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Razones de una escalada violenta

Preocupación por la escalada de violencia contra las mujeres

Los ataques a mujeres en el Estado español aumentan exponencialmente y resultan cada vez más letales

Cristina Mtz. Sacristán - Lunes, 2 de Noviembre de 2015 - Actualizado a las 06:03h

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Mujeres de negro es una acción que dos ‘artivistas’ vascas idearon: emular los feminicidios cada vez que se produce uno.

Mujeres de negro es una acción que dos ‘artivistas’ vascas idearon: emular los feminicidios cada vez que se produce uno. (Pablo Viñas)

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  • Mujeres de negro es una acción que dos ‘artivistas’ vascas idearon: emular los feminicidios cada vez que se produce uno.

Bilbao- El caso de las dos chicas que aparecieron asesinadas y cubiertas de cal viva en Cuenca, Marina Okarinska y Laura del Hoyo, despertó del sopor veraniego a más de un ciudadano. Este 2015, la cifra de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas se ha disparado escalofriantemente, superando la inasumible media reciente de 70-75 feminicidios por año en el Estado español. Ha habido varias tandas de tres y hasta cuatro asesinadas en 48 horas. Con todo, el Instituto de la Mujer español y TVE ofrecen la mitad de las cifras que son contabilizables en cualquier hemeroteca y por www.feminicidio.net. El pasado martes ya eran 80. Pero a día hoy, es posible que estemos hablando de ochenta y dos mujeres asesinadas en lo que llevamos de año.

Los movimientos feministas llevan años alertando de este fenómeno feminicida que ha mantenido silencioso al Gobierno Rajoy todo el verano. Mientras se reunían para combatir el yihadismo, prácticamente todos los días un hombre atentaba contra la vida de una mujer. En países sudamericanos como Argentina, el movimiento #Niunamenos viene denunciando el recrudecimiento de los feminicidios. La visibilidad es mayor, pero sus logros, relativos. Incluso en Francia los casos feminicidas han aumentado. María Silvestre, socióloga, profesora de la Universidad de Deusto y exdirectora de Emakunde, entiende que “la globalización, además de otras cosas, ha puesto también de manifiesto, como afirma Carole Pateman, la universalidad de la desigualdad entre hombres y mujeres”.

En el caso español, los ataques a las mujeres han aumentado exponencialmente. Así lo vienen denunciando numerosas organizaciones feministas. Casi 800 asesinadas en 12 años, más que víctimas de ETA en cuatro décadas. Desde 2010, los presupuestos para combatir las violencias machistas han sido recortados en un 26%. Cada vez hay más denuncias de casos de negligencias judiciales, o sentencias graves, que impiden alejamientos y luego ellas son asesinadas, o como ese juez murciano que dictaminó recientemente que rociar a la mujer con gasolina “no implica querer matarla” (el mechero no prendió).

Las especialistas consultadas por DEIA coinciden en que la recesión económica y la política del Gobierno del PP influyen en las razones. “Creo que ha incidido el contexto de crisis y la gestión que un gobierno, en este caso el del PP, ha hecho de la crisis. Distintos informes (Foessa, Cruz Roja, Fundación BBVA, OCDE) indican que durante la crisis se han incrementado las desigualdades sociales y que los grupos más afectados por la crisis han sido aquellos que ya partían de una situación peor. Eso implica un empeoramiento de la feminización de la pobreza, proceso que ya se daba antes de la crisis y que (...) ha incrementado el desempleo de las mujeres”, enumera María Silvestre. María subraya el recorte del Gobierno del PP en el gasto público en Igualdad: “en políticas de prevención contra las violencias machistas, descabezamiento del Instituto de la Mujer, priorización de la familia tradicional, vinculando a la mujer con la maternidad y la crianza (...)”.

Patricia Espejo es una laureada doctora en Derecho especializada en Violencia de Género, sobre todo en el ámbito laboral. Se doctoró en Italia y, además, forma parte de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas (AIWJ), foro que lamenta no tenga más eco en el Estado. Patricia corrobora que “la violencia económica sustenta todo. Con independencia económica una mujer jamás vivirá sometida o no por obligación. La cuestión económica debe ponerse en el centro, porque hay sesgos de género por doquier”, explica. Así, “el impacto de las medidas aprobadas en España sobre calidad del empleo, salarios, modelo de relaciones laborales y estado de la negociación colectiva ha sido devastador. El estudio de la EPA detalla cómo, de 2012 a 2014, se ha declinado la balanza de la precariedad hacia las trabajadoras de manera patente”.

La psicóloga clínica y sexóloga Amaia Bakaikoa confirma que “es muy importante que las mujeres puedan recibir una buena formación y educación, y que consigan una autonomía económica. Es fundamental para su empoderamiento. Ayudaría mucho que hayan cláusulas de igualdad, tanto en la contratación laboral como al establecer los salarios”, así como medidas para “una conciliación corresponsable”, lo que equilibraría las relaciones domésticas. Y es que, “en una crisis económica, las mujeres son el grupo de población más injustamente afectado. Y, en el hogar, el factor económico produce grandes niveles de estrés. Condiciona de forma trascendental la toma de decisión de una separación de la pareja;impidiéndola y obligando a dos personas que no desean estar juntas a vivir bajo el mismo techo”.

