Cuando una invitación seduce los oídos

La iniciativa ‘Tu ciudad se llena de pianos’ distribuye seis pianos en Bilbao a disposición de quien los quiera tocar

Un reportaje de Ane Araluzea - Sábado, 22 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:03h

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Pianos en las calles de BilbaoReproducirEl joven alemán Thomas Neuer interpretó un par de canciones bajo la atenta mirada del público entre las calles Diputación y Arbieto.El cruce entre la calle Ercilla y Rodríguez Arias, Azkuna Zentroa o el Museo Guggenheim fueron algunos de los escenarios en los que participaron niños, jóvenes y adultos. Arriba, a la izquierda, Alex González interpreta a Chopin. Abajo, el pequeño Nehuen
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Una sugerente invitación estampada en rojo sobre el teclado de varios pianos de cola instigaba a los indecisos: “¿Quieres tocar?”, rezaba el mensaje al que a lo largo del día sucumbieron centenares de personas de todas las edades. Sin ser de Hamelín, algunos de los pianistas espontáneos consiguieron embrujar a los oyentes, embelesados por las hipnóticas melodías que se desprendían de las seis Yamaha que ayer se dispersaron por los espacios más emblemáticos de Bilbao. La exitosa iniciativa Tu ciudad se llena de pianos se celebró por tercer año bajo el mecenazgo de la Fundación Jesús Serra y el Concurso Internacional de Música María Canals.

Empleando el más internacional de los lenguajes, Thomas Neuer se metió al público en el bolsillo en el cruce de las calles Diputación y Arbieto. “Aprendí a tocar de forma autodidacta, viendo vídeos de Youtube que me gustaban”, aseguró después este berlinés de 26 años que llegó a la villa hace cinco semanas. Se animó con River Flows In You, uno de los temas de la banda sonora de la película Twilight, y con Coming Home, del rapero Diddy. “Hacía mucho tiempo que no tocaba, y menos delante de gente”, reveló el joven que se topó con el evento por casualidad, “mientras caminaba hacia el trabajo”.

Poco antes, Nehuen, que ni tan siquiera llegaba a los pedales, interpretó algunos de los acordes aprendidos con su madre, camuflada entre la concurrencia. “En casa tocamos cuando quiere, cuando se sienta en la banqueta por su cuenta, no es una obligación. Se trata de trabajar la inteligencia emocional con respecto a la música”, comentó Raquel Martínez, profesora en la Escuela de Ingeniería, quien prometió volver más tarde -“después de llevar al niño al dentista”- a dar el do de pecho. No en vano, confesó ser “cantante amateur de zarzuelas”. De ahí su pasión por la música, que está inculcando primorosamente a su hijo de siete años.

De generación en generación, la predilección por el arte que agasaja los oídos pasa sin que sea necesario tener formación musical. Con una respetuosa solemnidad escuchaban a pocos metros del piano hacia el mediodía Soledad Rodríguez y María Aguirrezabal, madre e hija. “Soy socia honoraria de la Filarmónica de Bilbao, llevo más de 50 años acudiendo a sus conciertos”, aseveró Soledad. “Nos parece fenomenal la iniciativa”, expuso por su parte María, quien reveló que por la tarde tenía planeado acudir al concierto de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, dirigida por Lorenzo Viotti, con la participación de Hiroo Sato, ganador del 62 Concurso María Canals Barcelona.

Otros enclavesCon uno de esos escenarios sueña Álex González, un bilbaino de 19 años que custodiaba un piano frente al Museo Guggenheim. “Me gustaría ganarme la vida tocando el piano, pero está complicado. Creo que primero tendré que salir a estudiar fuera y después podré volver”, explicó el joven que actualmente estudia en el centro superior de Musikene. “Ensayo seis horas al día, aunque hay gente que no entiende cómo puedo meter tantas horas haciendo algo que es inútil”, aseveraba Álex, que comentó con ironía: “Se le ve más utilidad a meter un gol”.

Durante todo el día, el joven incitó a los curiosos a participar en la iniciativa, para que se desprendieran de la vergüenza y se atrevieran a tocar un piano de cola. “No todos los días hay una oportunidad así”, indicó después de tocar varias piezas de Chopin con una destreza sorprendente mientras esperaba que alguien lo reemplazara. “En esta zona hay muchos turistas”, señaló junto al instrumento de cuerdas percutidas, mientras varios curiosos miraban lo que bien podría ser parte de una performance de la pinacoteca. “Lo que más gusta son las bandas sonoras, pero todavía no hay nadie que haya interpretado la de La La Land”, se extrañó este joven bilbaino.

De la diversidad de registros que ofrece el piano, capaz de producir sonidos con diferentes intensidades, dio cuenta Josu Fuentes, un empresario que “por primera vez” se atrevió a tocar en un escenario tan singular. “He improvisado con jazz y blues”, aclaró este bilbaino que posee un piano de pared en su casa. “Hay gente que cuando llega a casa ve la televisión;yo toco el piano”, añadió mientras su pareja, Arantza, asentía con una sonrisa. “En Nueva York tuve la ocasión de ver una exposición de pianos Steinway. ¡Me dejaron probarlos!”, contó entusiasmado este melómano mientras un afinador metía mano en la caja de resonancia.

No todos los osados mostraron tanto talento, algunos fueron más bien pianistas por un día mientras el público agradecía pacientemente que la iniciativa no se llamara Tu ciudad se llena de violines. Mientras los niños optaban por aporrear los pianos, los adultos tocaban con dedos temblorosos, tratando de recordar dónde quedaron aquellos años consagrados al solfeo. También hubo quien aprovechó la coyuntura de otra forma: en la Gran Vía, junto a El Corte Inglés, una mujer pidió a uno de los músicos que tocara una canción de felicitación de cumpleaños tras colocarse a su lado. “Tú saca como que soy yo la que toca”, ordenó a una amiga que estaba en frente grabando un vídeo con el móvil.

En la Plaza Santiago, la pequeña Leire, acompañada por su tía, aguzaba el oído y miraba con admiración: “¿Quién pudiera tocar así?”, decía sin palabra alguna. Irantzu Santiago, una santutxuarra de 17 años que estudia piano en un centro de Bilbao Musika, se llevó numerosos aplausos tras sus interpretaciones de The Heart Asks Pleasure First, de la película El Piano, y la ya mítica La vals d’Amelie. “Mi intención es estudiar Medicina. Desde la antigua Grecia se dice que la música y la ciencia están unidas”, argumentó, antes de preguntar entre la asistencia “¿Quieres tocar?”.

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