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Las canas de Obama

Por José Serna Andrés - Miércoles, 27 de Julio de 2016 - Actualizado a las 06:03h

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RECONOZCO que la elección de Barack Obama como presidente del país gendarme y banquero del mundo me alegró en su momento. Bush se lo había puesto relativamente fácil para encontrar en él algo de esperanza. Se trataba de una actitud diferente ante la reforma sanitaria, la intervención armada en el mundo, los presos de Guantánamo, la utilización de armas por parte de la ciudadanía, la cuestión de la inmigración…

Decía Obama en enero de 2008: “La esperanza no es un optimismo ciego (..) La esperanza es ese algo dentro de nosotros que afirma, pese a toda evidencia contraria, que nos espera algo mejor si tenemos el coraje para alcanzarlo, para trabajar y luchar por ello. La esperanza es la creencia en que nuestro destino no está escrito, sino que lo escribimos nosotros, que lo escriben los hombres y mujeres que no se resignan a aceptar el mundo tal y como es, que tienen el coraje de rehacer el mundo tal y como debería ser”. Es difícil ver ahora esa soflama con la expresión de la cara llena de esperanza, porque aun siendo el orador jefeen un país donde hay más lucha de creencias sobre lo que significa el sueño americano que análisis de procesos sociales y estructuras económicas, sus palabras también se las lleva el viento del Congreso.

Ya a las seis semanas de su mandato, destacados medios de comunicación se fijaron en el cambio del color de su cabello, negro, gris, blanco… Ni siquiera la obtención del controvertido Nobel de la Paz consiguió detener la evolución de ese pelo, probablemente fruto del estrés y del envejecimiento que le producía el corsé de un poder que le facilitaba numerosos datos de la realidad y a la vez le hacía ver que todas sus promesas se topaban con los muros de unas instituciones políticas y económicas que tienen unos brazos mucho más largos que los suyos. Admitamos que no es algo totalmente descabellado.

Hay quien dice que este tipo de ¿problemas? se resuelve con tinte. ¿Será posible? Puede que cuando el señor Obama se ha paseado por nuestros lares haya venido a fortalecer su presencia en la base militar de Morón y especialmente en la de Rota, con escudo antimisiles incluido. Y lo que uno no sabe muy bien es si esta acción, dicen que diplomática -para hacer “un mundo menos peligroso”¿?-, le ha propiciado alguna cana más o es algo que va con sus nuevas arrugas en el rostro, que también se ha transformado, porque quizá, cuando dijo en Hiroshima: “La muerte cayó del cielo” y “la revolución científica que nos ha conducido a la fisión del átomo nos exhorta también a una revolución moral’’ tenía que hacer un esfuerzo para olvidar los ataques con drones y sus daños colaterales en cualquier lugar o la llamada “ejecución” en directo de Osama Bin Laden. ¿Le emocionó patrióticamente, le temblaron las coyundas del alma?

Estos días le ha salido una nueva mecha a causa de la brutalidad de algunos policías contra afroamericanos y la brutalidad de algunos afroamericanos contra policías. Y vuelve a repetir que hay que controlar la venta de armas largas, mientras la Asociación Nacional del rifle se ríe del presidente, y la Estatua de la Libertad habla de libre empresa pero no regula Wall Street aunque se hace cargo de las pérdidas de la banca, hay derecho de propiedad pero una bolsa de pobreza amplia con millones de inmigrantes sin derechos, autodefensa armada pero más de treinta mil personas al año muertas a causa de esas armas, exaltación del éxito pero derechos civiles cuestionados en la práctica y consagración de un ejército que participa en guerras en defensa de la paz y olvida a los soldados a su suerte tras las guerras.

Hemos de reconocer, también, que la gran nación americana tiene inmersos resortes positivos y creativos en el campo técnico y económico y una gran capacidad de producir ficción, la industria cinematográfica es un ejemplo. ¿Será el señor Obama un fruto de esa huerta? ¿Será un personaje real? Ha decrecido la esperanza, sus canas lo delatan. Es humano. Menos mal.

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