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Tribuna abierta

¿Deberes?

Por José Serna Andrés - Lunes, 3 de Octubre de 2016 - Actualizado a las 06:03h

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UN colectivo educativo profesional inventado por quien firma estas líneas va a comenzar una huelga de un mes para denunciar que los padres y las madres no juegan con los infantes. Que ha visto demasiados niños y niñas, en fiestas, a altas horas de la noche -de las diez en adelante es muy alto- con infantes somnolientos mientras la música y el alcohol se derramaba por el ambiente con una generosidad elocuente. Dice también que muchas de las actividades extraescolares a las que apuntan a sus descendientes tienen el objetivo de llenar un tiempo que les deja libres de su consideración más absoluta, que en otras ocasiones lo hacen porque quieren que sean lo más de lo más en los idiomas para que algún día sean mucho, y que otras responden a objetivos muy humanos y aceptables, pero que ocupan a menudo más tiempo que los deberes escolares.

Denuncia también que las nuevas tecnologías no han de ser la niñera barata que paraliza la comunicación personal y que la vieja tecnología -léase televisión- no es la mejor pizarra digital del mundo, especialmente cuando está demostrado que el 63% por ciento de los infantes ve más de dos horas de televisión al día. Y eso sin analizar algunos de los contenidos, que no son precisamente educativos.

Este colectivo da la razón, en parte, a quienes consideran que no deben existir deberes escolares. Si se enseña a utilizar bien Internet o la vieja tecnología de la televisión, con un acompañamiento familiar y escolar adecuado, siempre en sintonía familia y colectivo educativo, se desarrollan métodos de trabajo colaborativos, se fomenta el conocimiento crítico y se aprende a cooperar y trabajar en equipo… no hacen falta deberes;pero si hay familias que se bajan del carro educativo y minusvaloran a los equipos profesionales educativos, y en vez de ofrecer cooperación, desprestigian a quienes se dedican a ello, transmitirán a sus retoños enfrentamiento y desconfianza, no cooperación ni visión positiva, incluso sin descartar que en algunos puntos puedan tener razón. ¿Cómo se trabajan los valores de respeto, cooperación, justicia, confianza?

Y damos la razón a aquellas familias que consideran que no debe haber deberes escolares si consideran que el esfuerzo es necesario en la vida, que los hábitos de trabajo se crean en el domicilio, con un ambiente pleno de afectividad, unas condiciones de trabajo adecuadas para cuando niños y niñas leen un libro a gusto, con experiencias infantiles de haber escuchado muchos cuentos antes de ir a dormir, y tras haber participado en innumerables juegos de confianza.

Estos hábitos, además, no necesariamente han de responder a demandas escolares inmediatas, pero deben valorarse en el contexto de responder a la curiosidad creada en el ámbito escolar y a la búsqueda imaginativa de respuestas a cuestiones éticas o científicas… que a su vez son un reflejo de lo que esas mismas familias viven diariamente en su ambiente, en sus conversaciones, en sus motivaciones en la vida… Entonces tienen razón, porque, en ese contexto, no son necesarios los deberes escolares y no porque una multinacional haya escogido este lema para su campaña de ventas.

Es cierto que determinadas situaciones en relación a los deberes escolares impiden la vida familiar. Y si nos referimos a una vida familiar en la que también se comparte ese tiempo libre, un tiempo libre creativo, se tiene toda la razón. Pero si se admiten, con los brazos cruzados, leyes que permiten que la vida laboral deje muy poco margen para la vida familiar, y los encuentros familiares consisten en comprar con mucho dinero los caprichos que no se necesitan, y se niega, por falta de tiempo, claro, el acercamiento humano que los hijos e hijas precisan... Entonces duelen los llamados deberes, porque se quiere dejar en exclusividad a la institución escolar la educación y no se desea ser considerado un agente más del proceso educativo que, por cierto, también se encuentra en los medios de comunicación y en la calle, pero esa es ya otra historia. Porque cuando decimos que educa toda la tribu no queremos decir que en una comuna los hijos e hijas son comunes y de nadie, se quiere decir que todo lo que se hace, se dice, se piensa, se escribe, en todos los ámbitos de la vida, son parte del proceso educativo que nos lleva a familias o sociedades a compartir valores y también conocimientos que se van transmitiendo de generación en generación dependiendo de multitud de variables y circunstancias.

Conviene aclarar que con el fin de estas líneas se disuelve el colectivo educativo profesional inventado, pero el problema de los deberes escolares sigue en el aire, aunque la pretensión es, simplemente, considerar que el problema es mucho más amplio.

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