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Otra espada de Damocles

Por José Serna Andrés - Martes, 15 de Noviembre de 2016 - Actualizado a las 06:02h

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UNA niña de 12 años ha fallecido en Madrid a causa de la ingesta excesiva de ron y vodka. Es fácil equivocarse en los detalles concretos cuando algo se conoce exclusivamente de referencias, pero parece que, cuando la niña se encontraba bastante perjudicada, sus acompañantes no se atrevieron a llamar a la policía, ni a urgencias, y la llevaron en un carrito de la compra hasta un centro de salud. En el entramado de desaciertos, tardaron más de media hora en recorrer 500 metros. Todo se conjuga.

Nos llega más adentro la muerte cuando se ha producido de forma insensata, fomentada por unos hábitos que no se ponen abiertamente en cuestión, porque “todos lo hemos hecho”. Aquellos infantes se iban al descampado para eludir la acción policial, porque son menores, porque alguien les consiguió el alcohol, porque así se van adentrando en la sociedad adulta, pero ahora lloran desconsoladamente junto con sus familias. Y aunque no es una plaga, es ya algo más que una anécdota. Vemos las borracheras infantiles con cierta preocupación pero no la suficiente hasta que se produce una tragedia, porque las borracheras adultas son parte del paisaje.

Cuando en una película alguien se encuentra en una situación compleja, con dificultades para superar una situación de tristeza, exclama: “Necesito tomarme una copa”. Por supuesto que no es delito. También es fácil ver cómo en el momento en el que dos personas adultas piensan diferente, incluso en una película de culto, sacan los puños y se arrean. ¿Hablaremos, después, a la infancia de que no hay que pegarse?

Dicen que hay una propuesta para multar a las familias de quienes ingieren demasiado alcohol a una tierna edad. Se quieren denominar “maltrato” los casos en los que infantes o adolescentes sufren intoxicaciones etílicas. Ya está. Pensamos en el castigo para que así quede redimida la sociedad de su culpa, pero esto sucede en una sociedad en la que se alardea de abolir la culpa o las consecuencias de los propios actos. El alcoholismo hace mucho daño a la sociedad, pero cuando ese daño se visualiza en una niña que ha dejado de serlo demasiado pronto, muchas lunas antes de haberse muerto, comenzamos a darnos cuenta de que hay una colonia de termitas en nuestro imaginario colectivo. Ir de fiesta y alcohol convierten la felicidad en una patraña inalcanzable revestida de risas y exhibiciones, en una suerte de desinhibición alabada, pero inquietante.

Somos muy libres de hacer lo que nos venga en gana y nos duele que se nos escapen flecos porque ese hacer sin trabas afecte a personas con tan poco recorrido en la vida. Dicen que las cifras de consumo de alcohol entre adolescentes no se dan en la misma proporción en la Unión Europea, pero eso no importa. En el Estado español, de cada cien jóvenes atendidos en Urgencias por intoxicaciones etílicas, seis son menores de catorce años y en algún caso menores de once años. Se trata de beber mucho y muy rápido para que se pase la borrachera antes de llegar a casa. De aquí se derivan problemas orgánicos o psicológicos, conflictos familiares y fracaso escolar. En Euskadi, un tercio de los menores bebe cada fin de semana y se inicia en esta práctica con apenas 15 años.

Decía el consejero de Salud, no hace mucho tiempo que se trata de un problema de salud pública y que necesitamos un “cambio cultural”. Una encuesta del departamento señalaba que el 17% de entre 15 y 24 años tiene riesgo real de padecer alcoholismo. Pero fiestas populares, incluso Ibilaldia y Kilometroak, con un talante más educativo, son ámbitos de ocio y cultura que se nos escurren de las manos. Fin de semana y fiesta se asocian al disfrute inmediato, lo cual es fabuloso, pero una exaltación del “Sin control con k” nos lleva a las consecuencias menos deseadas. Podemos colocar frases en las fiestas, o personas voluntarias, diciendo que el exceso de alcohol mata, así nos llenaremos los bolsillos de tranquilidad pensando que hemos hecho algo. Pero nada más. La espada de Damocles sigue en alto.

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