historias de los vascos

Eulalia Abaitua: una mujer creadora de imágenes

El trabajo de Eulalia Abaitua, pionera de la fotografía, recupera en los últimos tiempos un espacio que le había sido negado. El Museo Vasco de Bilbao, que siempre la ha tenido presente, expone ahora ‘Estereoskopiak 16+16’

Un reportaje de Maite Jiménez Ochoa de Alda - Sábado, 3 de Diciembre de 2016 - Actualizado a las 06:02h

Retrato de Eulalia Abaitua.

Retrato de Eulalia Abaitua. (Euskal Museoa-Bilbao-Museo Vasco)

Galería Noticia

Retrato de Eulalia Abaitua.Una pareja de agricultores posa para la cámara de la fotógrafa bilbaina.

Decimos ventanas porque nos sirven para asomarnos y ver lo que sucede, cómo, cuándo, dónde;así hacemos nuestro lo de otros, aprendemos y seguimos caminando. Y decimos del pasado porque lo que nos muestran fue en un tiempo anterior al nuestro. Las ventanas del pasado que vamos a tratar se las debemos a Eulalia Abaitua. Esta mujer fue una fotógrafa aficionada que tuvo su cuna en el Casco Viejo de Bilbao, allá por el año 1853. Anduvo por esos mundos, casó y formó una familia. Volvió a su origen y construyó su casa junto al santuario de Begoña, el palacio del Pino;allí instaló su habitación propia, su laboratorio fotográfico, en el sótano, huyendo de la luz que, sin embargo, era su gran aliada y cómplice en las salidas con la cámara fotográfica para hacer sus retratos.

Sí, Eulalia Abaitua nos ha dejado ventanas del pasado, aberturas por donde se deslizan nuestros antecesores, con sus ropas, sus quehaceres, sus cosas… y vistas de aquel mundo que hoy podemos investigar con lupa, mirar casi extasiados, disfrutar de lo que nos muestran y aprender que lo poco, a veces, puede ser mucho. Si apenas reconocemos algo es porque la transformación ha sido muy grande, en las personas y en los paisajes. Pero las miradas están ahí, dejando constancia de aquellos momentos y como tal son testimonio que, aunque sesgado por el objetivo de la cámara, resultan de una veracidad indiscutible.

Eulalia Abaitua no deja de estar rodeada de incógnitas que no sabemos si algún día se despejarán. Muchas veces nos han preguntado dónde aprendió sobre fotografía;la respuesta siempre ha sido la misma: no lo sabemos. Solo podemos lanzar hipótesis que, a lo mejor, nunca serán corroboradas. Lo cierto es que desde pequeña fue retratada en estudios fotográficos profesionales, de acuerdo con su condición burguesa;cuatro son los retratos que conocemos de esta mujer con autor profesional mencionado: Cosme Duñabeitia (Bilbao), Frederic Artigue (Francia), Vandyke &Brown (Liverpool) y Charles Reutlinger (París). Este hecho por sí solo no sirve de gran cosa. Pensamos que sus años de estancia en Inglaterra, transcurridos entre Liverpool y Londres (1871-1878), no caerían en saco roto;aquella sociedad vivía el fenómeno fotográfico en primera línea: las revistas Journal of the Photographic Society (1853), British Journal of Photography (1854) y Photographic News (1858), entre otras, eran magazines al alcance de muchos;el South Kensington Museum (hoy, Victoria &Albert Museum) fue pionero en la adquisición de fotografías para enriquecer sus colecciones y en la exposición pública de las mismas, caso de Julia Margaret Cameron.

ExposiciónPero vamos a las fotografías que hizo Eulalia Abaitua conservadas en el Museo Vasco de Bilbao, un archivo de 2.500 imágenes en soporte de vidrio. Desde 1990 esta institución quiso, en la medida de sus posibilidades y a través de exposiciones temporales con sus correspondientes catálogos, mostrar a la ciudadanía el trabajo llevado a cabo por esta autora. Actualmente, podemos ver y disfrutar la última muestra que el Museo nos ofrece: Estereoskopiak 16+16;en ella se presentan 16 imágenes debidas a Eulalia Abaitua asociadas a 16 autoras contemporáneas en lengua vasca: Katixa Agirre, Uxue Alberdi, Aurelia Arkotxa, Yolanda Arrieta, Leire Bilbao, Itxaro Borda, Tere Irastor-tza, Karmele Jaio, Mariasun Landa, Miren Agur Meabe, Laura Mintegi, Lourdes Oñederra, Eider Rodriguez, Danele Sarriugarte, Ana Urkiza y Arantxa Urretabizkaia. Es una muestra totalmente diferente a las que hasta la fecha se habían presentado porque las imágenes se visualizan en formato 3D, para lo cual son necesarias unas gafas especiales, y los textos se escuchan con audioguías, no se leen. El objetivo era unir el pasado visual con el presente oral, que cada escritora dialogara con la imagen que se le asignó. ¿El resultado? Cada cual hará su valoración tras la visita a la exposición. A nuestro entender ha sido una experiencia muy enriquecedora al comprobar que, de alguna manera, en cada una de las fotografías de Abaitua se escondían las palabras que han sacado a la luz estas 16 escritoras, unas en verso, otras en prosa, en forma de crónica, de cuento, o, incluso, cantando.

