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Tribuna abierta

Juegos Macabeos

Por José Serna Andrés - Lunes, 7 de Septiembre de 2015 - Actualizado a las 06:04h

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CUANDO Hitler mandó construir el Estadio Olímpico de Berlín para exaltar la raza aria y, en 1936, excluyó a los judíos de las Olimpiadas, no podía imaginarse que hoy día dos mil trescientos deportistas judíos celebrasen, recientemente, en ese mismo lugar, los decimocuartos Juegos Macabeos, con treinta y ocho delegaciones deportivas y diecinueve disciplinas, quizá con el afán de saldar, desde el punto de vista simbólico, algunos aspectos de aquella infamia deportiva que tres años después sería una segunda Gran Guerra con la cruel deuda histórica del holocausto en el que fueron exterminados seis millones de judíos. Es curioso observar que hoy viven en Israel 6 millones de judíos, casi hay otros 6 millones en los Estados Unidos, medio millón en Francia y cientos de miles en Canadá, Reino Unido, Rusia, Argentina, Alemania y Australia... hasta un total de 14 o 15 millones extendidos por el mundo.

Los Juegos Macabeos, que se celebran casi ininterrumpidamente cada cuatro años desde 1932, han colocado la estrella de David allí donde Hitler colocaba la cruz gamada. Si el Führer levantara la cabeza… Además, la canciller Angela Merkel ha dicho “que los Juegos Macabeos se celebren por primera vez en Alemania tiene una gran significación, no solo deportiva, sino ante todo histórica y política”. Alon Meyer, uno de los organizadores, ha afirmado que “La reconciliación es un hecho. Los judíos que viven aquí en Alemania lo saben bien. Con estos juegos tenemos la posibilidad de transmitir este mensaje fuera de Alemania”. Y una superviviente del Holocausto, Margot Friedlande, afirmaba: “Significa mucho para mí porque quién habría imaginado en 1943, cuando pasé a la clandestinidad, que sobreviviríamos a ello, que los judíos volveríamos a tener espacio en Alemania y que tendríamos un festival deportivo en este lugar del que se nos excluyó en las Olimpiadas de 1936”. Pero no todas las personas supervivientes lo ven así, pues sus heridas anímicas nunca se han curado y piensan que el lugar no ha sido todavía el más oportuno. ¿Quién puede entrar en el pensamiento de las víctimas?

La memoria histórica es necesaria, el nazismo no habría sido posible sin el apoyo de una gran parte del pueblo alemán, hay que volver a recordarlo, y no solamente en lo concerniente al pueblo judío. Pero también conviene recordar que Macabeo significa martillo y el nombre se encarna en una familia que 200 a. C. sufrió y luchó contra los invasores culturales y territoriales para defender religión y patria judías. El deporte y la política se relacionan hoy de forma habitual y, aunque hay connotaciones discutibles, no hay por qué extrañarse de la existencia de la Unión Mundial Macabea, organizadora del campeonato. Es una entidad que promociona el deporte, actividades culturales, sociales y de ocio, sin ocultar que, además de potenciar la educación física, fomenta la creencia en la herencia judía y la nación judía. Cada pueblo tiene derecho a crear sus propios referentes que lo cohesionan.

En la ceremonia de inauguración de los Juegos, una orquesta compuesta por veinticinco músicos judíos y otros tantos alemanes recordó el cincuenta aniversario del comienzo de las relaciones entre Israel y Alemania. Y nadie puede olvidar que se trata de representantes de las víctimas y de los verdugos. En ese contexto, a uno se le ocurre pensar que Israel, algún día, deberá repetir este tipo de desfile para la reconciliación. Podrá celebrarse en Jerusalén. Veinticinco músicos palestinos y veinticinco músicos israelíes recordarán a todas las víctimas. Hay víctimas de Israel, pero la inmensa mayoría son palestinas, no lo olvidemos. Y así como Rebecca Kowalski, del comité organizador, ha dicho que “la importancia simbólica de ondear las banderas macabeas donde antes había banderas nazis estaba por delante, queremos mostrar que no tenemos miedo”, sería necesario que también se perdiese el miedo y tantas víctimas de Gaza, aún sin reconstruir, y Cisjordania, con los cientos de miles de desplazados palestinos en campos de refugiados, sin vallas ni controles, pudiesen celebrar el acontecimiento de la paz y la reconciliación, con deporte o sin deporte.

Que cunda el ejemplo, que se vayan preparando atletas palestinos para su bautismo de reconciliación en Jerusalén. Y que puedan decir que la vida palestina vuelve a florecer. ¿Será posible alguna vez? ¿Cuántos años van a ser necesarios para que esto se produzca? ¿Cuánto sufrimiento queda por delante? ¿Es que un pueblo que ha sufrido tanto puede ser eternamente insensible al sufrimiento que provoca? El pueblo de Israel vive hoy. El pueblo de Palestina sobrevive a duras penas.

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