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Tribuna abierta

Esas miradas tristes...

Por José Serna Andrés - Miércoles, 26 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:02h

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ACABO de ver las miradas más tristes que mi retina mantiene en el recuerdo. Da la impresión de que ya no quedan lágrimas por derramar. Miradas impasibles, indiferentes, frías, ajenas a lo que está sucediendo a su alrededor. Porque se está vendiendo en los medios de comunicación un triunfo del estado nigeriano ante Boko Haram, esa organización sin entraña que deja un mensaje tan sombrío como sus propios objetivos y las protagonistas parecen no estar presentes en el lugar.

Pero es que las penalidades no han terminado en estas veintiún exniñas que dicen haber sido rescatadas. ¿De qué? ¿Cuál es su futuro? La mayoría de ellas están embarazadas o tienen ya infantes que reclaman crecer con algo de cariño y no saben cómo puede ser posible.

En determinadas sociedades, las mismas familias se distancian de las mujeres agredidas sexualmente. ¿Serán acogidas de nuevo en un entorno en el que, en poco más de dos años, se marcharon desde la infancia hasta la pesada vejez viviendo situaciones que no podemos ni queremos imaginar? La tristeza nos atenaza no solo cuando nos pesa en un pasado doloroso, porque aunque sea muy duro, aún se puede arrastrar, como un grillete atado a los pies. Algún día se romperá, o desaparecerá incluso a fuerza de desgaste;pero cuando el futuro sigue siendo incierto, o es cruel, y los pasos que se van a dar en adelante no conservan ni una gota de esperanza, la tristeza es como un pozo en el que ya no cabe una lágrima.

Esas miradas de tristeza infinita, como tantas otras que existen en nuestro mundo, especialmente cuando han sido causadas por nuestra capacidad de reinventarnos en atrocidades… esas miradas tristes deberían penetrar en la conciencia de un mundo sin conciencia y no para llorar desconsoladamente y así conformar nuevas coartadas para nuestra ineficacia e inactividad, sino para crear nuevas dinámicas de convivencia.

Otras miradas en otros sitios ¿Qué estamos sembrando en nuestro planeta? Dicen que es “buenismo” recurrir al proverbio de que “Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán el mundo”. Pero es que eso ya se está haciendo en infinidad de lugares y sus miradas sembradas de esperanza no aparecerán nunca en los medios de comunicación. Acabo de encontrar otras miradas tristes y desesperadas en Haití, Siria, Irak… A veces, las ONG son los únicos organismos que aminoran el sufrimiento, pero también es lamentable que en Haití, por ejemplo, se reconozca que algunas ONG han dificultado la autonomía económica del país al facilitar determinados alimentos que hacían que los cultivos se abandonasen porque hacían imposible su presencia en el mercado.

Y no digamos nada de quienes planean acciones bélicas para “resolver” problemas ante unas organizaciones sin entrañas, con bombardeos de poblaciones civiles hasta la extenuación, con víctimas de mirada perdida que sabe se encontrará desprotegida también en los momentos posteriores a las tragedias sufridas. ¿De qué color son las miradas de tantas y tantas personas llamadas “refugiadas” que se encuentran “sin refugio” y que se niegan a alzar la vista ante un futuro descorazonador?

En el caso de las niñas nigerianas “liberadas”, según una periodista nigeriana, “su vida básicamente ha consistido en limpiar armas, cocinar, tener hijos y ser violadas”. Pero uno duda de que tal “liberación” consiga que levanten, algún día, con orgullo, la mirada. Además de programas especiales de rehabilitación psicológica, necesitarán seres verdaderamente humanos a su lado, estructuras sociales y costumbres benevolentes y empáticas con quienes han sido objeto de agresiones sexuales. Sus miradas las delatan. Hace millones de años aparecieron en el planeta unos organismos unicelulares que hicieron posible la vida. Hay quien afirma que el experimento ha fallado y que es preciso volver a resetear las claves de la vida para empezar de nuevo. Pero sigue habiendo un humus especial en la tierra, gente que con su sufrimiento o entrega ha hecho posible la continuidad de lo que llamamos vida, aunque parece claro que hay vidas sin vida.

Ojalá esas miradas desesperanzadas se encuentren con esa otra forma de mirar y de cambiar la vida, de cambiar la desesperanza en esperanza. Pero no es fácil y es un reto que nos concierne.

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