Las 16 imágenes de esta exposición resumen, en buena medida, el temario fotográfico que conforma el legado de Eulalia Abaitua. En unas podemos asomarnos al pasado agrícola y marinero de nuestro pueblo, en otras ver hechos puntuales, pura coincidencia del tiempo, caso de la cuestación o las obras de un camino. Hay elementos que aún hoy podemos reconocer, el perfil de la iglesia de San Antón, el muelle de Las Arenas, alguna casa de la plaza de Lekeitio o la playa de La Concha. También hay instantáneas para ilustrar el ocio, el tiempo libre, tanto el de los adultos como el de los niños. Y no faltan los retratos que, aunque en este caso son de amplio encuadre, reflejan el interés de Abaitua por las personas, sus posturas, sus miradas, sus quehaceres y sus sonrisas. De todas ellas queremos destacar una de estas ventanas que Eulalia Abaitua tituló, de su puño y letra, Peones trabajando en un desmonte / Bilbao, un lugar que nos era absolutamente desconocido. Y lo queremos hacer porque a día de hoy ya sabemos cuál es ese punto concreto del Bilbao de principios del siglo XX. Gracias a Maite Garay, infatigable buscadora de datos y preciada colaboradora del Museo, que estudió la fotografía minuciosamente y, fijándose en la casa que aparace al fondo, ¡eureka!, nos ha descubierto que esa casa no es otra que el chalé de Luis de Guezala Esquivias, del comercio de la villa y fotógrafo aficionado como Eulalia Abaitua. Es la finca denominada La Cerca, en el Indautxu de 1900, entre las actuales calles Gordóniz, Alameda San Mamés y Alameda Urquijo. Los planos del emplazamiento, fachadas, sección, cimientos, plantas y saneamiento fueron dibujados por el arquitecto Daniel de Escondrillas que, fechados en Bilbao en 1899, se conservan en el Archivo Foral. Y como se suele decir que de muestra vale un botón esta misma imagen nos sirve para apreciar la forma en que esta autora firmó algunas de sus fotografías, empleando la letra A, inicial de su apellido, de forma manuscrita sobre las placas de vidrio.

‘Crear es crecer’Eulalia Abaitua es una mujer con voz propia que se expresó a través de sus imágenes y, como nos dice Miren Agur Meabe en la Carta con tres posdatas que le escribe, hacer algo propio es crear, y crear es crecer. Ésa es nuestra red y nuestra recompensa. Lo que quiso documentar con sus fotografías, su visión y sensaciones, nunca podrá trasladarse al papel, no tenemos los datos, sus pensamientos puestos por escrito. Sus fotografías (de personas, de modos de vida, de ambientes, de estados de ánimo, de lugares, de arquitectura, de viajes) son fragmentos preciosos, delicados, casi poéticos, que describen una cultura y un mundo extintos con una vivacidad y una calidad difícilmente igualables. Nuestra visión, inevitablemente, será otra complementaria y diferente. Hasta la fecha ninguna máquina, ni la fotográfica, ha sido capaz de registrar las emociones y seducir la memoria. Sin embargo, las fotografías las despiertan y cautivan nuestro ánimo por el simple hecho de posar nuestra vista sobre ellas.

De un tiempo a esta parte ya podemos encontrar a Eulalia Abaitua en algunos diccionarios relativos al tema fotográfico y resulta gratificante ese reconocimiento. En la ciudad de Guadalajara nuestra fotógrafa tiene una calle y en Valdemoro una glorieta;estas localidades honraron su memoria adelantándose a nosotros, a pesar de que esta pionera de la fotografía dedicara multitud de sus instantáneas a nuestros antepasados. Es cierto que el Ayuntamiento de Bilbao, en diciembre de 2010, puso su nombre a una calle en el barrio de Txurdinaga pero, como dice un amigo, no sin sorna, un callejón, una calle sin portales a donde nadie podrá dirigir una carta o recibirla, decirle a un taxista que le lleve… una calle que solo podría ser noticia si en ella sucediera algún hecho luctuoso, como un atraco o algo semejante. Esta es, hasta la fecha, nuestra gratitud. Resulta difícil de comprender la desidia, incluso la apatía, mostradas hacia la visibilidad de esta fotógrafa vasca de principios del siglo XX, cuya contribución forma parte de nuestra memoria colectiva y es herramienta imprescindible si queremos asomarnos al pasado del que venimos. Reconocer, valorar, enaltecer, homenajear, festejar, premiar…, son verbos de acción que tendríamos que aplicar a Eulalia Abaitua con cariño y generosidad. Sirva este espacio para visualizar que estamos en deuda, que tenemos una asignatura pendiente con esta encomiable mujer de meritoria obra silenciada.

la autora

COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Deia se reserva el derecho a eliminarlos.

Más sobre Historias de los vascos

ir a Historias de los vascos »

Últimas Noticias Multimedia

  • ©Editorial Iparraguirre, S.A.
  • Camino de Capuchinos, 6, 5ºC Bilbao
  • Tel 944 599 100, Fax 944 599 120