inundaciones, revueltas y a un cuádruple adelantamiento en China. “Era un cambio de rasante, nos juntamos cuatro coches, yo cerré los ojos y vivimos. La gente se vacuna, que está muy bien, pero lo más peligroso que yo he vivido viajando son los accidentes de tráfico”, asegura el bilbaino Ricardo Hernani, un ingeniero industrial apasionado de la montaña y los viajes que el próximo 6 de mayo visitará su país número 100. Un reto que han alcanzado unas 2.000 personas en el mundo y media docena en el Estado, según el club de Estados Unidos que las agrupa. De entrar, él sería el primer vasco.

Su primer viaje, con 9 años, fue a Irlanda. ¿Por qué motivo?

-Fui a aprender inglés. Ahora, con hijos, dices: Mis padres no me querían (ríe). Recuerdo que no entendía nada y decía a todo que sí, que la comida era mala y que te dejaban la leche en la puerta.

Desde entonces no ha parado. ¿Ha pisado todos los continentes?

-Oceanía no. Está muy lejos y tengo pensado ir cuando me jubile con mi mujer, que me dice que me vaya solo. Ya la convenceremos...

¿Ha llegado a temer por su vida?

-En Camerún, adonde viajé con unos amigos, nos pillaron unas revueltas. Cortaron las carreteras, apedreaban los coches y mataban a la gente. Evacuaron a los extranjeros, pero nosotros estábamos en las montañas y nos quedamos tirados en un hotel. Estaba todo en llamas, la gente con machetes...

¿Cómo lograron salir de esa?

-La embajada localizó a una persona de Burgos que tenía allí negocios. El cachondo de él nos dijo: Pero si sois de Bilbao, si esto no es nada para vosotros. Tenía gente con armas que nos consiguió sacar hasta Douala. Estuvimos en el hotel dos días, pero nos parecieron dos años.

¿Sabía su familia de su situación?

-La familia, cuanto menos información, mejor. La mujer de uno todavía cree que nos pasó algo gordo y que no hemos querido contarlo.

¿Quwé viaje le ha impactado más?

-Mi mujer y yo, de novios, lo pasamos muy mal en unas inundaciones en el Atlas marroquí. Murieron unas 2.000 personas. Nos tiramos del tejado del hotelito y nos escapamos monte arriba porque vimos a gente morir. Al día siguiente vimos, quizá lo más impactante, bracitos de niños que asomaban debajo de las rocas.

¿Alguna otra situación tensa?

-Subiendo una montaña en Bosnia, al rodear un lago, entramos en Montenegro. Cuando bajamos, nos esperaban los guardas, que no llevaban uniforme y andaban borrachos. Nos pedían los pasaportes, pero no les entendíamos. La situación se puso tensa y nosotros tampoco medimos porque creíamos que eran pescadores. Al final todo se resolvió con unos vasos de rakia, el alcohol puro de allí, y la hija de uno de ellos, que hablaba francés.

¿Se ha visto obligado a beber?

-En muchos países del este de Europa rige la ley del alcohol. Es una ofensa para ellos cuando te invitan a su casa que no bebas. Hay gente que se toma dos botellas de vodka y considera que tú también puedes. Yo si bebo dos botellas de vodka me muero y si me bebo una, también.

¿Y cómo sale uno indemne?

-Uno no sale indemne. Sale perjudicadísimo, aunque siempre intentas que sea el otro el que beba más.

¿Ha tenido que comer alguna vez algo que le repugne?

-En Turkmenistán una familia que nos alojó en su casa cuando nos perdimos en el desierto mató un cordero en nuestro honor y nos dejó lo más importante: los ojos, la lengua y las vísceras. Dijimos que nuestra religión nos impedía comer eso.

¿Cuál es el alimento más exótico que se ha llevado a la boca?

-Lo típico, serpiente, cocodrilo, que está muy rico... En China, en cuanto sales de las ciudades, mejor que no preguntes lo que comes.

¿Lo dice por los perros?

-Dicen que comen perro en algunas provincias. De hecho, hay fábricas. Yo no creo haberlo comido. En esos viajes te haces un poco vegetariano, sobre todo si tienes perro, como yo. En China, además, hasta los gestos son diferentes. Mi amigo Antonio Ortega dibujó una gallina y un huevo para pedir uno en un restaurante y le llevaron una gallina y un huevo.