Así, los niveles de conflicto van in crescendo “y algunos los gestionan con violencia y agresividad, evidenciando las relaciones de poder del hombre sobre la mujer que subyacen en la sociedad de forma estructural”. Y es que “un país que ha padecido durante cuarenta años una dictadura, tiene sobre sí una losa muy pesada... Aún quedan muchas reminiscencias del modelo familiar y social ideado durante los oscuros años del régimen (...). Décadas después, un gobierno neoconservador heredero del viejo régimen ha hecho una labor de maquillaje, pero las bases son muy similares a las de entonces”.

La punta del iceberg

“Es clave que tanto ciudadanía como actores jurídicos entiendan que los asesinatos de género son sólo la punta del iceberg de una suborviolencia sistémica (institucional) y transversal contra las mujeres que se manifiesta de múltiples formas: familia, sociedad, entorno laboral, político, cine, televisión... y que hay que querer atajarlas en su totalidad, dedicando recursos económicos y humanos a tal fin y no haciendo del Derecho de Igualdad el recorte más sangriento”, expone con preocupación la jurista y profesora Patricia Espejo.

Amaia Bakaikoa amplía que “el asesinato (feminicidio), el abuso sexual, la violación, la mutilación genital y el maltrato físico y psicológico son las formas de violencia cruel que evidencia un machismo y una desigualdad estructural en la sociedad. Se considera a la mujer como un objeto de usar y tirar. Y se hipersexualiza y cosifica el cuerpo de la mujer. El sistema patriarcal es tan perverso que, además de sufrir esas brutales agresiones en lo más sagrado e íntimo que tenemos, nuestro cuerpo, induce sibilinamente a culpabilizar a la víctima, dando el mensaje sutil de que algo habrá hecho esa mujer para que ese hombre saque la bestia que lleva dentro. Y así se sienten doblemente desprotegidas y dañadas”. Esa situación, además, “hace que la víctima oculte muchas veces los hechos, por temor a una inculpación o estigmatización social y familiar, y así se perpetúan de forma impune todas estas aberraciones machistas”. Cuando la violación o los abusos son intrafamiliares, “el silencio sepulcral es aún mayor. Y el daño a la víctima, inconmensurable”.

Amaia, conocedora de los “altos niveles de ansiedad y depresión” que padecen las víctimas de agresiones y violaciones, retrata al agresor: “Solo tenemos que imaginar qué tipo de pensamientos puede tener en su mente un individuo tan brutal. El sentido de la propiedad sobre ella, la superioridad, la cosificación, el amor perverso...”. El silencio, puntualiza la experta, “no es nada aconsejable” en estos casos, pues “toda víctima que ha vivido una situación tan dolorosa y desestructurante, no la olvidará nunca”. Las pesadillas y la baja autoestima, “e injustamente los sentimientos de culpa” la acompañarán por el trastorno de estrés postraumático.

Educar en la igualdad

La coeducación en la Igualdad desde la infancia y el gasto social en materia de Igualdad serían claves para ir erradicando estos ataques a las mujeres, coinciden la expertas. Amaia Bakaikoa cree que “es importante educar a la sociedad. Fomentar la detección de conductas violentas por parte de los profesionales del sistema educativo, sanitario, policial, judicial, laboral y social. Y, por supuesto, atender, informar y tratar a las víctimas de una forma integral. Es necesario dar voz a las víctimas y señalar a sus agresores, enjuiciarlos, que paguen por sus delitos y que reciban tratamiento”.

Amaia asocia todo ello con una “sociedad enferma éticamente, sin valores de respeto e igualdad. Debemos tener tolerancia cero ante tanta injusticia y brutalidad”. María Silvestre habla de “una revolución cultural”: “No se trata de más cultura, sino de qué cultura promovemos, de qué valores aprehendemos y transmitimos”. Patricia Espejo señala que, sin educación igualitaria, “la violencia seguirá alimentándose del patriarcado que tan bien ha domado a la sociedad”.

El tratamiento de los medios de comunicación, la policía y la Judicatura son cruciales. Patricia distingue que hay algunos “intérpretes de la Ley con un alto grado de machismo”, mientras otros, como Gloria Poyatos, serían “intachables” y empeñados en una “plena igualdad”. Algunas designaciones del Tribunal Supremo y el Constitucional, destaca, las hace el Gobierno, lo que evita la imparcialidad precisa para una justicia auténtica. Y que “urge solucionar” la sobrecarga judicial, pues “una justicia lenta no es justicia”. Los avances, de momento, son poco satisfactorios para las mujeres que irán al 7-N.

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