¿Qué no debe faltar en el equipaje?

-Un antiinflamatorio y medicamentos para el dolor fuerte y las diarreas.

Habrá utilizado medios de transportes de lo más peculiares...

-En el monte, el burro, aunque son muy cabezotas y hay que tener cuidado en los desfiladeros. En Irán en un coche el asiento de atrás estaba tan podrido que se hundió, lo quitaron y fuimos sentados en el suelo. Imagínate los baches. En Ucrania se averió el autobús, el conductor sacó su asiento a la calle y se sentó a esperar. Y nosotros: ¿Está conduciendo sobre un taburete con sus tres patas? Pero este tío....

¿Alguna otra anécdota graciosa?

-En Armenia abrieron el Museo Nacional para nosotros. Nos enrollamos con el guarda, llamó a una, esa llamó a otro... Total, que iba la directora del museo, que hablaba en armenio, otra traducía a ruso y otro traducía a inglés. Detrás iba una que limpiaba y apagaba las luces. Lo visitamos con el séquito.

En sus viajes también se ha topado con la pobreza más extrema.

-En Etiopía ves niños que recorren 10 kilómetros al día de ida y 10 de vuelta para ir al colegio y otros, que vivían en las colinas, que no tenían ni sanidad ni nada.

¿Qué se puede hacer?

-Contribuir a dar a conocer eso e invitar a la gente a ir allí a dejar recursos. En Kamerun montamos una ONG e hicimos tres granjas.

¿Qué ha aprendido viajando?

-Aparte de que la inmensa mayoría de la gente es buena, viajar me ha enseñado a relativizar los problemas. No nos damos cuenta de la calidad de vida que tenemos.

Un consejo para terminar...

-Con una sonrisa y con humildad sales de las peores situaciones.

las claves

Un puñado de Destinos

Su país número 100 será... “Suazilandia, donde haré trekking y veré reservas de rinocerontes”.

Volvería otra vez a... “Cuba, por la forma de vivir de la gente;Costa Rica, por la biodiversidad;Etiopía, por el paisaje y la gente;Islandia, por el paisaje;Omán, por ser el sitio árabe puro y por la amabilidad de la gente, y Japón, por ser un universo aparte”.

No regresaría a... “Arabia Saudí por la discriminación de la mujer”.

Sus planes pendientes son... “Viajar a Namibia, Botswana, hacer un 6.000 en Bolivia, ir a las islas Ometepe, en Nicaragua...”.

Albania, sin foráneos

en cincuenta años.“En las montañas de Albania estuvimos con gente que no recordaba haber visto extranjeros en los últimos cincuenta años. Solo había habido antes dos ingleses y al primero lo habían tiroteado. Se reunió el consejo de ancianos del pueblo y dijo que nos daba hospitalidad. Estuvimos alojados en sus casas. Uno de los chavales había ido a Europa occidental y le pregunté que qué le había parecido. Me dijo que, aparte de fría y con menos luz, la gente estaba triste”.

En Lesotho los niños pastorean desnudos con una manta.“De Lesotho destacaría el trato con las tribus basoto. Es uno de los lugares más aislados del mundo, donde los niños pastorean meses y meses desnudos con una manta encima y unas katiuskas. Luego, en algún sitio con cobertura, ves los problemas de la gente en los grupos de WhatsApp y a mí me llevan los demonios. Hay un nivel de amargura por problemitas...”.

Las montañas más bellas, las de Islandia por el glaciar.“Las montañas más bellas para mí son las de Islandia porque ahí está el glaciar más grande de Europa, el Vatnajökull, que es una mole de hielo de 2.200 metros sobre el nivel del mar. También me gustaron el volcán Damavand, en Irán, que es uno de los más altos de Asia, y el volcán Baru, en Panamá, desde el cual puedes ver amanecer sobre dos océanos a la vez”.

Una cárcel sin paredes en el desierto de Karakum.“En el desierto de Karakum, en Turkmenistán, visitamos aldeas absolutamente aisladas. De hecho, el Gobierno proyectaba construir una cárcel sin paredes porque necesitas dos días en todoterreno para salir de allí. Un día nos perdimos y nos acogieron en una casa. ¿Os imagináis alojar en vuestra casa a un extranjero que aparece de la nada? Fue la experiencia más bonita”.

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